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Por María Clara Calle · 31 de Octubre de 2019

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Cada vez más personas del corazón de la ministra de Trabajo, Alicia Arango, trabajan en cargos cruciales del Gobierno. Ahora, el mando mayor de la Presidencia está en manos de dos de sus pupilas y un uribista allegado a ella. Y la fuerza se aumenta con el nuevo viceministro de Relaciones Políticas, también de su cuerda. 

Se trata del exconcejal de Bogotá (del Centro Democrático) Daniel Palacios, quien fue nombrado este viernes como alto funcionario del Ministerio del Interior para tratar con el Congreso. En ese puesto estaba Francisco José Chaux, quien se mueve dentro de la misma cartera y será el nuevo viceministro para la Participación e Igualdad de Derechos. 

La llegada de Palacios da otra puntada sobre el poder de Alicia y el crecimiento del  uribismo dentro del Gobierno pues él trabajó en la Presidencia de Álvaro Uribe como asesor privado, jefe de gabinete del Programa Presidencial Colombia Joven y estuvo en el Ministerio del Interior y de Justicia, como él mismo lo afirma en su página web

De hecho, Duque ya lo ha tenido en cuenta antes, hasta el punto que Palacios sonó un tiempo para viceministro de Defensa y también como el nuevo consejero para Asuntos Políticos, pero ninguno de los nombramientos ocurrió y ahora se posesiona como viceministro.

A esta nueva llegada se suma la del también exconcejal uribista Diego Molano, quien se posesionó el pasado jueves como el nuevo director del Departamento Administrativo de Presidencia (Dapre), el corazón administrativo que hace funcionar a la Presidencia y también muy cercano a la ministra Arango.

Ellos se conocieron en 2005 cuando Molano llegó a la Agencia Presidencial para la Acción Social y Arango era la Secretaria General de la Presidencia en los tiempos de Álvaro Uribe. Desde entonces forjaron su amistad, como nos explicó Molano.

Además, hace un mes, Helena Bermúdez fue nombrada como la subdirectora general del Dapre. No solo es amiga sino pupila de Arango pues casi todos los últimos 15 años de la vida profesional de Bermúdez han sido de la mano de la hoy Ministra.

El primer trabajo de alto rango de Bermúdez fue con Arango, en la Secretaría Privada de la Presidencia, entre 2004 y 2010. Luego, Alicia se la llevó a la Misión Permanente de Colombia ante la Organización de Naciones Unidas (ONU) en Ginebra, Suiza, como ministra consejera, y cuando Arango se metió de lleno a empujar la candidatura presidencial de Duque, también llevó a Bermúdez como parte de su equipo, ejecutando toda la logística que se necesitara. Además, cuando Arango fue nombrada ministra de Trabajo, contrató a Bermúdez como la Secretaria General de la cartera, un puesto que en la práctica tiene la misma importancia que un Viceministerio. 

Bermúdez renunció en febrero para salir del país; al regresar, tres meses después, entró a trabajar a Presidencia con María Paula Correa, la actual jefe de Gabinete de la Presidencia y la otra gran pupila de Arango en la Casa de Nariño. Y finalmente, Bermúdez terminó como subdirectora del Dapre. 

Ni Molano ni Bermúdez ni Correa son ficha directas de la ministra de Trabajo en la medida que ella no pidió sus nombramientos, pero el hecho de que la cabeza política y administrativa de Presidencia estén en personas allegadas a Arango da pistas sobre lo que representa la Ministra en el Gobierno Duque, aunque no muestra el cuadro completo de su poder. Este va más allá.

La voz que se escucha

Alicia Arango tiene una característica que pocos ministros comparten: es tan del corazón del senador y jefe político del Centro Democrático, Álvaro Uribe, como lo es del presidente Duque.

“Les habla al oído a los dos. Con los dos tiene una comunicación fluida y constante”, afirma un miembro del partido, cercano al Gobierno y a Uribe. 

Arango comenzó a trabajar con Álvaro Uribe desde que, en 2001, lo apoyó para su candidatura presidencial de 2002. En los ocho años de Uribe en la Casa de Nariño, fue su mano derecha y ejerció la labor de veto de quién hablaba y quién no con el Presidente, a la vez que sugería personas para nombramientos importantes, como lo contamos.

Justo antes de su salida en 2010, Uribe la designó embajadora ante la ONU en Ginebra; en 2013 volvió al país y un año después, Arango comenzó a trabajar en el Centro Democrático como directora.

Ahí conoció a Iván Duque.

Ella fue de las primeras personas que lo apoyó en su precandidatura presidencial, cuando no muchos dentro del partido creían que fuera a ser el candidato uribista, un apoyo que afianzó una cercanía que se nota en la confianza que hoy le tiene Duque. 

Eso, sumada a su experiencia de casi 30 años como funcionaria y a que suele expresarse sin pelos en la lengua, hace que Alicia pueda opinar en todos los temas de Gobierno y no solo en lo que compete a su cartera, e incluso, tiene luz verde tácita para opinar de los programas centrales del Gobierno en las conversaciones telefónicas que tiene con el Presidente y en los Consejos de Ministros.

Además, el Gabinete la escucha. 

“En la reunión con los Ministros y el Presidente en Hatogrande, ella dijo: ‘defínanme qué es economía naranja y cómo vamos a focalizar las acciones de ese programa’. Con eso, puso a pensar a todo el mundo y, aunque no era un tema de su Ministerio, todos los Ministros comenzaron a debatir el tema”, afirmó un funcionario que trabaja con Arango, aunque otro de Presidencia explicó que eso ocurrió cuando otros Ministros también opinaban sobre diferentes temas. 

Otro hecho que evidencia el poder que tiene Alicia Arango dentro del Gabinete es la discusión de la reforma pensional. A principios de este año, ella paró la reforma que el ministro de Hacienda Alberto Carrasquilla quería presentar al Congreso el segundo semestre de 2019, como contamos.

El argumento que usó Arango en un Consejo de Ministros para convencer al Gobierno y a Carrasquilla fue que primero se debía conciliar el proyecto de reforma con sindicatos, empresarios, gremios y analistas. Al final, la Ministra logró retrasar la presentación de la reforma.

Su influencia es tanta que llega hasta el mismo Presidente, como ocurrió en algunos talleres Construyendo País

En este escenario, Duque y los Ministros van a diferentes departamentos durante un día para escuchar las necesidades de la gente y mostrar cómo va el ‘cumplinómetro’ del Gobierno. Lo usual es que el Presidente llegue el mismo día del Taller, mientras que algunos funcionarios de los Ministerios hagan una avanzada días antes para trabajar sobre las necesidades de la región. 

Pero en los talleres que hubo en Pereira y Barranquilla, en abril y septiembre de este año respectivamente, hubo una gran excepción. 

“Alicia Arango quería presentar avances del Ministerio del Trabajo y en esos dos talleres invitó al Presidente a que viajara un día antes del taller para cuadrar todo con ella. Y el Presidente viajó”, dijo un funcionario de esa Cartera. 

Estas opiniones que la Ministra da al Gobierno y al Presidente tienen su toque personal de ser frentera para criticar o alabar cuando lo cree necesario, sin importar si le habla a trabajadores, empresarios o al mismo Duque, según lo explicaron cuatro fuentes. 

Ese carácter se vio, por ejemplo, cuando se opuso públicamente a nombrar como Superintendente de Vigilancia a la política liberal Olga Lucía Velásquez cuando Presidencia ya había publicado su hoja de vida en la página web de quienes están a un paso de convertirse en nombramientos, y de que Duque quería nombrarla.

Arango dijo que Velásquez no era idónea para el cargo y además se quejó de las presiones que estaba recibiendo para que la nombraran, en lo que la escuchó Duque, que le quitó la potestad para elegirla y se la dió a la ministra del Interior, Nancy Patricia Gutiérrez. Al final, Velásquez no fue la superintendente, en parte por la cercanía que tiene el nuevo Superintendente con Gutiérrez .  

Pero esa diferencia entre Duque y Arango no pasó a mayores, como muestra la participación que tuvo la Ministra en la reunión de Hatogrande, que fue después del evento de la Súper. 

De hecho, su conexión con Duque ha seguido tan fluida que tres fuentes del uribismo y allegadas a la Ministra coinciden en que ella no necesita de sus pupilas Correa o Bermúdez para llegar al Presidente. 

“El Presidente consulta a Alicia en varios temas y ella lo llama directamente,” detalló una de las fuentes que la conoce personalmente. 

Al interior de su Ministerio

Aunque opina en los temas gruesos del Gobierno sin importar si tienen que ver o no con trabajo, la labor central que le encomendó Duque es conectar a los empresarios con los trabajadores, e incluir las visiones del Gobierno en esas relaciones, desde su cartera.

En ese trabajo, su tono frentero es clave.

“Puede regañar a un sindicalista o a un empresario, diciéndoles que no exageren, que la ganancia hay que repartirla, que tienen que respetar los derechos de los trabajadores, o que algunas peticiones de los sindicatos van a quebrar las empresas”, explicó un funcionario que la conoce. 

Jorge Enrique Bedoya, presidente de la SAC, coincide; dice que la Ministra habla sin rodeos y a veces con sarcasmos que ayudan a distensionar el ambiente. 

Arango es ante todo una política que sabe cómo moverse en diferentes escenarios y cómo hacer pactos con polos que en principio están alejados. 

Eso es algo que ha jugado a su favor en el Ministerio del Trabajo, e incluso desde antes, cuando trató con los sindicatos como embajadora en Ginebra. Allí, era la delegada del gobierno ante la Organización Internacional del Trabajo (OIT), donde se sientan en conferencias tripartitas sindicatos, empresarios y gobiernos.

Siendo Embajadora, Arango movía las discusiones sobre los temas de trabajo en Colombia y la necesidad de tener más garantías para el ejercicio de la libertad sindical en el país, como explicó Julio Roberto Gómez, presidente de la Confederación General del Trabajo (CGT).

Si bien cinco fuentes aseguraron que una de las habilidades particulares que tiene esta Ministra es saber negociar, no todos opinan lo mismo. 

Para Diógenes Orjuela, presidente de la CUT, la Ministra no crea esos puentes sino que es más una "aliada de los empresarios" porque en vez de apoyar las peticiones de los sindicatos de mejorar las condiciones laborales, se la juega por las propuestas de los gremios como la flexibilización laboral o un menor salario para los jóvenes. 

En lo que sí coinciden las fuentes que consultamos es en el papel que tuvo la Ministra en la definición del salario mínimo, a finales de 2018.

El aumento del 6 por ciento que se terminó pactando con algunas centrales sindicales (la CUT y la Confederación de Pensionados de Colombia se retiraron), fue el aumento real más alto en los últimos 25 años, y la Ministra ayudó a acelerar la decisión y a involucrar más al Presidente. 

Primero, porque ayudó a que de la Comisión Permanente de Concertación de Políticas Salariales y Laborales se reuniera desde agosto de 2018 que llegó al Ministerio y no solo cuando se fuera a discutir el aumento anual del salario. 

Este año, por ejemplo, ya la comisión comenzó a sesionar y su más reciente reunión fue este 29 de octubre a pesar de que todavía falta por definir el salario mínimo del 2020.

La segunda razón por la que la Ministra influyó en el salario de 2019 es porque iba al grano.

“No le gustaba regatear. Pedía el punto de todos para saber qué proponían y decía que fueran a lo concreto, sin discursos. Así, muchas sesiones que normalmente se demoraban horas, salían en una hora”, indicó un funcionario del Ministerio y lo confirmó Jorge Enrique Bedoya, presidente de la SAC. 

Tercero, por su cercanía con Duque, que ayudó a que el Presidente fuera a la Comisión de Concertación en octubre y en que la discusión final se hiciera en Presidencia y con Duque, cuando por lo general se hace en el Ministerio. Fue en la Casa de Nariño, en una reunión de cinco horas, fue donde se pactó el aumento. 

Cinco de las ocho fuentes con las que conversamos indicaron que ese había sido su mayor logro en la Presidencia. Sin embargo, el tema del salario genera tanta discusión que hoy centros de pensamiento como Anif y Fedesarrollo cuestionan si ese incremento es en parte causa del aumento del desempleo.

Más allá de la negociación del salario, parte de su poder radica en sus amistades políticas.

“Tiene buena relación con el expresidente Uribe y esa relación es importante para el Gobierno”, afirmó un alto funcionario del Gabinete que ha trabajado en varias ocasiones con Arango aunque no en el Ministerio del Trabajo.

Esa cercanía de la Ministra con Uribe ha sido clave para apaciguar las diferencias que ha habido entre el senador y el presidente Duque por la discusión de la prima legal para la canasta familiar.

En noviembre de 2018, Uribe presentó un proyecto de ley para que los trabajadores que ganen menos de tres salarios mínimos reciban un dinero adicional dos veces al año para compensar los gastos destinados a suplir los elementos de la canasta familiar. 

Sin embargo, los empresarios se oponen, el Ministerio de Hacienda ha dicho que no acompaña la iniciativa legislativa y, sin nombrar directamente el proyecto, Duque ha respaldado la postura de que nuevas primas extraordinarias son inconvenientes diciendo que “los países no pueden dejarse llevar por la demagogia”.

Es ahí donde la Ministra ha entrado a jugar. 

“Muchas veces la mandan a ella a hablar con Uribe para bajarle presión al tema de la prima porque el Gobierno se la ha jugado por decir que es inconveniente, pero para Duque es importante que no se presenten roces con Uribe”, expresó una fuente de un gremio empresarial. 

Por estas conexiones entre Uribe y Duque es que Alicia Arango tiene fuerza en el Gobierno actual y también porque tiene la potestad para opinar de todos los temas del Ejecutivo y, de ñapa, cuenta con dos de sus pupilas en cargos del corazón de la Presidencia.

Nota del editor: actualizamos esta historia el viernes 1 de noviembre a las 11 de la mañana con los datos del nombramiento de Daniel Palacios.

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