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Por Nohora Celedón | Daniel Pacheco · 03 de Mayo de 2021

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“Mi continuidad en el Gobierno dificultará la construcción rápida y eficiente de los consensos necesarios”. Con esas palabras se despide Alberto Carrasquilla del Ministerio de Hacienda que ocupó durante 7 años en dos Gobiernos. Será sucedido por José Manuel Restrepo, el actual ministro de Comercio. 

La salida de Carrasquilla, en medio de una crisis política y social profunda, es el final de la carrera en el Ministerio de Hacienda del economista más influyente de este siglo en Colombia.  Y es una salida que se está anunciando desde que llegó al Ministerio, al inicio del Gobierno Duque. El tema ha sido un tema tan reiterativo que se convirtió en un mito político.  

La historia, que se repite en círculos cercanos a Carrasquilla, es que después de haber sido el estratega del plan económico de la campaña, Duque lo convenció de ser su ministro de Hacienda y que él se comprometió a estar en el Ministerio hasta pasar su anhelada reforma tributaria. 

Antes de eso, lo inauguraron con una moción de censura por los bonos de agua en la que se le hicieron serios señalamientos personales, lo que debilitó de entrada su integridad frente a la opinión. 

A pesar de eso pasó su reforma en 2018. Pero la Corte Constitucional la tumbó, así que de nuevo el pacto era que se quedaría en el Gobierno hasta pasarla. Lo hizo en 2019, y todo pintaba a que iba a salir del Ministerio a la gerencia del Banco de la República. En 2020, se postuló y perdió. Pero antes de esa derrota, su salida parecía inminente. 

 

Una enfermedad en un miembro de su familia, que lo obligó a tomarse varios días de vacaciones en plena pandemia, reforzaba el rumor de su renuncia.

Pero estábamos en medio de la pandemia. Carrasquilla no abandonó el barco en la mitad de la crisis económica más severa en la historia de Colombia. Y menos cuando, desde junio del año pasado, empezó a mandar el mensaje de que era necesaria una nueva reforma tributaria, mientras que el presidente declaraba públicamente que era “estúpido” presentarla en plena pandemia. 

Al final, Carrasquilla insistió y convenció a Duque, no solo de que la reforma era necesaria, sino que la mejor opción era presentar un proyecto basado en subir impuestos a las personas naturales, incluyendo a la clase media. 

Ahora deja su cargo con un país movilizado en contra de su propuesta. En el papel, se trató de la tributaria más ambiciosa de la historia recientecon el paquete de gasto social más alto que se haya propuesto. Pero, en realidad, fue una reforma que llegó muerta al Congreso y metió al Gobierno en la crisis más aguda de su periodo.  

Iluminar la contradicción del ministro que no quiere estar pero se sigue quedando es difícil. Especialmente por el carácter de Carrasquilla. “Es indescifrable en toda la extensión de la palabra. Yo no sé si hay alguien que realmente lo conozca”, nos dijo una persona que trabajó en Casa de Nariño. 

“La motivación de Carrasquilla es la convicción”, le dijo a La Silla Vacía Jorge Humberto Botero, exministro de Uribe que compartió gabinete con Carrasquilla en el gobierno de Álvaro Uribe.  

Luego de revisar entrevistas y texto públicos del exministro, de hablar con personas con las que ha trabajado, fuera y dentro del Gobierno— que en la mayoría de los casos pidieron no ser nombrados para opinar sin herir susceptibilidades— queda una imagen incompleta y poco usual en la política colombiana. La de un hombre tímido, inteligente, terco y soberbio. Un ministro desconectado de la gente, impermeable a la política, pero obsesionado con la política pública y los cambios que desde el poder se pueden hacer en el país.  

Poco antes de posesionarse en el Ministerio, Carrasquilla escribió una columna en El Tiempo en la que anunciaba que “los siguientes cuatro años estarán poblados por reformas económicas y sociales basadas en lo mejor del debate técnico colombiano”. 

Argumentó que en Colombia había una sobreabundancia de diagnósticos bien elaborados sobre las reformas necesarias, pero “se necesita un kilómetro adicional de cualidades que empiezan por la serenidad, pasan por la paciencia pedagógica y terminan en el carácter necesario para separar lo que sí y lo que no”. Ese nunca fue el carácter de Alberto Carrasquilla.

El técnico aislado de la política

La mayoría de las fuentes que consultamos, incluso los que odian a Carrasquilla, coinciden en una cosa. Es un economista brillante. 

“Él privilegiaba lo técnico sobre todo lo demás. Es muy bueno técnicamente. Siempre muy actualizado académicamente, se sabía lo último que se estaba discutiendo”, nos dijo un miembro de su equipo extraoficialmente, porque no es vocero.

Pero es un pésimo comunicador. Según el exministro Botero, en esto influyó su trayectoria temprana en el Banco de la República, donde fue gerente Técnico por cinco años, poco después de terminar su doctorado en Estados Unidos. 

“Si hay algo que no se concerta con nadie es la política monetaria”, dice Botero. “Hacer política es comunicar en buena parte, él se ha desentendido, es muy ausente y no mide los efectos. Es un caso dramático de extravío de buen analista y un buen teórico en el mundo de la política”, agrega. 

En las ruedas de prensa a Carrasquilla se le suele ver nervioso, con la voz temblorosa y se le nota incómodo. “No tiene filtro, y tiene un humor ácido que a veces las personas no entienden y lo hace ver como una persona antipática, aunque no es así”, nos dijo una persona para esta historia que trabajó con él de cerca. 

Como contamos, ante esa incomodidad el ministro se apartó de la vocería para temas clave de su cartera. Para el Plan Nacional de Desarrollo, delegó como su portavoz al entonces joven viceministro de Hacienda, Luis Alberto Rodríguez (hoy director del DNP); para las tributarias, a su viceministro Juan Alberto Londoño. Ninguno de los dos tiene la autoridad de Carrasquilla para temas económicos, a los dos los han acribillado en entrevistas como esta

Y los dos también se cargaron al hombro la negociación uno a uno con los congresistas para la aprobación de la tributaria. Carrasquilla tenía la última palabra, y les daba línea, pero se movía poco. De hecho en varias ocasiones se le vio jugando en su celular, mientras avanzaban los debates

Y a todo esto se le suma que el ministro (como le contaron a La Silla dos fuentes, una que trabaja y otra que trabajó en el Ministerio) no tiene una relación cercana con su equipo de comunicaciones. Incluso, en varias ocasiones se han enterado por los medios de comunicación de las entrevistas que conceden sus funcionarios.

“No ha sido buen ministro. No creo que en 2021 uno pueda ejercer ese cargo encerrado en una oficina sin dar la cara, sin explicar, sin defender sus ideas. Y en el fondo tuvo un balance muy pobre”, nos dijo un economista académico, que prefirió que no lo citáramos con nombre porque no quiere generar resentimientos

 

Un ministro aislado de su gobierno

“Era más que un ministro, un contador”, nos dijo a manera de crítica un dirigente gremial, que tampoco nos permitió citar su nombre para no comprometer a su gremio.

Un ministro de Hacienda -explicó la misma fuente- debe ser el líder de la economía, tirar línea, no solamente concentrarse en llenar huecos fiscales (que ha sido la motivación de sus dos tributarias grandes) sino en explicar las decisiones difíciles y los impuestos adicionales que trae toda reforma.

Esas banderas económicas, como contamos en esta historia, este gobierno no las ha logrado aterrizar . En principio, mientras el Presidente hablaba de Economía Naranja y Turismo como nuevo petróleo, el foco de Carrasquilla estaba en aumentar el recaudo vía IVA, bajar el impuesto de renta a las empresas y el mercado de capitales.

Al final según seis fuentes que trabajan o son cercanas al Gobierno, lo que explicaba esa contradicción era que Carrasquilla siempre fue una rueda suelta.

“Carrasquilla fue una isla aparte, él hacía su vaina decía qué iba y qué no iba en el presupuesto, definía como iba la reforma, qué iba y qué no iba”, dijo una fuente cercana al Gobierno.

Hay varias anécdotas públicas que ilustran este punto. 

Una de ellas la detallamos en esta historia. Durante la presentación del Plan Nacional de Desarrollo (DNP), un proyecto que dicta la ruta del Gobierno y que diseñan el Departamento Nacional de Planeación y Hacienda, el Ministerio terminó incluyendo varios artículos sin concertarlos antes con el DNP, que llevaba meses trabajando en el articulado.

Uno de esos artículos le daba al Ministerio de Hacienda el manejo del presupuesto de inversión del país, que hoy maneja Planeación.

Varios de quienes estaban trabajando en el plan sintieron que este acto de Hacienda era una imposición “casi dictatorial”, nos dijo una fuente de Planeación que trabajó en el proyecto. Al final el artículo no quedó, pero en las bases del plan dejaron la obligación de estudiar la posibilidad de hacer esa modificación.

La segunda anécdota es sobre la reforma pensional. El Ministerio de Hacienda duró meses trabajando el proyecto de ley para reformar el sistema de pensiones del país, y anunció en enero de 2019 que lo presentaría en junio de ese año. Pero el proyecto, no había sido socializado con el Ministerio de Trabajo, que es el que tiene contacto directo con los sindicatos, que se oponían de entrada a dicha reforma.Solo fue que Carrasquilla anunciara la presentación del proyecto, para que la ministra de Trabajo de entonces, Alicia Arango, saliera al paso contradiciéndolo. Arango anunció que antes de presentarla iban a tener una mesa de concertación con sindicatos, gremios y académicos que se podría tardar varios meses y hasta un año más. La comisión se conformó, las recomendaciones se dieron, y al final el proyecto nunca se presentó, porque nunca hubo ambiente político.

“Me parece que el Carrasquilla versión 2018-2021 es la quintaesencia de ese creer que la política económica no es política. Que es algo que no tiene por qué consultar cosas como las condiciones de viabilidad política de las propuestas”, dijo a La Silla, el analista político, Andrés Mejía Vergnaud.

Con las socializaciones que había hecho Carrasquilla de su reforma, ya era claro que iba a causar un rechazo generalizado, en los gremios, en los partidos. Que se cansó de pedirle al Gobierno que no la presentara, dijo Uribe en esta entrevista con Blu Radio. Sin embargo, a sabiendas del riesgo el Gobierno se la jugó toda con la visión de Carrasquilla.

En parte, porque el presidente, desde campaña, tenía a Carrasquilla como su consejero más confiable en temas económicos. La visión económica de Duque fue moldeada, en parte por economistas como Carrasquilla, quien además era uno de los pocos miembros de su círculo cercano con tan amplia experiencia en el sector público. Y encima de esto, tenía la bendición y el apoyo de Uribe, de quien fue su Ministro de Hacienda.

Un apoyo que perdió en esta última tributaria. Y con ello perdió también el Gobierno.

“Nadie le daba órdenes. Ese era a mi juicio el gran problema. No era parte de un equipo, jugaba solo. Como cuando Messi dice al Barça que renuncia y se va, se aceptan las condiciones que sean para que siga. ¿Y el equipo?”, nos dijo otra fuente cercana a Palacio.

La baja de Carrasquilla muestra ahora que el equipo Duque está pensando en su propia supervivencia, más que en sus estrellas.  

Comentarios (2)

Jesús Tobar Sánchez

03 de Mayo

0 Seguidores

Excelente nota retrospectiva de lo que han sido estos casi tres años de Carrasquilla en el Ministerio de Hacienda. Lástima que todas las fuentes, a excepción de Botero y Mejía Vergnaud, le tengan pánico a identificarse.

Excelente nota retrospectiva de lo que han sido estos casi tres años de Carrasquilla en el Ministerio de Hacienda. Lástima que todas las fuentes, a excepción de Botero y Mejía Vergnaud, le tengan pánico a identificarse.

Juanita León

05 de Mayo

985 Seguidores

Sí, todo el mundo siente que incurre en un costo.

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