Uso de cookies

La Silla Vacía usa Cookies para mejorar la experiencia de nuestros usuarios. Al continuar navegando acepta nuestra política.

listo

Por Paula Doria · 22 de Diciembre de 2020

3632

0

En un hito histórico, Claudia López, una mujer, abiertamente lesbiana y abanderada de la lucha contra la corrupción, llegó al Palacio Liévano a timonear Bogotá con una popularidad altísima que hoy, un año después, se mantiene, pese a que a la ciudad no le ha ido tan bien. 

Por la pandemia del covid, en 2020 en la capital el desempleo se duplicó, el crecimiento de la economía fue negativo, y también, por circunstancias más allá del virus, en el homicidio se rompió la tendencia a la baja y el hurto a bicicletas aumentó en comparación con el año anterior.

Durante su primer año, López incumplió varias promesas de campaña, tuvo algunas salidas en falso, como relacionar a los migrantes venezolanos con la criminalidad en la ciudad, y mantuvo un constante contrapunteo con el uribista Gobierno Nacional, un asunto que unos le aplaudieron, pero otros le criticaron.  Pero la Alcaldesa cierra sus primeros 12 meses con una aprobación del 71 por ciento, según la última Gallup. Está por encima de sus homólogos en Medellín, Cali, Barranquilla y Bucaramanga y por encima del electorado que la eligió. 

Entre las explicaciones para entender eso están su liderazgo frente al manejo de la pandemia, su gestión en asegurar que los alivios económicos le llegaran a los bogotanos más pobres, en poner por primera vez el tema de la brutalidad policial en el centro de la agenda, y la gran capacidad que tiene para comunicar y darle la vuelta en ocasiones a situaciones que no le convienen. 

Un primer año de contrastes

Claudia López llegó al Palacio Liévano el primero de enero con una popularidad del 89 por ciento. Aunque ese dato se redujo a 71, en Bogotá pocos mandatarios han alcanzado ese nivel de aprobación. Sobre todo, revirtió una racha de alcaldes impopulares: el corrupto Samuel Moreno, Gustavo Petro y Enrique Peñalosa.

El asunto, además, contrasta con el hecho de que en la ciudad el pesimismo reine: el 67 por ciento de la gente piensa que las cosas van empeorando, según la última encuesta de Gallup, publicada el pasado octubre. Al final del gobierno de Peñalosa esa cifra estaba en 60 por ciento (aunque llegó a estar en 80). El pesimismo en el promedio nacional hoy está en 74 por ciento. 

Contrasta también con que la mandataria haya incumplido algunas de las promesas que les hizo a sus electores. Sobre todo en materia de movilidad. 

López prometió, por ejemplo, que no haría troncales de TransMilenio como la de la avenida 68, la calle 13 y la Séptima. 

Pero a medida que avanzó su Gobierno, cambió de opinión o la fuerza de las circunstancias la obligaron, aunque dejó claro que no haría lo mismo que su antecesor Enrique Peñalosa.  

Como contamos en esta historia, la Alcaldesa dijo que haría la troncal de la avenida 68 porque la licitación ya estaba abierta desde el Gobierno de Peñalosa, y podría meterse en líos jurídicos si la frenaba, cosa que es verdad. 

Aunque concejales de su línea como el verde Diego Cancino o Manuel Sarmiento del nuevo partido Dignidad criticaron que ni siquiera la hubiera suspendido para revisarla, luego de que la había criticado tanto. 

Luego, López dijo que sí haría una troncal de TransMilenio en la calle 13, aunque no igual a la de Peñalosa, sino un poco más pequeña porque el regiotram, una vía férrea paralela que también se va a construir, no lograba responder a toda la demanda de pasajeros, como vimos en este hilo. 

Asimismo, cuando presentó el diseño conceptual (la idea) de lo que sería el corredor verde por la carrera Séptima se encontró que, aunque con diferencias importantes, de todas maneras la mandataria sí iba a hacer una troncal de TransMilenio, como quedó claro en este artículo

En esa vía emblemática que lleva años esperando una intervención, López va a darles más espacio a los ciclistas y a los peatones de lo que lo hacía el modelo del exalcalde. 

Además, no le va a dar el mismo tratamiento a todo el tramo. Pero su proyecto también incluye carriles exclusivos para buses, que serán eléctricos, y estaciones. Algo que le ha costado las críticas hasta entre los verdes de su partido. 

Claudia López tampoco ha podido cumplir promesas como la de frenar del todo obras en los humedales como Juan Amarillo (Suba y Engativá), Córdoba (Norte de Bogotá) y Jaboque  (Engativá), que empezaron en el Gobierno de Peñalosa, pese a que en campaña López firmó un pacto con la comunidad ambientalista en el que se comprometió a hacerlo. 

Ha sido tanto el desazón, que la ciudadanía votó, a través de una plataforma que dispuso el Concejo de Bogotá, para que entre varios temas se priorizara el debate de control político sobre la política de humedales, como contamos aquí, y así pedirle a la Alcaldía que cumpla con lo que prometió, pues ya un juez declaró nulo el decreto por medio del cual el exalcalde Peñalosa permitió obras en los humedales como senderos, luminarias, puentes, ciclorrutas y alamedas.

Pero ni con ese fallo, López ha podido frenar las obras. 

El problema está en que varias de ellas ya van en un 70 por ciento de avance y no se pueden dejar así; y en que los contratistas obtuvieron permiso de construir cuando era legal y por lo tanto podrían demandar a la Alcaldía por el incumplimiento de los contratos. 

Tampoco pudo cumplir la promesa de congelar el primer año el predial. El lío era que el presupuesto quedaba aprobado desde el Gobierno pasado y quedó incluido ese monto. 

“Lo que vemos es que Claudia López hizo varias promesas que luego no pudo cumplir porque había, por ejemplo, obstáculos jurídicos para hacerlo. Pero ya se conocían desde antes y eso demuestra que prometió desconociendo la ciudad”, dijo a La Silla el politólogo Miguel Silva Moyano.

Más allá de la movilidad, está el otro coco histórico de Bogotá: la inseguridad.

Claudia López en 2020 no logró su propósito de que los bogotanos puedan vivir sin miedo con ella como “la jefe de la Policía” que haría “temblar a los delincuentes” como dijo en campaña, en una entrevista con Caracol

Además de los impactantes homicidios y heridos en las protestas contra la Policía del 9 de septiembre, algunos a manos de miembros de la Fuerza Pública, como mostramos en este video, este año se registró por primera vez el asesinato de una persona en TransMilenio y otra en el paradero de un bus del SITP porque se resistieron a un atraco. 

La misma Alcaldesa dejó ver en público que la seguridad es una situación que le preocupa, y su reto empieza por mantener a su secretario Hugo Acero, quien, como contamos en La Silla, intentó renunciar por diferencias con la mandataria.

Acero ha celebrado que la mayoría de delitos bajaran. Pero hay dos crímenes que han preocupado todo el año: el homicidio que desde hace años se mantenía a la baja y este año ha aumentado en algunos meses en un uno por ciento. Aunque en noviembre se alcanzó a estar en el mismo nivel que el año anterior y el secretario de Seguridad Hugo Acero espera que al cierre del año baje.

Por ese delito la secretaría sigue estando alerta ya que en Colombia los homicidios se redujeron en un 4,6 por ciento por el confinamiento y que en ciudades como Medellín hubo una reducción del 37 por ciento.

También está el hurto a bicicletas, que llegó a aumentar en Bogotá en un 35,8 por ciento con respecto a 2019, al pasar de 6.589 casos en 2019 a 9.021 a corte de octubre de 2020, según la Secretaría de Seguridad.

Además, en la categoría de hurto a personas aumentó el uso de arma blanca o de fuego de un 32 por ciento en 2019 a un 40 en lo corrido del año, es decir que hay más violencia en los hurtos.

Y las encuestas de Bogotá Cómo Vamos muestran que en 2019, el 50 por ciento de personas se sentía segura en su barrio, pero hoy, en una medición que se tuvo que hacer de forma virtual, el 72 por ciento se siente inseguro.

López ha sido hábil para repartir esa responsabilidad. Cuando le reclamaron por estos hechos en redes sociales, la mandataria le lanzó la pelota al Gobierno Nacional y dijo que haría un consejo de seguridad para obtener más pie de fuerza. 

López también aclaró que ella no era la jefe de la Policía. Es cierto que en realidad el jefe de la Policía es el Presidente de la República pero un alcalde sí tiene un margen grande para definir su política de seguridad, dependiendo de su capacidad de negociación con el gobierno nacional, con la Fuerza Pública y con la Fiscalía. Claudia ha tenido roces duros con Duque y la Policía. En todo caso, el contraste con sus afirmaciones en campaña y sus explicaciones ahora es algo que sus detractores no dejan de criticarle, como lo hizo la concejal opositora de Cambio Radical, Carolina Arbeláez, en este trino. 

También López fue criticada en redes sociales porque en esa materia de seguridad relacionó una y otra vez a los migrantes venezolanos con la criminalidad en la ciudad, pese a que no hay estudios que sustenten que el crimen en Bogotá aumentó por la migración. 

Aunque ella ha dicho que no quiere estigmatizar, fue señalada de xenófoba por comentarios como que “los venezolanos nos están haciendo la vida a cuadritos”; “les salimos a deber”, cuando afirmó que no podía pagar el arriendo de los migrantes y cuando aseguró que varios de ellos tenían “un plus en criminalidad”

Eso no es todo.

Para el tercer trimestre, el crecimiento económico de la ciudad cayó en un nueve por ciento, parecido al del país que fue del -9,1 en ese periodo. La Alcaldesa espera terminar en menos cinco a cierre de 2020. 

De los cuatro millones de desempleados que produjo la pandemia en todo el país, 1,2 millones están en Bogotá. Esto significó que la tasa de desempleo pasó de 10,9 por ciento a 22, según el Dane. Dos puntos por encima del promedio de la nación.  

Además, Claudia López heredó malas cifras en materia de pobreza monetaria, que aumentó en un uno por ciento con Peñalosa (662.000 personas entraron a la pobreza) y la pobreza extrema en un 1,4 (729.000 cayeron en esa condición) en el mismo periodo del exalcalde, según el Dane. 

Así que en Bogotá 2,3 millones de personas están en condición de pobreza monetaria y 355.000 en pobreza extrema monetaria, una cifra que preocupa pues en 2020 y 2021 los indicadores podrían subir más por los efectos del covid.

En esta situación, Claudia López no es vista como la directamente responsable porque la pandemia cogió a todo el mundo por sorpresa y golpeó la economía en el mundo entero. Pero también porque ella ha sabido repartir las culpas de lo que sale mal, como contamos aquí

El 2 de septiembre, dijo, por ejemplo, que ya que los mandatarios se habían echado encima el manejo de la pandemia, ahora era responsabilidad del Gobierno recuperar el empleo. 

Aunque la recuperación económica será su gran apuesta para el próximo año, hay economistas como Mauricio Santamaría que consideran que la mandataria sí tiene responsabilidad en la crisis económica por la forma en cómo ella estructuró la reapertura económica, que fue más lenta en la ciudad que en otros lugares del país. Por ejemplo, primero abrió la construcción, la manufactura y luego, poco a poco, el comercio.  La mandataria ha insistido una y otra vez que hay que priorizar la vida porque “la plata se recupera”. 

Jorge Galindo, sociólogo y periodista de El País de España que le ha hecho seguimiento a la pandemia, le dijo a La Silla Vacía que hacer una evaluación de los gobernantes en este momento referente al covid es difícil porque tuvieron que tomar decisiones difíciles cuando no se conocía mucha información, pero además porque la crisis no ha terminado y en ese sentido todavía no se sabe del todo si las decisiones fueron acertadas o no. 

Por ejemplo, varias de las medidas para hacer frente a la crisis económica generada por el covid apenas tendrán resultados en los próximos años.

La popularidad 

Pese a todo lo anterior, hay varias explicaciones que ayudan a entender la popularidad de Claudia López y su balance positivo en ese sentido. La primera tiene que ver justamente con el manejo de la pandemia. 

Claudia López se consolidó como una voz nacional para afrontar la crisis. “En medio de la crisis y la incertidumbre, la gente espera un líder que le diga qué hacer, hacia dónde ir y eso Claudia López supo hacerlo muy bien”, dice el analista político Camilo Granada. 

López, pese a que en un principio dijo que el covid era “una gripita”, fue una de las primeras en declarar la cuarentena, a finales de marzo, y luego, a los pocos días, el Gobierno Nacional decidió decretarla para todo el país. 

“Es evidente que si no hubiera sido por esa jalada de Claudia López, quizá Colombia se hubiera demorado más en decretar el confinamiento”, reconoce la concejal Marisol Gómez, de Bogotá para la gente, el movimiento del también concejal Carlos Fernando Galán, quien hace críticas a la alcaldesa desde la independencia. 

La mandataria López, además, logró fortalecer el sistema de salud. En el constante contrapunteo que mantuvo con el presidente Iván Duque por el manejo de la pandemia, le ganó un pulso al Gobierno para que le entregara, como se comprometió, buena parte de los ventiladores para que la ciudad tuviera al menos dos mil unidades de cuidados intensivos, UCI, que necesitaban para los pacientes que se agravan, como La Silla lo contó.

La mandataria también logró poner a disposición del público la plataforma Salud Data, en la que cualquier ciudadano puede saber cómo avanza el covid, la ocupación de UCI, la velocidad del contagio, el modelo epidemiológico, entre otros. Además se ha enfocado en fortalecer el sistema de rastreo del virus y entre la comunidad médica consideran un acierto que ella haya escuchado a los científicos.

Lo de escuchar a los científicos se evidencia, por ejemplo, en que les hizo caso cuando le recomendaron hacer cuarentenas por localidades y no en toda la ciudad, o no abrir todos los sectores al mismo tiempo para reducir la velocidad del contagio. 

Otro logro de Claudia López fue que en muy poco tiempo montó el sistema Bogotá Solidaria de la mano del Gobierno Nacional. Llegaron a 750 mil familias pobres. Se trató de un hecho importante porque se incluyeron personas que no estaban registradas en el Sisbén, se creó un nuevo mapa de la pobreza y se bancarizaron a 600 mil familias, cuando en marzo solo había 73 mil. 

La mandataria además pudo incluir en el Plan de Desarrollo, aprobado por el Concejo, que ese ingreso básico siguiera llegando a las familias más pobres durante lo que queda de su Gobierno. De esta manera, aceleró una promesa de campaña.

López también incluyó en su plan de gobierno el sistema del cuidado, con lo que cumplió el pacto con las mujeres, por medio del cual se buscará repartir o remunerar el cuidado de los hijos y los ancianos que hasta ahora no ha sido reconocido y que se ha traducido en una brecha económica entre hombres y mujeres. 

La apuesta social es sin duda una de las mayores diferencias que tiene con su antecesor, Enrique Peñalosa. 

Eso no fue lo único que aprobó el Concejo a López. Y ahí viene otra de las explicaciones que ayudan a entender su popularidad. 

Claudia López contó con el apoyo de esa corporación no solo para sacar adelante el Plan de Desarrollo, en el que están incluidas obras importantes de infraestructura como el metro de Bogotá que López prometió llevar hasta Suba y Engativá. 

Como contamos aquí, aunque había críticas, los concejales terminaron apoyándola y le aprobaron un histórico cupo de endeudamiento por 10,8 billones de pesos, el plan de reactivación económica que incluía alivios tributarios como descuentos en el predial y el ICA y más impuestos para los sectores a los que les fue mejor en la pandemia, como las entidades financieras, las farmacéuticas y las plataformas digitales. 

Esta gobernabilidad se dio en parte porque la mayoría de bancadas se veían representadas en el gabinete de la Alcaldesa. El Polo, los verdes, los liberales, los conservadores y hasta los peñalosistas han tenido funcionarios de su lado, como contamos aquí.

La concejal Susana Muhamad, del movimiento de Gustavo Petro - uno de los mayores críticos de la Alcaldesa - Colombia Humana, le dijo a La Silla en su momento que terminaban aprobando todo porque López era muy hábil para darle “contentillo a todo el mundo”. Es decir, que puso sobre la mesa iniciativas que incluso sus críticos de derecha o de izquierda iban a aceptar.

En ese sentido Claudia López ha consolidado su apuesta por un centro que, como se entendió desde la campaña, pretendía ser un punto medio entre Petro y Peñalosa, sin jugársela del todo por el legado y las causas de ellos dos.

Otro elemento clave en la popularidad de la Alcaldesa es que ella ha logrado conectarse con la ciudadanía. “Tiene una habilidad impresionante para leerla, en momentos en que el presidente Duque se ha visto ausente y desconectado”, explicó el analista  político y miembro de la Red Llena Carlos Suárez. 

Eso se ve reflejado en el manejo que le ha dado, por ejemplo, a las manifestaciones sociales. 

Tras el asesinato de Javier Ordóñez a manos de dos uniformados de la Policía, la ciudad se salió de control. Cientos de personas salieron a protestar frente a los CAI, y hubo un saldo de 10 muertos, 400 heridos, entre ellos 70 por armas de fuego, y decenas de comandos vandalizados. 

La Alcaldesa se puso del lado de la ciudadanía denunciando de frente la brutalidad policial ejercida durante las manifestaciones, y en eso marcó una gran diferencia con su antecesor Peñalosa y con el presidente Iván Duque, quien, por su parte, decidió respaldar a los uniformados y aseguró que solo se trata de “unas manzanas podridas”.

La mandataria en ese momento quiso hacer más evidente esa diferencia entre ella y el Presidente a través del gesto de la silla vacía que le dejó en un acto que hizo en la Plaza de Bolívar, como contamos aquí.   

Ese gesto es solo uno de los ejemplos de la relación de López con el Presidente en su primer año de gobierno: se ha convertido en una de las mayores críticas de Duque. Tanto que el mandatario delegó a algunos de sus asesores para responder a las pullas de López, como también contamos. 

Analistas políticos como Camilo Granada y Carlos Suárez consideran que ese enfrentamiento con el Gobierno le ha servido a López para mantenerse en el debate nacional como opositora; alejarse de la derecha, donde su mayor contradictor, el exalcalde Gustavo Petro, la ha querido ubicar y para conseguir lo que ha necesitado del Gobierno Nacional para Bogotá.

Ese capital político contribuye a que su imagen como mandataria no se vea afectada a pesar de que la ciudad está sumida en una crisis económica -derivada en cualquier caso por el covid- y que la inseguridad sigue siendo uno de los mayores dolores de cabeza de la ciudadanía.

Al final de un año tan duro como el 2020, Claudia López llega a su segundo año con las herramientas económicas que le dio el Concejo para intentar sacar adelante a la ciudad después de la crisis. De cómo las use en los próximos tres años dependerá en gran parte el legado de su Gobierno.  

 

Revise otras historias sobre cómo les fue en su primer año a los mandatarios 'quijotes', que llegaron venciendo a las maquinarias tradicionales, aquí:

 

 

Contexto

Las historias más vistas en La Silla Vacia