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Tere Garzón

Tere Garzón es feminista, escritora e investigadora de nacionalidad colombiana. Doctora en ciencias sociales, trabaja como investigadora en el Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica, CESMECA, en Chiapas, es miembro del Grupo Latinoamericano de Estudio, Formación y Acción Feminista GLEFAS y coordinadora del Comando Colibrí, escuelas de defensa personal para mujeres.

Tere Garzón en la Red de las Mujeres

Juanes Deja Vu. O la rebeldía escasa

Ekhymosis, banda de rock “pesado” de la ciudad de Medellín, se consolidó en la arena musical colombiana con un tercer LP inolvidable: “Niño gigante” (1993). Aunque su single más famoso fue justo la “balada” titulada: “Solo”, el disco contiene canciones muy superiores y menos estereotipadas. Hablo desde la nostalgia. Impactaba también, habrá que decirlo, la imagen de su vocalista, su hermosa cabellera larga. Juan Esteban Aristizábal, siempre un músico de mucho talento, era ese cuerpo que encarnaba lo deseable para las rockeras féminas hetero: joven, de bíceps lo suficientemente prominentes, sexy, con esas cejas pobladas, esos ojos de “yo si fui” y ese mentón de macho. A mí, en realidad, no me gustaba porque, en general, no me gustan los hombres. Pero su música sí. Vibraba. Vibraba. Vibraba. Luego del éxito de “Niño gigante” corrió el rumor de un próximo lanzamiento y la ilusión de una dosis mayor de lo mismo, pero mejorado. Fue como un baldado de agua fría. Un golpe al estómago. Una diarrea que quema el culo. Una picada de pulga que se inflama. 

Columna

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Tere Garzón en la Red de las Mujeres

Juanes Deja Vu. O la rebeldía escasa

Ekhymosis, banda de rock “pesado” de la ciudad de Medellín, se consolidó en la arena musical colombiana con un tercer LP inolvidable: “Niño gigante” (1993). Aunque su single más famoso fue justo la “balada” titulada: “Solo”, el disco contiene canciones muy superiores y menos estereotipadas. Hablo desde la nostalgia. Impactaba también, habrá que decirlo, la imagen de su vocalista, su hermosa cabellera larga. Juan Esteban Aristizábal, siempre un músico de mucho talento, era ese cuerpo que encarnaba lo deseable para las rockeras féminas hetero: joven, de bíceps lo suficientemente prominentes, sexy, con esas cejas pobladas, esos ojos de “yo si fui” y ese mentón de macho. A mí, en realidad, no me gustaba porque, en general, no me gustan los hombres. Pero su música sí. Vibraba. Vibraba. Vibraba. Luego del éxito de “Niño gigante” corrió el rumor de un próximo lanzamiento y la ilusión de una dosis mayor de lo mismo, pero mejorado. Fue como un baldado de agua fría. Un golpe al estómago. Una diarrea que quema el culo. Una picada de pulga que se inflama. 

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