Solapas principales

Alejandro Castillejo-Cuéllar

Viajero (y profesor universitario)

Antropólogo de la Universidad Nacional de Colombia, Magíster en Estudios de Paz y Conflicto del European University Center For Peace Studies y PhD en Antropología del New School University en Nueva York donde su tesis de doctorado recibió el reconocimiento Stanley Diamond Memorial Award en Ciencias Sociales. Actualmente es profesor Asociado y Director del Programa de Estudios Críticos de las Transiciones (PECT) de la Universidad de los Andes. Ha sido investigador y recibido becas y reconocimientos en las universidades de Columbia, Nueva York, y el Centro de Estudios de Conflicto Etnopolítico de la Universidad de Pensilvania, entre otras universidades en Estados Unidos y Europa, y América Latina. Entre el 2001 y el 2004 trabajó en el Instituto para la Justicia y Reconciliación y el Centro de Acción para la Paz y la Memoria en Suráfrica. Ha sido consultor para la Comisión de la Verdad en el Perú, y del Grupo de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación de Colombia. Actualmente Escribe los libros: Tras los rastros del Cuerpo: Etnofonías, (in)materialidades y la vida sensible de la desaparición en Colombia.

Alejandro Castillejo-Cuéllar en la Red de la Paz

¿Y la tortura?

He conocido mucha gente que lleva y llevó esas marcas tatuadas sobre su espíritu, y a veces creo que las enfermedades de las que algunos ya murieron fueron ecos de esos momentos de violencia primordial.  Me resulta increíble que después de 50 y más años de conflicto armado, de espacios de excepción sobre estados de excepción (y viceversa), estatutos de seguridad (formales e informales), no tangamos un diálogo sobre el asunto, sobre quienes lo vivieron (y lo han vivido), sobre la manera como en Colombia le estamos heredando a las generaciones que vienen ciertos vacíos históricos. 

Columna

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Alejandro Castillejo-Cuéllar en la Red de la Paz

¿Y la tortura?

He conocido mucha gente que lleva y llevó esas marcas tatuadas sobre su espíritu, y a veces creo que las enfermedades de las que algunos ya murieron fueron ecos de esos momentos de violencia primordial.  Me resulta increíble que después de 50 y más años de conflicto armado, de espacios de excepción sobre estados de excepción (y viceversa), estatutos de seguridad (formales e informales), no tangamos un diálogo sobre el asunto, sobre quienes lo vivieron (y lo han vivido), sobre la manera como en Colombia le estamos heredando a las generaciones que vienen ciertos vacíos históricos. 

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