Nadín Ospina

Obra seleccionada: Colombialand


2004 - 2006, Bogotá.

 

¡JUEGA BIEN!

Los Juegos de Nadin Ospina

Por: María Elvira Ardila

(Texto cedido por el artista para Esto no es Bonito)

El imperativo ¡Juega bien!, lema de la compañía danesa Lego, es el punto de partida de Colombia Land la obra más reciente de Nadín Ospina, presentada a finales del año 2004 en el Centro Cultural de la Universidad de Salamanca en Bogotá. El suyo es un trabajo de observación del juego Lego adventure, el cual presenta personajes reconocibles en América Latina, que pertenecen al imaginario de violencia característico de nuestro continente. Por ejemplo: uno de los muñecos tenía un morral con bombas, pistolas y cuchillos, otro aparecía con una cicatriz en la cara, como si fuera un sicario. El contexto en el que se desenvolvía la aventura tenía como referente las tierras selváticas y exóticas de un lugar que, aún sin nombre, se puede identificar en cualquiera de nuestros países. El planteamiento fundamental de este juego es conquistar, armar y desarmar, es decir, crear o recrear un mundo que en principio obedece a roles cotidianos o históricos, como caballeros medievales, astronautas, ingenieros, submarinos, pero que en esta oportunidad encarnan la violencia en el llamado tercer mundo.

Sin embargo, en esta versión inocentemente perversa de los juegos de construcción con bloques de plástico interconectables hay una lectura que connota específicamente la traslación de un conflicto en algún lugar de América Latina. Los muñequitos que aparecen personifican un indígena, un criminal un estereotipo de mafioso: todo listo para iniciar la aventura incierta y codificada de antemano. Tanto por el lema de Lego, como por las características negativas que llevan implícitas los protagonistas.

Nadín Ospina entra al juego, pero cambia las reglas del mismo. Para Ospina, Lego “lanzó la primera piedra”, replanteando nuevamente la pregunta por la perversidad: ¿quién es el perverso: el fabricante o el artista? Cuestionamiento que se había puesto de presente en la serie sobre los Simpson, los personajes Disney y la transculturación entre Oriente y Occidente en su exposición El ojo del tigre, realizada en el Museo de Arte Moderno de Bogotá en el año 2003. Su trabajo tiene una alta dosis de ironía sobre la imposición cultural, al invertir y subvertir la mirada de las relaciones que se dan en nuestras sociedades, generando una alteración sincrónica por la fusión de elementos ancestrales y de imágenes contemporáneas.

En un principio, los personajes de Colombia Land son elaborados con la misma técnica empleada en sus trabajos anteriores. No obstante, decide cambiar los procedimientos e incluir nuevos personajes, nuevos paisajes y nuevos referentes, que aluden directamente a Colombia y que le permiten jugar una aventura en medio de un conflicto real. Es decir que sus protagonistas son militares o guerrilleros que portan la insignia de la bandera de nuestro país, cuyos uniformes pertenecen a las Fuerzas Armadas Colombiana, aunque su utilización sea ambigua.

La geografía donde ubica el juego es la correspondiente a las montañas de San Agustín y los campos de amapola. En estos lugares se va a llevar a cabo el juego que responde al preconcepto de la tierra salvaje y/o paradisiaca, al prejuicio arraigado en Europa desde la conquista y que termina en juegos como los de Lego o en una portada de la revista National Geographic que circuló el año pasado con el título de “Colombia país de la cocaína”, que mostraba una guerrillera con un fusil. Esta propaganda es retomada por Ospina para diseñar la carátula del catálogo de esta exposición siguiendo los parámetros gráficos de esta revista y para incluirla como una ficha de su juego.

Así, América Latina se concibe como un lugar ambiguo, por un lado, representa el imaginario de tierras exuberantes que remiten al paraíso perdido, lleno de mulatas, y, por otro, una mirada efímera donde la geografía puede cambiar, aparecer y desaparecer a merced del jugador.

La muestra estaba distribuida en dos espacios. La primera sala estaba conformada por los personajes del nuevo juego, algunos reproducidos de manera análoga a las piezas originales realizadas en cerámica como algunas de sus obras anteriores. En la segunda, encontrábamos un cambio total de material: resinas industriales reproducían las figuras del nuevo Lego, en diferentes escalas, lo que la asemejaba más al juego original. Éstas piezas iban acompañadas por una serie de pinturas de las figuras del juego las cuales reafirmaban las imágenes tridimensionales, creando así la atmósfera de un pequeño parque de aventuras. En el espacio central, un telón selvático y una ficha realizada en una escala mayor invitaban al espectador a ser partícipe del juego.

De esta manera, se puede observar cómo esta obra de Ospina revela y denuncia las construcciones simbólicas que se realizan de una cultura, en particular la colombiana, a partir de imágenes estereotipadas, reales o tergiversadas que los medios de comunicación transmiten y que persisten en la memoria colectiva y en los imaginarios de los fabricantes de los juegos. Dichas imágenes son las cuestionadas y resignificadas por el artista: ¡Juega Bien, en Colombia Land también

Nadín Ospina según Bernard Marcadé

“Ospina pone inmediatamente en relación esta serie de estereotipos con un número de la revista National Geographic del mes de julio 2004, titulado: “Colombia, país de la cocaína”, que mostraba en portada a una guerrillera exhibiendo un fusilametrallador. Nadín Ospina descubre entre estos dos “acontecimientos” una construcción ideológica que a partir de entonces identifica a América Latina y singularmente a Colombia con un nuevo exotismo post-colonial, el cual hace cohabitar guerra revolucionaria, prostitución y narcotráfico con un trasfondo de viejos clichés paradisíacos”. Ver texto completo.