Por Juanita Vélez · 10 de Agosto de 2017

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En Caquetá, que fue la retaguardia histórica de las Farc, nadie sabe exactamente cuántos muertos les ha tocado enterrar por la guerra. Lo que sí saben es que muchos de esos cuerpos sin identificar terminaron en fosas comunes del cementerio central de Florencia, el único en el departamento que tenía una morgue cuando después del fracaso de los diálogos del Caguán entre el Gobierno y las Farc en 2002, los muertos eran tantos que llegaban camiones del Ejército repletos a dejarlos allí.

Nadie sabe exactamente cuántos ni a quiénes pertenecen esos cuerpos de exguerrilleros y exparamilitares dados de baja por el Ejército o campesinos y víctimas que aparecían muertos en las carreteras, en las veredas o en la selva y que están sin identificar. Pero lo van a saber muy pronto.

La Fiscalía y Medicina Legal con ayuda de la Cruz Roja y de la Diócesis de Florencia, que es la que administra ese cementerio, están a punto de comenzar la que sería la primera gran exhumación que se hace en Caquetá porque el cálculo por ahora es que en esas fosas hay 645 restos.

Es decir, ahí puede estar casi el 20 por ciento de los desaparecidos que ha dejado el conflicto en Caquetá y que según el Centro de Memoria Histórica  son 3364 de los 60 mil que se estima hasta ahora que hay en Colombia.

“Es una cajita de pandora lo que encontremos. Ojalá con eso las familias que esperan encontrar a sus muertos ahí puedan cerrar ese ciclo de dolor”, dijo a La Silla el padre Carlos Hernán Cubillos, director de la Diócesis.

Abrir esta y tantas otras ‘cajas de pandora’ que hay regadas por todo el país, no solamente en cementerios, va ser parte del trabajo de la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas que crea el Acuerdo de paz con las Farc precisamente para que la verdad sobre las personas desaparecidas comience a saberse. Lo que muestra este caso en Caquetá es que ese trabajo no va ser fácil.

Las exhumaciones

Cuando a las oficinas de la diócesis de Florencia llegaban solicitudes de exhumación, sobre todo después del 2000, se dieron cuenta que encontraban más de un cuerpo.

 

“Salían de a ocho cuerpos en una sola fosa y nos dimos cuenta que habían muchas más personas enterradas aquí de las que pensábamos”, dijo a La Silla Sur Magda Tovar, que es la coordinadora de la diócesis.

Como no sabían cuántos NN podían estar enterrados en esos predios, en 2015, cuenta ella, hicieron con Medicina Legal un croquis del cementerio para tener al menos un estimado.

Dieron con 44 fosas en un solo sitio y a esas las llamaron el “Jardín de los no identificados”. Pero también dieron con nueve más que estaban más lejos y con otras 30 bóvedas. Todas con restos de cuerpos no identificados enterrados desde 1998 en adelante.

“Aquí están casi todos los no identificados de Caquetá y Putumayo y sabemos que en su mayoría son muertos que ha puesto la guerra”, cuenta Tovar.

Luego de cruzar datos entre la Diócesis, que lleva un registro de los cuerpos que entran al cementerio, los archivos de Medicina Legal y la información de la seccional de exhumaciones de la Fiscalía en Neiva, que se encarga de todas las exhumaciones en el sur del país, el estimado que tienen por ahora es que hay 645 muertos sin nombre allí.

Aunque creen que puede haber más, porque en todo caso esa cifra corresponde solo a los datos que tienen entre 2000 y septiembre de 2010, cuando el cementerio dejó de tener a su cargo la morgue.

Con esa información comenzaron a buscar la plata para montar una sala de exhumación. En junio del año pasado la inauguraron con plata de la alcaldía de Florencia, que puso 160 millones y de la Diócesis, que puso once. La dirección de derechos humanos del ministerio del Interior les dio también 600 osarios para guardar los restos después de exhumarlos.

Y justo esta semana confirmamos con una fuente de la Cruz Roja que ellos le donaron al cementerio una cabina de secado de huesos para no tener que poner los restos al sol cuando los saquen.

”“Aquí están casi todos los no identificados de Caquetá y Putumayo y sabemos que en su mayoría son muertos que ha puesto la guerra””

Magda Tovar, Diócesis de Florencia

Ahora solo están a la espera, como le contó a La Silla el padre Cubillos, que terminen de llegar unos equipos de Medellín que faltan para dotar la sala de exhumaciones y según él, ya a finales de este mes o arrancando septiembre comenzará la intervención de la Fiscalía para abrir las fosas.

Ese momento va ser definitivo para muchas familias que tienen todas sus expectativas puestas en que por fin puedan ponerle una lápida y darle un adiós digno a los suyos.

La larga espera para un adiós

Cuando la Fiscalía haga las exhumaciones, comienza otro largo camino que es el proceso de identificar esos restos, que es la tarea de Medicina Legal y ahí si finalmente poder entregárselos a las familias para que los puedan enterrar y hacer su duelo.

Eso puede durar, dependiendo de hace cuanto esté enterrado el cuerpo días, meses o años.

Como le explicaba a La Silla Jenny Martínez, de la dirección de derechos humanos del ministerio del Interior, que es la oficina que se encarga de la búsqueda de personas no identificadas en cementerios en todo el país, reconocer la identidad de un cuerpo es un proceso lento, porque, por ejemplo, si lleva muchos años enterrado, ya no hay manera de sacarle huellas digitales o hacerle una carta dental. En ese caso la única forma sería con el ADN de los familiares y eso toma tiempo.

A esa demora se suma que en muchos casos no aparecen los familiares a reclamar los restos.

“Esto tiene dos caras: exhumar los cuerpos es una y la otra, que a veces es la más difícil es que haya quien los reclame”, agrega Martínez. “Hay quienes no reclaman por miedo a reconocer que su familiar era parte de un grupo armado y no quieren ser estigmatizados o que simplemente se fueron de la región y no saben si está muerto o vivo”, dice.

En todo caso, algo que podría ayudar a que ese adiós sea más rápido es que las Farc, tal y como se comprometieron en el Acuerdo, den toda la información que tienen sobre sus desaparecidos.

Ayudaría porque hasta ahora, preguntándoles informalmente a ellos, es como algunas familias han logrado saber, luego de años de buscarlos en las bases de datos de la Fiscalía o de Medicina Legal, donde están realmente.

Así lo hizo, por ejemplo, Hernando Molina, un campesino de La Montañita en Caquetá para dar con su hermana, que era guerrillera de las Farc y murió en un combate con el Ejército en 2006.

“Luego de tocar muchas puertas del Estado sin recibir información mi mamá le preguntó a alguien de las Farc y ahí fue cuando supimos que estaba en el cementerio porque ellos se lo dijeron”, nos dijo Molina. “Lo que más esperamos, porque creemos en Dios, es poderla enterrar en Gaitania, al pie de Montañita”, agregó.

Algo parecido nos dijo también Rafael Cazalla, otro campesino que le perdió la pista a su hijo hace 14 años cuando las Farc se lo llevaron de la vereda Milán. “Supimos por una persona de ellos (las Farc) que estaba muerto y hace cinco meses por la Cruz Roja nos enteramos de que estaba enterrado en el cementerio.”

Que las Farc entreguen toda la información que tienen sobre sus desaparecidos va ser clave porque nadie fuera de ellos conoce exactamente a dónde fueron a parar los cuerpos, pues fueron ellos quienes los enterraron.

La regla en la guerrilla era enterrar a sus muertos, fuera de los que caían en combate porque se los llevaba el Ejército. “Cuando las condiciones lo permitían tratábamos de buscar a las familias, otras veces buscábamos cementerios cerca a donde nos movíamos para dejarlos. Y cuando no había alternativas hacíamos tumbas en la selva” dijo a La Silla Federico Montes, miembro de las Farc y responsable político de la zona veredal de La Montañita.

Según Montes, aunque ellos sí llevan un registro de sus muertos y también de los que mataron, “es un registro incompleto porque en medio de los combates y pues de la guerra hemos perdido partes del archivo”, dijo a La Silla. “Pero aquí en la zona sí venimos haciendo un ejercicio de recolectar toda la información que tenemos con los compañeros más antiguos para saber donde han caído algunos muertos, los lugares y las fechas y eso lo estamos recopilando en un computador y lo que planeamos es entregarle eso a la Unidad de Búsqueda”.

Por ahora en Caquetá abrir estas fosas va ser el primer paso para que la verdad de la guerra que tanto sufrieron allí comience a conocerse y como le decía a La Silla Cazalla “aunque sea con los huesos de mi hijo y de los de tantos otros podamos dejar atrás tanto dolor”.

Comentarios (2)

dokholord

10 de Agosto

0 Seguidores

Buenos o malos las familias de estos individuos merecen tener esa paz mental, que les permita dejar ir a sus seres queridos y seguir sus vidas teniend...+ ver más

Buenos o malos las familias de estos individuos merecen tener esa paz mental, que les permita dejar ir a sus seres queridos y seguir sus vidas teniendo la certeza de no esperar que algún día atraviesen la puerta diciendo buenos días estoy vivo. Excelente labor ojala todos los familiares encuentren su paz.

DIDUNDI

10 de Agosto

1 Seguidores

Invito a los periodistas TODOS  d aquí y d cualquier lado, a repensar en ir cambiando el discurso d conteo d muertos, masacres etc., e...+ ver más

Invito a los periodistas TODOS  d aquí y d cualquier lado, a repensar en ir cambiando el discurso d conteo d muertos, masacres etc., e ir pensando en uno nuevo donde sin olvidar su dolor, la esperanza d una vida mejor sea eje fundamental en esta etapa dl proceso. q debe ir avanzando.
No es olvidar, es aliviar penas sin restregar muertos.

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