Por Juanita Vélez · 10 de Septiembre de 2017

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Hace pocos días Mauricio Cardoso, un periodista judicial de ‘Extra Caquetá’, el único periódico impreso que tiene ese departamento, le metieron un susto del que todavía no se repone. Saliendo de estudiar en la noche de la Universidad de la Amazonía, tres tipos lo alcanzaron y lo tumbaron de su moto, le pegaron varias veces, le apuntaron con una pistola sin dispararle y le dijeron que eso le pasaba por “sapo”. No le robaron nada.

Justo al otro día Cardoso iba a sacar una historia sobre el allanamiento de la Policía a unas casas donde una banda delincuencial vendía y compraba droga en el barrio Amazonía de Florencia y en la tarde había estado ahí, acompañando el operativo con su hermano, también periodista y corresponsal de Caracol. “Yo creo que fue por eso lo que me hicieron porque no me robaron nada y es lo que por ahora me ha dicho la Fiscalía”, dijo Cardoso a La Silla.  

Luego de pasar unos días en el hospital, volvió a la redacción de Extra y en las noches, cuando sale solo, llama a la Policía para que lo acompañe a su casa. “No he dejado de tener miedo”, nos dijo.

Ese miedo también lo sienten otros periodistas caqueteños que en muchos casos no cuentan todo lo que saben.

El atentado

El caso de Cardoso despertó la solidaridad de los periodistas de Caquetá.

Aparte de publicar en redes sociales y en grupos de WhatsApp la preocupación, la Asociación de Trabajadores de los medios de comunicación del Caquetá, Asotmec, que nació hace trece años y agrupa a 30 periodistas del departamento, sacó un comunicado exigiendole a la Policía dar con los responsables lo más rápido posible.

La Fundación para la Libertad de Prensa, FLIP, también sacó un comunicado condenando el hecho.

“La Fundación considera que existen indicios que señalan que la agresión podría estar motivada por el trabajo periodístico de Cardoso: su cubrimiento de álgidos asuntos judiciales, el no haber sido robado por sus agresores y las circunstancias de modo, tiempo y lugar que permiten sospechar de que se trataría de un ataque dirigido específicamente al reportero”, dice el comunicado.

Esa hipótesis también la tiene la Fiscalía, hasta donde se lo dijo a La Silla Sur el mismo Cardoso, quien además nos contó que después del ataque le entran llamadas a su celular a preguntarle donde vive, como se llama o donde está y que hace poco, mientras comía con su hermano en un restaurante en Florencia, una moto frenó, los vio y luego dio la vuelta.

A otros periodistas de Extra, que es un medio de prensa roja, también los han amenazado.

 

Así se lo contó a La Silla Sur otra periodista judicial de ese medio. “yo personalmente he recibido amenazas para que no vuelva a entrar a un barrio de la ciudad en el que denunciamos un tema del acueducto. Desde entonces no he vuelto”.

Según esa misma periodista la peor fuente para cubrir en Caquetá hoy es la Policía. “En el Extra se manejan temas de capturas, homicidios, operativos y cuando sale la información las familias de los acusados llegan a buscar al periodista y en algunos casos a amenazarlos”.

Que esto pase con el único medio impreso que tiene ese departamento, muestra lo amenazada que está la prensa local caqueteña.

Según la Flip, el 44 por ciento de la población vive en municipios donde no hay medios de comunicación que produzcan noticias locales y sólo en Florencia, su capital, la gente tiene una oferta con suficiente información local porque todos los medios impresos y digitales se concentran allí.

A eso se suma que por cuenta de la guerra en Caquetá la militarización de la radio es muy alta, sacrificando así la información local de los ciudadanos. De los 38 medios de comunicación que hay, el 20 por ciento son emisoras de la Fuerza Pública. En el municipio de Solano, por ejemplo, estos medios son los únicos que existen.

Como le decía a La Silla Jonathan Bock de la Flip, “hay un déficit de información local y los pocos medios fuertes que hay también los callan y no es ni siquiera por sacar grandes investigaciones, sino solo por informar. Cada vez se está cerrando más el espacio”.

El silencio

El miedo de los periodistas a que les pase lo mismo que a Cardoso o peor, como el caso de Luis Peralta Cuellar, el periodista de la emisora Linda Stéreo que mataron en su casa hace dos años, se ha traducido en un silencio a cubrir historias que tengan que ver con el aterrizaje de los acuerdos de La Habana en ese departamento, que fue por décadas la retaguardia de las Farc.

“Hablar de los avances del proceso de paz es un tema que no se toca aquí, sobre todo en temas como la sustitución de cultivos o las tierras de la guerrilla”, dijo a La Silla Cesar Rojas, presidente de la Asociación de periodistas de Caquetá.

“Aquí nosotros los periodistas recibimos denuncias del área rural de extorsiones, de campesinos que no pagan la cuota, que el robo de ganado también está disparado, pero uno prefiere no contar nada porque es que aquí la violencia no ha parado”, dijo a La Silla otro periodista consultado que nos pidió no ser citado.

Esa violencia, como lo ha contado La Silla Sur, se ve en que los homicidios han aumentado un 35 por ciento frente al año pasado en todo el departamento; en que las vacunas ya no las cobran las Farc pero sí sus disidencias en municipios como San Vicente del Caguán o Cartagena del Chairá y en que en municipios como Solita, el reclutamiento de niños por parte de las disidencias se está volviendo cada vez más común.

Por eso, puede que el caso de Cardoso haga que ese silencio sea todavía más prolongado.

Comentarios (1)

Marleny Barrera...

12 de Septiembre

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Sin Estado nunca se va a dar condiciones de seguridad y progreso. Es increíble que las autoridades no puedan ejercer en los territorios abandonados por las Farc. Insólito que ahora parezca mejor su "autoridad". El esfuerzo no solo debe encaminarse a darles garantías para su ejercicio, sino para los habitantes, ahora sometidos a un desmadre delincuencial. El estado para qué?

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