Por Jerson Ortiz · 10 de Octubre de 2017

Un abuelo disfruta en el parque central el desfile con el que Algeciras conmemora su fundación. (Foto cortesía Jimmy Tengonó)

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En Algeciras, uno de los tres municipios del Huila donde el Sí ganó hace un año en el plebiscito, el posconflicto ya llegó. Sin el frente Segundo y la columna móvil Teófilo Forero de las Farc, los comerciantes se libraron de las extorsiones, la Policía y el Ejército pasaron del combate al trabajo social y programas como el desminado han empezado a dar resultados. Para hablar de una ‘paz estable y duradera’ los algecireños ahora esperan que también lleguen las inversiones prometidas.

Las cosas que mejoran

Desde que las Farc se concentraron, en Algeciras ahora es posible ver un jueves cualquiera al comandante de la estación de Policía almorzar en el restaurante que está al frente de la Alcaldía. “Antes eso era un suicidio”, dice el periodista Wilson Perdomo, después de saludar al uniformado.

Era un suicidio según él porque en pleno parque central las Farc mataron a dos policías en 2009. También era un suicidio para él como periodista verse ‘amistoso’ con la Policía.

“Aquí había ojos de milicianos por todos lados. Esto que estamos haciendo usted y yo de hablar de estas cosas le traía a uno problemas”, nos contó en la pizzería Tropizza, que está al lado del restaurante donde ahora almuerza tranquilo el comandante de la Policía, y donde siempre hay tinto a la venta.

Esa transición también se ve también en los encuentros entre exguerrilleros y campesinos.

La semana pasada, por ejemplo, los miembros de las Farc Daneiro Santamaria, Victor y Kevin Salvatierra, todos miembros de la Teófilo (que por años hizo presencia aquí) se fueron a explicarle a los algecireños en qué va la implementación de los acuerdos. Lo hicieron con reuniones en el Concejo Municipal y en la Casa Campesina. Eventos en los que los exguerrilleros fueron escoltados por la misma Policía que antes les disparaba.

“Yo los vi como improvisados, vinieron a echar su cuento de los puntos del acuerdo pero no vi propuestas más allá de eso. Aun les falta como madurar las ideas y ser organizados”, señala el concejal liberal Nelson Fernando González quien dice que en la reunión del Concejo había unas 80 personas.

En la reunión de la Casa Campesina fueron unas 150 personas, la mayoría presidentes de juntas de acción comunal. La convocatoria fue mayor porque el que organizó el encuentro fue la Asociación de Trabajadores Campesinos de Algeciras, Astracal de la que hacen parte unas 1.500 familias.

“Ahora vienen es a hacer política y no a echar bala”, complementa sobre estas reuniones el periodista Perdomo, que trabaja en la emisora la Nueva Era, una cuadra abajo de la Alcaldía.

Cuando las Farc ‘echaron bala’ en Algeciras reinó el miedo, la zozobra, el desplazamiento y la sensación de que en esta región el Estado no tenía pies ni cabeza. En 1990 mataron a ocho niños cuando atacaron una camioneta de la Policía. Ahora los niños salen a las 12 del mediodía del Colegio Juan XXIII y caminan a casa por un improvisado sendero que está al lado izquierdo de la carretera.

Por eso para el concejal Cein Lara de la Alianza Verde que las Farc ya no estén replegadas en Algeciras le permitió a comerciantes como él, que tiene el minimercado La Sexta al lado de la galería, librarse de tener que pagarle a la guerrilla las denominadas ‘vacunas’. Aunque no nos dijo cuánto llegó a pagar, dice que entre los comerciantes hablaban de millones.

Entre los campesinos la cuota pedida por las Farc llegó a ser el 1 por ciento de lo que dejara cada cosecha recogida.

“Ya de eso no se volvió a hablar. Es que antes uno veía el desfile de gente en Las Morras y otras zonas llegando a dejar su plata, pero ahora eso no se ve”, dice Lara al lado de uno de los tres refrigeradores que tiene en su negocio.

 

Como las ganancias ya no se tienen que repartir a la fuerza con la guerrilla, en Algeciras se percibe que el comercio intenta vivir un nuevo auge. El negocio de la construcción se ha retomado, al punto que hay cuatro proyectos de lotes y vivienda nueva que se están moviendo.

“Yo lo que veo es que la gente que había salido desplazada está regresando, y regresa con sus pesos. Además Algeciras está siendo de nuevo una buena plaza de comercio, la gente no tiene que ir hasta a Neiva a toda hora para conseguir lo que necesita. Por eso la plata se queda acá”, añade el concejal González, quien dice que a su familia le tocó salir del pueblo a comienzos del 2000 por amenazas de la guerrilla. “De a poco están volviendo”.

El transporte también se mueve. En el camino desde Neiva ahora se pueden encontrar de subida y bajada hasta cuatro colectivos de transporte de las empresas La Gaitana y Coomotor todas con el cupo lleno. Antes un carro salía cada dos horas, ahora se turnan a la media hora.

Y las personas viajan sin temor de hablar con el de al lado o de señalar quién va con ellos. Saben que el joven barbado que se sube en Campoalegre es el juez municipal, que la instructora con la camiseta roja de de Coldeportes que viaja los jueves va a hacer recreaciones con los niños del programa Generaciones con Bienestar. Esto mientras suena la música de la emisora Cristalina que es la que suena sin interferencias en el trayecto desde Neiva.

Ahora los conductores de los camperos y chivas que bajan desde las veredas se ven con más frecuencia porque no hay temor de que les quemen los carros o que la guerrilla los obligue a transportarlos.

En el 2000 cuando las Farc decretaron un paro armado ningún carro se podía mover hacia el campo. Y el que se atrevía terminaba con el carro incinerado.

Propio o visitante, el que llega desde Neiva a Algeciras ahora es recibido en el parque con puestos de venta de empanadas y pasteles que se pueden acompañar con guarapo de caña. Atrás de estas casetas están los camiones que esperan el llamado para ir a cargar los bultos de habichuela, café y tomate que por estos días se cosechan.

Al frente de la iglesia que la guerrilla semi-destruyó con cilindros bomba en la toma guerrillera del 2000 ahora se parquean los motocarros de tres ruedas a los que sus dueños ya les tienen incorporados hasta radios con memorias usb para entretener con música a sus pasajeros urbanos.  

La que se puede considerar ‘confianza inversionista’ que vive este pueblo sin Farc es tal que el municipio volvió a ser epicentro de encuentros nacionales como la ‘Feria del Café’ que se hizo hace unas semanas y que contó con la presencia del gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, Roberto Vélez; además de las emblemáticas figuras del Profesor Yarumo y Juan Valdez.

Del evento también hicieron parte el asesor del posconflicto Rafael Pardo, empresarios internacionales del sector cafetero, y 262 productores del grano. Ese día hubo desfile cívico, los algecireños mostraron su mejor cara y el pueblo se vistió para la ocasión.

Las huellas del evento aún se ven en la entrada del pueblo donde los árboles que están a lado y lado fueron pintados de verde, rojo y amarillos, los colores de la bandera municipal.

"Pienso que esta feria fue un hito en la construcción de la nueva historia del municipio, es una ventana abierta para Colombia y el mundo de un municipio que tiene un giro de 180 grados", señala el alcalde Javier Rivera, que aunque es de Cambio Radical, ha mantenido firme su apoyo al tema de la paz.

En esta nueva historia del municipio Algeciras quiere retomar el nombre de ‘Despensa agrícola de Colombia’. “Es que aquí usted levanta una piedra y encuentra algo que comer. Esta tierra es dulcesita para cultivar”, dice Edgar, quien aparte de trabajar con la Alcaldía tiene una parcela donde sembró café con plata que le pidió prestada a la cooperativa Confie.

En este renacer del pueblo la fuerza pública tiene un rol importante porque como ya no está en modo combate, atrincherada, tiene la posibilidad de llevar la oferta institucional a la zona rural donde antes mandaba la guerrilla.

Los policías que hay salen de civil en chanclas y bermudas a la calle cuando no están de turno. Los que están en servicio visitan los fines de semana veredas como El Paraíso donde aparte de compartir sancochos comunitarios, le piden a la gente que les avisen por celular cuando se presenta alguna pelea o sospechan de alguien extraño.

En estos recorridos también promueven campañas de desarme de armas blancas y las cambian por balones, elementos deportivos, y hasta pollitos.

Al trabajo de la Policía se suma el de los soldados del Batallón de Alta Montaña Batam 9 que están ubicados en la entrada del pueblo y que, aparte de ayudar a patrullar, hacer retenes de rutina en la curva que antecede la entrada, aportan en las labores de desminado humanitario que en este caso está a cargo de la ONG Campaña Colombiana Contra Minas (CCCM).

Borrando las huellas de la guerra

Campaña Colombiana Contra Minas es una organización que apoya las labores de desminado humanitario en territorios que fueron parte del conflicto armado. Financiados con recursos de cooperación internacional aterrizaron en Algeciras hace un año.

Trabajan desde una finca a unos cinco minutos del pueblo a la que se puede llegar en motocarro, aunque esté en una loma con carretera destapada. En este espacio, en el que se pueden ver los tejados del pueblo, montaron la base de operaciones que tiene dormitorios para albergar a unas 70 personas, un salón de estudios con forma de galpón, tres campos de práctica, y dos espacios techados donde guardan las tres camionetas todo terreno en las que se mueven y una ambulancia que hasta el momento no han tenido que usar.

En este centro de operaciones manda Francisco Profeta Cardozo, un exmilitar de Mozambique (África) que tras vivir en carne propia el conflicto en su país, nos contó que desde hace 19 años trabaja en operaciones de desminado en todo el mundo.

‘El negrito del desminado’, como le dice amistosamente el periodista Perdomo cuando lo ve pasar en la camioneta, comenta que en Algeciras la meta es que en febrero del año entrante estén libres de sospechas de minas unas 22 veredas. Para eso están trabajando con la ayuda de víctimas de minas y exguerrilleros de las Farc.

Holman Fabián Ordóñez, que perdió su pierna derecha al pisar una mina en Guayabal, Caquetá en el 2010, hace parte de uno de los dos equipos de despeje que se montaron en Algeciras. Para el jefe Profeta, él es visto como un referente porque a pesar de que la guerra le quitó una de sus extremidades trabaja para que a los demás no les pase lo mismo.

Por cosas de la vida en el desminado de Algeciras, Ordóñez ha tenido la oportunidad de compartir con Heider Tovar Losada, un exguerrillero de las Farc que cuando estaba en armas tenía a su cargo poner minas.

Aunque no sabe si fue el responsable de activar la mina que le explotó a Ordóñez, dice que cuando entró a trabajar en el desminado lo primero que hizo fue pedirle perdón a su nuevo compañero.

“Le pedí disculpas, de todas maneras fue víctima de nosotros. Le dije usted no tenía nada que ver en el conflicto. Hemos hablado mucho sobre eso, y ahora somos muy buenos compañeros de trabajo”, dice Losada.

“Ahora estoy capacitando a los muchachos de despeje enseñándoles cómo son los sistemas, qué deben hacer para no caer en esas minas, dando una educación en el riesgo de minas a la comunidad. Todo lo que aprendí para hacer el mal ahora lo estoy haciendo para el bien”, añade el exguerrillero.

Ese reencuentro entre víctima y victimario quedó documentado en un video

Desde que Profeta, Ordóñez, Losada y compañía empezaron el trabajo de campo en marzo de este año, Campaña Colombiana Contra Minas ha logrado declarar seis veredas de las 62 que tiene Algeciras como libres de presencia de minas o artefactos explosivos. Eso lo logran en dos fases, según Héctor Hernández, un santandereano que hace parte del equipo de operaciones de CCCM.

Primero hacen un estudio no técnico, que es un diagnóstico hecho con base en el relato de los campesinos, del monitoreo de las autoridades, y apoyado en el inventario de los hechos del conflicto. Si ese estudio arroja sospechas delimitan la zona, montan los equipos y trasladan el personal que han formado para detectar los campos minados.

De esta manera ya encontraron dos explosivos en la vereda El Quebradón Sur.

“El 24 de agosto de 2017 inició el despeje de la vereda El Quebradón, allá ya hemos ubicado dos artefactos explosivos y con ayuda del Ejército del Batam 9 estos elementos ya fueron detonados de manera controlada”, dice Hernández al señalar con su mano derech el calendario que tiene pegado en la pared de la oficina donde se marca cuándo van a intervenir determinada zona.

Cuando el santandereano hace la exposición, Profeta toma una foto con su celular para dejarla en el registro de visitantes e informarle a sus superiores de quién los visitó.

Durante el conflicto las minas antipersonales fueron usadas por las Farc para atacar al Ejército, pero en cerca del 40 por ciento de los 11.460 casos reportados por el Gobierno, los afectados fueron los civiles como ocurrió en El Quebradón Sur el 27 de septiembre del 2016,  justamente el día que se firmaba el acuerdo de paz en Cartagena.

Ese día Felipe González de 6 años perdió la vida al pisar un campo minado a metros de donde jugaba fútbol. Otro niño  identificado como Andrés Felipe Pulido resultó herido.  

Para que no se repita la historia de Felipe, en la vereda Quebradón los de CCCM ya han despejado unos 2 mil metros, y están a la espera de analizar otros 800 metros. En esta vereda esperan terminar de limpiar a mitad de noviembre, cuando lo logren van a invitar al Alcalde y a la comunidad para decirles que esa zona ya está descontaminada.

De esta manera, mientras se borran las huellas del conflicto en el campo, y en el pueblo los comerciantes buscan recuperar lo que la guerrilla les quitó por décadas, los algecireños intentan vivir sin miedo. No de otra forma se explicaría que por fin en Algeciras se pueda hablar de la guerra y la paz sin temor a represalias.

CONTEXTO

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