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Por Ana León · 05 de Agosto de 2018

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Héctor Santiago Anteliz estaba alistándose para la última comida del día junto a su esposa y sus hijos cuando llegaron a buscarlo. 

En medio de un aguacero, de esos inclementes en el Catatumbo, cuatro hombres y una mujer entraron a su finca en un carro y le pidieron que los acompañara. 

 

Él era el presidente de la junta de acción comunal de la vereda San José en Teorama, por lo que era normal que fueran a preguntarlo a su casa. Pero no en esas condiciones. 

Las personas se identificaron como miembros de la guerrilla del ELN. Le dijeron que uno de sus superiores necesitaba hablar con él para solucionar un problema. No dijeron qué problema. 

Su esposa y sus hijos se alarmaron y tímidamente les pidieron que no se lo llevaran. Los guerrilleros les dijeron que no iba a pasar nada malo y que al otro día enviaran a los demás miembros de la junta de acción comunal a reclamarlo. 

No tuvieron más opción que confiar en eso. Héctor se puso sus botas pantaneras, una chaqueta y se fue con ellos. 

Al otro día por la madrugada sus hijos y vecinos salieron a buscarlo y lo encontraron tirado en la vía que conduce al corregimiento de San Pablo, uno de las zonas con mayor presencia del ELN. Estaba amarrado de manos con un disparo en la boca y otros más en el cuerpo. 

Eso fue lo que nos contaron por aparte cuatro personas de Teorama que conocen de cerca el caso del asesinato de Héctor Santiago, de 52 años, el pasado 20 de junio. 

Ninguno de ellos tiene idea de por qué lo mataron. 

Héctor nació y se crió en San José, en donde las 70 familias que la habitan viven de la pequeña ganadería, así como de cultivar café, cacao, plátano, yuca y como en la mayoría del Catatumbo, matas de coca. 

Su apellido es de tradición en esa región. Por un lado porque su familia es muy numerosa -eran 19 hermanos con él-. Por otro, porque llevaba una década siendo el líder de su vereda y uno de sus hermanos lleva tres periodos como concejal de Teorama. 

Junto con su hermano concejal, Héctor logró gestionar ante la Alcaldía un polideportivo para San José, así como el arreglo de un tramo de la trocha de esa vereda. Además, fue uno de los fundadores del peaje comunitario del sector, una forma de organización común en el Catatumbo con la que los campesinos le hacen mantenimiento a sus vías.

“Antes (del peaje) cada que llovía la vía se tapaba y durábamos ocho, quince días incomunicados (...) Héctor ayudó mucho a que la gente se pusiera de acuerdo y aceptaran el pago y ya hay una maquinita con su operario que no deja que la vía se dañe”, nos contó una persona que vive en ese sector.

Aunque le ayudaba a su hermano en sus campañas políticas para llegar al Concejo, lo hacía por ser de la familia. Él no era de ponerse camiseta y gorra por un candidato. Ni siquiera participaba en las elecciones legislativas o de Presidencia más que con su voto. 

Lo que sí lo caracterizaba como líder es que la gente confiaba en él a ojo cerrado porque cumplía con su palabra. 

Eso le dio visibilidad y llegó a ser miembro de la mesa directiva de la Asociación de Juntas de su corregimiento, Jurisdicciones, así como el líder en San José del comité de trabajo de la Asociación Campesina del Catatumbo, Ascamcat, organización social que hace parte del movimiento Marcha Patriótica. 

Si bien en ese sector Ascamcat no es tan fuerte, Héctor lograba que la gente estuviera pendiente de lo que pasaba con ellos. 

“Que si Ascamcat tenía una marcha o si iban a hacer una asamblea, él los convocaba y organizaba para que la comunidad participara. Eso sí, nunca mezcló su trabajo en Asojuntas con la asociación campesina, era muy respetuoso en eso”, nos contó un dirigente que conocía su trabajo. 

Era de carácter fuerte o, como nos dijo un amigo suyo, “tenía el genio parejo”. A la hora de hablar por su comunidad, bien fuera ante la Alcaldía, el Ejército o cualquiera de los grupos guerrilleros que tienen control en la región -EPL, ELN y hasta el año pasado Farc-, era recio y tajante.

Eso hacía que lo respetaran. Sin embargo, la ola de violencia en la que está sumida toda la región del Catatumbo por cuenta de la disputa territorial entre el ELN y el EPL es tal, que características como esa pueden costar la vida. 

La violencia arrecia

Solo dos de las cuatro fuentes que nos contaron del asesinato de Héctor, nos dieron una hipótesis de lo que lo causó, que no es más que una suposición en medio de la incertidumbre. 

“Lo cogieron entre ojos y nadie supo nada. Lo único que uno se alcanza a imaginar es por lo que él era contestatario, porque no hay más motivos”, nos dijo un amigo suyo. 

En realidad no se necesitan razones. La pelea por el control territorial en los once municipios del Catatumbo ha escalado tanto que en las primeras tres semanas del mes de marzo, sumaba 30 muertos y más de 20 mil afectados. Ahora que completa cinco meses ya no hay quien lleve la cuenta. 

Lo cierto es que aunque EPL y ELN están matandose entre sí, muchas de las víctimas no son ni guerrilleros ni milicianos. 

El mismo fin de semana que mataron a Héctor, mataron a otras dos personas en Teorama y La Playa de Belén y también se desconocen las razones. 

Dos semanas antes un joven murió y otros dos resultaron heridos por una supuesta bomba que cayó en su casa mientras dormían, en zona rural de Hacarí. Allí transcurría un combate entre el EPL y el Ejército. Esos enfrentamientos causaron el desplazamiento masivo de 500 personas de cinco veredas de ese municipio. 

Hace quince días  dos niñas resultaron abaleadas en medio de un enfrentamiento entre el EPL y ELN en zona rural de Convención, el municipio del país con más homicidios en lo que va del año. 

Y aunque aún no se sabe a ciencia cierta si alguna de las dos guerrillas tuvo que ver, en la masacre ocurrida en El Tarra la semana pasada murió otro líder comunal y al menos tres civiles más inocentes;

Según la Defensoría del Pueblo de los 18 mil desplazados que van registrados este año en el país, el 54 por ciento corresponden a 20 desplazamientos masivos en el Catatumbo. 

Sin embargo, un miembro de una Ong de la región y un personero, nos dijeron que la cuenta pasa por ahí y no hay forma de contabilizarlo. 

“La mayoría de los campesinos que se sienten amenazados bien sea porque directamente el ELN o EPL los busca o por los enfrentamientos, no denuncian por el temor tan grande que hay. Prefieren guardarse en su casa, autosecuestrarse prácticamente, o irse de la región sin decir nada”, nos dijo uno de ellos. 

Esa es la situación actual de los cuatro hijos varones de Héctor. Desde la muerte de su papá se fueron de San José. Tal y como nos dijo una persona que habló con ellos hace poco, el miedo de que los busquen no los deja volver a su pedazo de tierra.

La suerte de los líderes

Además de la sociedad civil, la guerra entre guerrillas ha golpeado directamente a los líderes sociales en el Catatumbo. En lo que va del año han asesinado a ocho líderes en esa región y casi que a diario se conocen casos de amenazas y retenciones por un par de días a dirigentes. 

Según Wilfredo Cañizares, director de la Fundación Progresar, eso ha ocasionado la parálisis de las actividades sociales y de derechos humanos en la región. 

Lo único que se mantiene y que tiene concentradas a todas las organizaciones sociales de la región es la Comisión por la Vida, la Paz y la Reconciliación del Catatumbo, que desde marzo ha hecho dos eventos masivos y permanentemente envía comunicados rechazando los hechos más graves, la militarización de la región por parte del Ejército y pidiéndole a las dos guerrillas que paren los enfrentamientos.

“La región se ha caracterizado, a pesar de todo lo que ha sufrido, por una dinámica de lucha y organización social muy fuerte. A partir de marzo con este escenario de terror eso ha mermado muchísimo”, dijo Cañizares. 

En medio de eso, una fuente nos contó que en una reunión de asociaciones de juntas de acción comunal de varios municipios, se había planteado la propuesta de una renuncia masiva por parte de los presidentes de junta. Otra nos dio la misma versión, pero solo entre los presidentes de Teorama. 

Desde el asesinato de Héctor, dos presidentes de junta de Teorama han renunciado. Las cinco Asojuntas del municipio decidieron reemplazar las asambleas masivas que reunían a los líderes de las 93 veredas de ese municipio por pequeñas reuniones que no impliquen recorridos muy largos y se desplazan individualmente.

Además, suspendieron un ciclo de capacitaciones de fortalecimiento comunitario que tenían con la Agencia de la ONU para los Refugiados. 

“Nos dimos un tiempo porque el palo no está para hacer cucharas. No queremos entrar en choque con nadie y causar problemas en las veredas”, nos dijo un dirigente de ese municipio. 

El sábado pasado unos cuántos miembros de Asojuntas fueron a la vereda San José a organizar la votación para elegir el nuevo presidente de esa junta. La comunidad se reunió pero no hubo elección. Les pidieron que volvieran en dos meses. Entre el miedo y el dolor, decidieron guardarle luto a Héctor Santiago.

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Robin Hood

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