Por Ana Karietna León Quiroga · 13 de Noviembre de 2017

1250

0

La crisis económica que enfrentan los barranqueños desde 2013 por la falsa expectativa de la modernización de la refinería y el debate por la calidad del agua del municipio, que se agudizó hace dos semanas debido a nuevas denuncias, tiene a los habitantes de la segunda ciudad de Santander en medio de dos peleas cuya solución está empañada.

Esta semana mientras en el puerto petrolero se prepara un paro cívico para tratar de fijar los ojos de Bogotá en la difícil situación económica que atraviesa el municipio, grupos de ambientalistas realizarán un plantón por el agua para protestar por la contaminación de la ciénaga de San Silvestre, un complejo que abastece al acueducto del municipio.

Esa última causa en particular, tiene a los políticos del municipio mostrándose en las previas electorales, y nuevamente en la mira al alcalde Darío Echeverri, quien no ha hecho mucho para a atacar ese problema, pese a que en campaña se comprometió a hacerlo.

La pelea y la política

 

Este año Barrancabermeja se puso en el mapa por un tema diferente al del petróleo.

Una serie de acontecimientos que van desde un relleno sanitario que funciona en inmediaciones de la Ciénaga de San Silvestre (el ecosistema que abastece de agua al municipio y es el hábitat natural de manatíes y jaguares), y la aparición de tres casos de anencefalia en lo que va del año, hasta unas declaraciones de un funcionario de la Superservicios quien dijo que el agua que consumen los barranqueños está en riesgo bajo y medio, lo que quiere decir que no es potable, cambió de dirección los reflectores.

El problema de la contaminación de la ciénaga San Silvestre, de donde el acueducto municipal toma el agua para los 300 mil habitantes del puerto petrolero, arrancó en los noventa cuando se documentó que la actividad petrolera, el desecho de aguas residuales y los lixiviados de las basuras estaban afectando ese y otros cuerpos de agua en la ciudad.

En el caso concreto de la basura, al menos desde el año 2000, cuando se dio el primer cierre del relleno sanitario La Esmeralda que queda en inmediaciones de la ciénaga, se empezó a alertar sobre la contaminación.

Sin embargo, los reflectores se posaron en el tema hasta 2015 cuando aparecieron dos nuevos rellenos sanitarios en la zona de influencia de ese humedal.

Esos rellenos prometían ser la solución al daño ambiental de La Esmeralda, pero terminaron siendo un problema más para la conservación de ese ecosistema porque el lugar donde están ubicados hace parte de una zona de protección ambiental amortiguadora de la ciénaga, que quiere decir que se debe preservar para a su vez preservar el cuerpo de agua.

Desde entonces ambientalistas han emprendido luchas judiciales, mediáticas y políticas para cerrarlos, y así han mantenido vigente la preocupación sobre el daño ambiental a la ciénaga y por la calidad del agua que consumen en el puerto petrolero.

Para cerrarlos, los ambientalistas batallaron en la Corte Constitucional a través de una tutela por el derecho al agua y ante la Fiscalía por delitos ambientales.

Finalmente, para el caso de la tutela, la Corte Constitucional no ordenó el cierre del relleno como querían pero por sus denuncias la Fiscalía ya imputó cargos a la entonces gerente de Rediba por daños ambientales producto del manejo irregular del relleno y está pendiente la audiencia de imputación de Flor María Rangel, exdirectora de la autoridad ambiental que le dio la licencia al relleno y lo vigila

.

Tanto que desde hace un año, un grupo de los ambientalistas que venían trabajando a través de un comité de forma más informal, crearon la Corporación Yariguíes y han venido abriendo espacios de debate para darle más visibilidad al tema y a hacer mediática la pelea. 

La bulla ha sido tanta, que hasta el ministro de Ambiente, Luis Murillo, hace tres semanas finalmente accedió a visitar el municipio para discutir exclusivamente el problema de la contaminación de la ciénaga.

Lo hizo por petición del representante de Cambio Ciro Fernández, quien llevaba varios meses pidiéndole a esa cartera que llegara hasta Santander para comprobar el Estado de la Ciénaga, y quien de paso se quedó con la mayoría de la vitrina del evento.

Cuatro fuentes que estuvieron allí, le dijeron a La Silla que él fue quien dirigió el encuentro y quien lanzó al ruedo la  propuesta de incluir a la ciénaga en categoría Ramsar, una clasificación de protección internacional de humedales que de cierta forma aumenta la importancia de su conservación y que es lo que están buscando los ambientalistas de la zona de debido a que permitiría poner en el mapa internacional de protección a la ciénaga y de forma oficial.

Así que el Representante resultó más protagonista que el Alcalde Echeverri, quien según una fuente de adentro de su administración, se enteró a altas horas de la noche del día anterior de la visita. 

Pero, esa no ha sido la única movida del grupo político de Fernández con los ambientalistas, y, por ejemplo, está promoviendo el plantón del viernes.

“Uno sabe que ellos están haciendo política con esto y son más de los mismos pero al menos lograron que el Ministro nos escuchara, algo que estábamos buscando hace mucho. Nos toca tragarnos ese sapo porque qué más”, le dijo a La Silla un ambientalista de la ciudad que prefirió la reserva de su nombre. 

En la mitad de esa discusión, ha quedado el nombre del Alcalde, quien aunque en campaña prometió que salvaría la ciénaga acabando con el relleno, dos años después de posesionado no ha cumplido. 

Los tumbos de Darío

Los únicos tres pasos que Echeverri ha dado en dirección a una solución para el problema del agua aún no han dado resultados. 

En marzo, cuando la campaña para la revocatoria estaba calentándose, a través de la Secretaría de Medio Ambiente el Alcalde instaló el comité de seguimiento para la preservación y conservación del San Silvestre.

Desde entonces el comité ha identificado 72 puntos sensibles de la ciénaga y sus afluentes por contaminación o amenazas de contaminación, pero el municipio aún no ha ejecutado el contrato con un laboratorio que haga las pruebas y determine la calidad del agua. 

Además, aunque el Alcalde finalmente contrató la actualización del Plan de Gestión Ambiental del municipio, algo que le habían reclamado porque ese documento es el que determina los lugares viables para  reubicar el relleno, el contrato lleva meses suspendido.

El pronunciamiento más contundente de Echeverri llegó cuando le pidió a entes de control que revisaran y revocaran la licencia ambiental de Rediba y en abril firmó una resolución en la que le pedía a la CAS lo mismo argumentando que era irregular porque donde estaba el relleno era área del Distrito de Manejo Integrado de la Ciénaga de San Silvestre, una zona protegida. 

A la par expidió un decreto en el que le daba un ultimátum a la empresa reduciendo a seis meses el plazo para disponer basura en el relleno y en el que anunciaba que en 18 meses tendría una solución definitiva al sitio actual.

Sin embargo, una vez salió avante en la revocatoria y el plazo de los seis meses se cumplió, nada pasó y nuevamente declaró en emergencia sanitaria al municipio.

Desde entonces, ese tema ha estado rezagado y en contrapartida el Alcalde se sumó a la posibilidad de viabilizar el fracking (técnica cuestionada por el uso del agua), como alternativa para modernizar la refinería. 

Echeverri no quiso referirse al tema del agua y le dijo a La Silla que para hablar al respecto contactáramos a su secretario de Salud o al gerente del Acueducto de Barranca; sin embargo, ninguno de los dos contestó las llamadas o los mensajes que dejamos en su celular. 

Mientras tanto, esta semana se encontrarán en Barranca las peleas por el petróleo y el agua.

 

CONTEXTO

Las historias más vistas en La Silla Vacia