Por Juan Esteban Mejía · 04 de Diciembre de 2017

Bernardo Guerra es médico, hijo del exalcalde de Medellín Bernardo Guerra Serna y hermano del uribista Andrés Guerra.

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El Concejo de Medellín está dividido entre una mayoría gobiernista y otra ‘anti-guerrista’. La proporción es de 20 contra uno.

La coalición mayoritaria se creó en 2016, cuando asumieron sus cargos los actuales concejales e hicieron un pacto que consiste, básicamente, en darle fácilmente el sí a las propuestas que llegan de la alcaldía de Federico Gutiérrez. Solamente se quedó por fuera Luz María Múnera, la única concejal del Polo, que se declaró en oposición. Pero el pasado 20 de noviembre, los 20 concejales, incluida la opositora Múnera, firmaron un comunicado exclusivamente para contradecir declaraciones que dio el concejal liberal Bernardo Alejandro Guerra al periódico El Colombiano sobre el mal ambiente que percibe dentro del Concejo, en el que él se ha quedado íngrimo en la minoría.

 

Un personaje incómodo

Guerra despierta amores y odios. Su discurso se basa en denunciar la corrupción y suele sustentar sus debates en documentos con los que muestra irregularidades en la contratación de entidades públicas.

Pero lo que él hace a veces toca intereses dentro del mismo Concejo. Por ejemplo, en las pasadas elecciones publicó información que comprometía al entonces candidato a la alcaldía de Medellín Gabriel Jaime Rico y ha sido uno de los mayores críticos del gobernador Luis Pérez. Tanto Rico como Pérez recibieron el apoyo de Cambio Radical y de sectores de La U y conservadores que ahora tienen asiento en el Concejo de Medellín y son las bancadas que más acorralan a Guerra.

Sus críticos lo cuestionan porque consideran que los debates que hace sobre temas de salud tienen de trasfondo un interés clientelista por la relación que mantiene con ese sector. Guerra es médico, fue secretario de Salud de Medellín en 1990, gerente de Metrosalud en 1992 y guarda relación con personas de su gremio.

Entre sus opositores se encuentra una parte del Polo Democrático que también tiene intereses en la salud y que se relaciona con la Asociación Médica Sindical de Colombia (Asmedas). Múnera, la concejal de ese partido, se contrapone al resto de sus compañeros para aprobar los proyectos de la Alcaldía, pero se les suma para hacerle cargamontón a Guerra.

Sin embargo, algunas denuncias de Guerra han encontrado eco en la justicia. Por ejemplo, cuando era diputado, denunció a su compañero César Pérez por corrupción y él finalmente fue condenado. Y siendo senador entre 2002 y 2006 se empeñó en denunciar a Carlos Palacino y a Saludcoop, cuyos malos manejos del dinero de la salud salieron a flote años después.

En La Silla Paisa revisamos actas y videos de debates del Concejo de Medellín que sirven para entender lo que está viviendo Guerra con sus compañeros.

Denuncias sin eco

El 11 de octubre de 2016, el Concejo citó a control político al recién posesionado gerente del Hospital General de Medellín, Jesús Eugenio Bustamante. Este debate se hizo después de que el alcalde Gutiérrez cuestionó públicamente la forma como salió elegido el funcionario.

En la sesión, Guerra explicó que Bustamante llegó al cargo después de someterse a un concurso que hizo la Universidad de Medellín. Según el concejal, Bustamante sacó inicialmente una puntuación de 95 sobre cien que, después de una revisión, subió a 99.81, un resultado que Guerra calificó como casi perfecto. “¡Usted es un genio! ¡Eugenio, el genio!”, le dijo el concejal y denunció que en Antioquia existe un cartel que infiltra concursos de méritos, como este.

Pero esta vez la coalición mayoritaria no respaldó a Guerra ni al Alcalde. Al contario, varios concejales que habían almorzado con el gerente Bustamante tres días antes del debate llegaron a defenderlo. Desestimaron las denuncias de Guerra e insinuaron que él quería ese puesto para una ficha suya.

En la misma sesión se ventiló que quien promovió ese encuentro previo al debate fue el concejal Rober Bohórquez, de Cambio Radical. Él mismo lo reconoció: “Ese almuerzo lo pagué yo y quise invitar a algunos concejales para que nos contaran cómo está el Hospital General de Medellín”.

Después de esa aclaración, Bohórquez defendió al gerente y el proceso del que salió elegido y le lanzó una pulla a Guerra. “No podemos pretender que por que algunos directorios o políticos piden la gerencia de hospitales nos quieran tirar en contra como carnada. No estoy pidiendo puestos ni necesito gerencias, ni necesito directivos en el Hospital General. No tengo interés en ese medio”, dijo Bohórquez.

La segunda en defender al gerente Bustamante fue la concejal Múnera, que también se había reunido con el gerente antes del debate. “Mientras no me demuestren que ese señor es un ladrón, yo no voy a salir a atacarlo”.

Luego saltó el concejal Ramón Acevedo, de La U, que es médico y siquiatra y que aceptó haberse visto con Bustamante días antes de la sesión. Él también se fue directo contra Guerra. “Hay que empezar a diferenciar cuáles son los debates de control político y cuáles son los debates de intereses personales”, dijo, y señaló a Guerra de estar cuestionando al gerente porque el concurso de la Universidad de Medellín no se lo ganó una ficha suya.

Los concejales Jesús Aníbal Echeverri, también de La U, y el conservador Carlos Arturo Zuluaga metieron las manos al fuego para defender al gerente.

Guerra se limitó a concluir que cuando denunció a Palacino y a César Pérez lo trataron igual a como lo habían tratado en esa sesión y que en ambos casos el tiempo le dio la razón.

Al final del debate, ninguno de los concejales que almorzó con Bustamante aceptó que se fuera del cargo. De todas formas, el alcalde Gutiérrez sigue con dudas sobre ese funcionario y le ha pedido la renuncia en dos ocasiones, pero no puede exigirle que se vaya porque llegó por concurso.

 

Detrás de cámaras

Lo que sí quedó después de aquel debate fue un malestar. Antes de que los concejales dejaran el recinto, Guerra confrontó a Bohórquez y le dijo que no hablara más de temas de salud porque no los conocía, según una fuente que presenció ese momento.

Luego vinieron otros roces que no quedaron registrados en actas, pero que sí pudieron percibir personas que frecuentan el Concejo. En una sesión, llegó un concejal con una chaqueta color naranja que desentonaba con los trajes formales que vestían sus compañeros. Alguien le hizo un comentario al respecto y Guerra intentó hacer un apunte jocoso al decir que no lo molestaran, que ese era el uniforme de su partido. Una fuente que estuvo en ese momento dijo que el concejal de la chaqueta naranja se molestó y se le arrimó a Guerra para decirle en tono desafiante: “te metés conmigo y te mando al ‘loquito’”.  

Se refería al concejal del Centro Democrático Santiago Jaramillo, a quien Guerra le decía ‘el bachiller de hawaiana’ porque no ha terminado su pregrado y a veces iba al Concejo con ropa playera.

Jaramillo se volvió el centro de atención el pasado 4 de octubre cuando en una desentonada intervención empezó a gritar y a decir: “¡Yo soy un loco! ¡Soy felizmente loco!”. Ese día también se refirió al concejal Guerra como ‘Berny’ y ‘gatúbelo’.

Pero esta no era la primera vez que Jaramillo insultaba a Guerra. En otros debates, le hacía morisquetas y señas obscenas con las manos desde su silla y sin que lo grabara la cámara que registra los debates.

Para tener evidencia de esas provocaciones, Guerra les pidió a sus asesores que grabaran videos para hacer una denuncia pública, pero se echó encima a otro concejal. Esta vez fue Jaime Mejía, del Centro Democrático, quien le dijo antes de empezar el debate del pasado 13 de octubre: “Yo sí quiero dejar constancia, doctor Bernardo Alejandro, que me parece muy de mal gusto que asistentes suyos se mantengan permanentemente grabando concejales. Es una falta de respeto que estén asistentes de concejales grabando permanentemente hechos o situaciones que suceden aquí en el recinto. Yo no quiero quedar en ningún video”.

El concejal Simón Molina, también del Centro Democrático, que oficiaba como presidente del Concejo en ese momento, le dio la razón a Mejía y les pidió a los asistentes que dejaran de grabar para no generar mal ambiente. Después de ese reclamo, se hizo más evidente la tensión.

Obstáculos para debatir

El concejal Guerra había agendado ese día un debate sobre la demolición de la casa consistorial de Caldas, una construcción histórica, para levantar un nuevo palacio municipal. La obra será financiada con 22 mil millones de pesos del Área Metropolitana, que es una autoridad ambiental cuyo presupuesto depende en un 85 por ciento de Medellín.

A Guerra le indignaba la demolición porque con ella desapareció parte del patrimonio histórico y cultural de Caldas. También le preocupaba el destino de la plata, pues los recursos del Área Metropolitana son principalmente para ambiente y transporte.

Antes de empezar la sesión, el concejal Ramón Acevedo, que antes había insinuado que Guerra tenía interés en el puesto del gerente del Hospital General, mostró de nuevo sus dientes. Quiso impedir que el debate se hiciera, aunque ya que estaba aprobado con anterioridad. Acevedo pidió un concepto jurídico sobre la pertinencia de hablar sobre ese tema y la concejal Luz María Múnera lo respaldó y pidió un receso de 15 minutos para que las abogadas estudiaran el caso.

En el entretanto, Guerra dijo indignado: “Es obvio. Lo ve un ciego. Lo distingue un tuerto. Hay gente que no quiere que se haga el debate. Es obvio que esto lo quieren torpedear y entorpecer. Es obvio, como muchas cosas que han pasado en estos días, pero no quieren verlas”.

Después del receso, la conclusión de las abogadas fue que el debate se podía hacer y, pese a eso, Acevedo y Múnera se fueron del recinto porque simplemente no les interesaba el tema.

Por eso Guerra habla de mal ambiente dentro del Concejo de Medellín. Él está degradado porque sus compañeros no lo acompañan en los debates de control y además lo señalan de tener intereses políticos detrás de sus denuncias.

Comentarios (2)

Juan231

04 de Diciembre

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COMO SIEMPRE LA SILLA VACIA CON INFORMACIÓN A MEDIAS Y QUE FALTA A LA VERACID...+ ver más

COMO SIEMPRE LA SILLA VACIA CON INFORMACIÓN A MEDIAS Y QUE FALTA A LA VERACIDAD DE LA REALIDAD, SE QUIEREN HACER GRANDES CON ESCRITOS DE JOVENCITOS QUE NO SABEN NADA DE LA REALIDAD POLÍTICA. INVESTIGUEN A PROFUNDIDAD, INDAGUEN QUE HABÍA DETRÁS DE LA ELECCIÓN DEL SECRETARIO DEL CONCEJO DE MEDELLÍN.

Luis Moreno

10 de Diciembre

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Sino fuera por el concejal Guerra....este seria el peor concejo de la historia...+ ver más

Sino fuera por el concejal Guerra....este seria el peor concejo de la historia de Medellin...el resto son acomodados, bandidos, mediocres y locos.

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