Por Natalia Arenas · 23 de Agosto de 2017

1561

0

El lunes, los empresarios y los gobiernos departamentales de Cauca y Valle publicaron un comunicado en el que vuelven a rechazar la toma de tierras por parte de los indígenas en el norte del Cauca. Este y otros hechos que se vienen presentando en el último mes muestran que la tensión entre indígenas y empresarios está en aumento justo cuando en la región está a punto de arrancar la construcción del programa de desarrollo con enfoque territorial, Pdet, que aterrizará el punto 1 de los acuerdos de La Habana y para el que el Gobierno va a destinar unos 110 billones de pesos de aquí a diez años.

Lo que está en juego no es sólo que este programa funcione, sino que los conflictos por la tierra se resuelvan de manera pacífica ahora que las Farc ya salieron del territorio.

Se eleva la tensión

Aunque la pelea por la tierra en el norte del Cauca (no sólo entre indígenas y empresarios cañeros sino entre otros grupos étnicos como los afros y los campesinos) ha sido una cuestión histórica, en lo que va del año se agudizó.

Primero, en marzo, el comunero Javier Oteca fue asesinado mientras estaba “liberando la madre tierra”, un proceso en el que los indígenas pretenden ocupar territorios que para ellos son ancestrales y que hoy están en manos de propietarios privados, sobre todo empresarios de caña. Tras el hecho, los indígenas del Cabildo de Corinto retuvieron por un día a seis trabajadores del Ingenio Incauca de Carlos Ardila Lülle que eran los “posibles responsables”, según ellos de lo que ocurrió.

Luego, el pasado 27 de julio, el ex presidente Álvaro Uribe estuvo en Popayán en un foro sobre tierras y allí anunció que si su partido llegaba a la presidencia en 2018, el uribismo se comprometía a apoyar a los productores (incluyendo indígenas, afros y empresarios) pero que iba a tener cero tolerancia a las invasiones de tierras y no iba a ampliar resguardos. Su discurso fue ampliamente aplaudido por el público entre el que se encontraban empresarios de Valle y Cauca.

“Uribe elevó lo que inició como un conflicto de tierras a un conflicto político con miras a la campaña presidencial. La implicación es que refuerza la división”, le dijo a La Silla una fuente que ha estudiado el caso de primera mano pero que pidió la reserva de su nombre para no comprometer a la institución con la que trabaja.

Como si no fuera suficiente, dos días después, el pasado 29 de julio, y según denunció Asocaña, unos indígenas hicieron estallar dos petardos contra el Batallón Codazzi del Ejército. Además, detuvieron dos buses que viajaban con corteros de caña, los hicieron bajar y quemaron los buses e incendiaron 100 hectáreas de caña de las fincas Barrio Colorado y Vista Hermosa que pertenecen al ingenio Riopaila Castilla de la familia de la senadora uribista Susana Correa.

La situación generó el rechazo no sólo del gremio de los azucareros sino de otros sectores como la Andi y la Sociedad de Agricultores de Colombia. También se pronunciaron las principales centrales de trabajadores en el Valle argumentando que estos hechos que se vienen presentando desde hace dos años, no sólo violan el derecho al trabajo sino que ponen en peligro la vida de los corteros de caña.

Luego, el director de la Agencia Nacional de Tierras, Miguel Samper dijo que “no vamos a comprar un solo metro de tierra de una finca invadida u hostigada”.

Los indígenas respondieron que esas acciones no están permitidas ni hacen parte del accionar de la protesta indígena. Además, como le dijo a La W el líder Feliciano Valencia,  han denunciado la presencia de actores armados en los territorios. Agregó que van a seguir haciendo ‘liberaciones’ de tierra en el Norte del Cauca porque el Gobierno no ha cumplido los pactos que se lograron tras el paro agrario de 2013.  

Samper deslegitimó ese argumento diciendo que “nada justifica los actos ilegales. Es como si justificáramos el robo a un banco porque hay falta de oportunidades”. Pero lo cierto es que el Gobierno sí ha incumplido los acuerdos. Por ejemplo, aún debe 22 mil hectáreas de tierra a los indígenas en reparación a la masacre del Nilo y a los acuerdos para levantar los paros de los indígenas en la carretera Panamericana.

Aunque en el último año, la Agencia ha entregado 600 mil hectáreas para ampliación de 10 resguardos indígenas en todo el país, y hay otros 60 procesos andando, como le dijo Samper a La Silla, ninguno de esos es en el Cauca.

Lo que sí ha hecho el Gobierno es comprar 16 predios que suman un área de 885 hectáreas y que costaron más de 6 mil millones de pesos. Ninguno estaba invadidos ni sus propietarios los vendieron bajo presión. Todos son pequeños porque “allá el punto no es el tamaño sino el precio, porque los compromisos están tasados en recursos”, agregó Samper.

Aún así, la necesidad de tierras por parte de los grupos étnicos en la región del Norte del Cauca sigue en aumento, como lo demostró un estudio que hizo el Instituto de Estudios Interculturales de la Universidad Javeriana de Cali.

Hoy, los indígenas tienen unas 92 mil hectáreas de tierra en el Norte del Cauca (el 27 por ciento del total), los cañicultores tienen 70 mil, es decir, el 20 por ciento. Sin embargo, el cálculo frente a cuánta tierra necesitan los resguardos a partir del número de familias registradas y restando lo que ya tienen, es de 66 mil hectáreas y la de los resguardos coloniales es de 74 mil hectáreas. Además, los campesinos necesitan otras 24.717 hectáreas y los afros es 64.113 hectáreas.

Es decir, para cumplir con esas necesidades, el 65 por ciento de la tierra del Norte del Cauca debería estar en manos de los grupos étnicos. Pero hoy, la mayoría la tienen personas privadas que ni siquiera son cañicultores.

Los retos del Pdet

Justamente por ese conflicto histórico, al que además se le sumó el ingrediente de las Farc hasta la firma del Acuerdo de Paz, este territorio quedó incluido en uno de los 16 programas de desarrollo con enfoque territorial que creó el Acuerdo.

Estos programas buscan que entre todos los actores se propongan soluciones para desarrollar la región, será implementado a 10 años, y comprenden un enfoque especial para los territorios que involucren a comunidades indígenas.

La Silla supo que los pdtes arrancarán a construirse en las próximas dos semanas, justo cuando la tensión entre indígenas y empresarios está en su punto más álgido. La idea es que para febrero del próximo año, la concertación entre todos los actores permita tener una definición clara de la visión de desarrollo que se quiere para la región y unos proyectos específicos para lograrlo, para lo que el gobierno quiere invertir 110 billones de pesos en toda la década.

El del Norte del Cauca es el Pdet más grande del país, que comprende 17 municipios del Cauca, la mayoría en el norte, dos del sur del Valle (Florida y Pradera) y cinco del Alto Patía en Nariño. Y según una fuente del Gobierno que conoce el caso, es “el más complicado de todos”.

“La pretensión de tierras es tremenda. No sólo de los indígenas sino de los afros que quieren constituir sus consejos comunitarios y los campesinos que quieren crear zonas de reserva. Hay un sector indígena radical, unos tres resguardos con los Nietos del Quintín Lame que quieren que los cañeros vendan y no les importa lo que haya que hacer para lograrlo. Así, la situación es muy compleja”, dijo la fuente que pidió la reserva de su nombre.

Aún así, en el último año, un sector de la sociedad civil en el Valle estaba trabajando en un proyecto para acercar en el diálogo a las dos partes, indígenas (sobre todo miembros de la Acin) y empresarios como Asocaña, para buscar puntos de encuentro que les permitieran resolver los conflictos por la tierra de manera pacífica.

La idea es buscar acuerdos similares a los que se lograron en 1984, cuando en medio de estos viejos conflictos por la tierra fue asesinado el padre Álvaro Ulcué Chocué, un vehemente defensor de los derechos de los indígenas y líder de las primeras movilizaciones para lo que ellos llaman “recuperar de su tierra ancestral”, con tomas e invasiones a haciendas del norte del Cauca.

Aunque su muerte casi acaba con el movimiento indígena, al año siguiente y tras un diálogo, indígenas y empresarios llegaron a un pacto para que los terratenientes del Cauca ofrecieran unas tierras al antiguo Incora para vender a los indígenas. Ahí participó el Cric, Fedegán, y la sociedad de ganaderos, y durante los dos años que funcionó, logró mitigar la tensión.

Ante la entrada del Pdet, los nuevos diálogos que aún son muy incipientes, buscan acercar a las partes en torno a un pacto para hacer proyectos productivos en la que los indígenas ponen la mano de obra y las materias primas, y los empresarios apoyan con su conocimiento técnico para saber montar empresas.

Sin embargo, la nueva escalada de tensión también ha alcanzado este espacio de encuentro.

“Las conversaciones aún eran frágiles y lo que ha pasado genera molestia y desconfianza”, le dijo a La Silla un líder indígena que ha estado al tanto de las conversaciones y que pidió la reserva de su nombre para no comprometer su opinión.

“Hay tensión, zozobra. La tensión polariza el conflicto y ahora hay actores armados que se han declarado en disidencia con el proceso de paz y quieren entrometerse. Se está distanciando el diálogo en plena implementación de los Acuerdos”, agregó otro líder indígena.

La Silla también se comunicó con un dirigente empresarial que ha estado al tanto de las conversaciones y nos dijo que aunque por ahora la situación está complicada, ellos están dispuestos a seguir conversando “siempre y cuando haya respeto a la propiedad privada. Ese es el reto del Pdet”, nos dijo.

El balón por ahora está en la cancha del Gobierno, que a través de los Pdets, es quien debe liderar la discusión.

“Preocupa que hay un ambiente poco favorable para el Pdet y se pueden venir más tomas y más bloqueos”, le dijo a La Silla una fuente del Gobierno que ha estado al tanto de la instalación de este Pdet. “Sabemos que no vamos a resolver todo pero lo ideal sí sería avanzar para superar los cuellos de botella”.

Un reto, que dada las tensiones que existen, no pinta fácil.

Contexto

Las historias más vistas en La Silla Vacia