Por Laura Soto · 18 de Marzo de 2018

4687

0

Luego de que las curules afros quedaran en medio de una pelea jurídica en las elecciones de hace cuatro años porque los elegidos no eran afros, los dos que ganaron las curules ahora, que se las disputaban con 75 candidatos más, no tienen ese problema. Lo que sí tienen es trasegar público y político de más de 10 años, uno de ellos pasó por dos partidos tradicionales y otro tiene poderosas conexiones.

 

Y después de su elección dentro de la comunidad afro hubo diversas reacciones que reviven el debate en torno a la legitimidad de quienes ocupen esas curules. 

Este ha sido el eterno debate pues desde que fueron creadas por la Constitución de 1991 para asegurar la participación de la población afro en el Congreso hasta ahora no han empoderado a los organizaciones tradicionales, sino que han capturado la atención de blancos y de afros respaldados por blancos que no necesariamente representan a las comunidades, ni velan por sus intereses comunitarios.

Murillo, de funcionario a congresista afro

Jhon Arley Murillo sacó la mayor votación a nivel nacional con 24 mil votos. Fue avalado por el consejo comunitario ancestral de comunidades negras Playa Renaciente, en zona rural al nororiente de la ciudad de Cali que por primera vez avala a un candidato.

Este consejo tiene una vieja intención -de hace al menos 10 años- de que las autoridades nacionales, a través del Ministerio del Interior, les titule predios urbanos a su nombre.

Según Murillo, en el corregimiento Navarro, a orillas del río Cauca, donde está este consejo, llegó su abuela hace 35 años. Allí además, Murillo llevó varios programas del Icbf, cuando fue director de la regional del Valle.

Para conseguir los 24 mil votos que lo llevaron a la curul, Murillo nos contó que usó una “red de amigos en todo el país” que cultivó durante sus ocho años de trabajo en el Bienestar Familiar.

“A través de ellos contacté a las comunidades afros en diferentes partes del país”, nos dijo.

Además, dijo que los maestros afros en el Chocó adhirieron a su campaña porque él también es profesor; nos dijo además que las madres comunitarias con las que trabajó y capacitó en el Icbf, y familias de hogares y centro infantiles también fueron parte de su campaña.

Su estrategia de campaña fue muy similar a la de los políticos tradicionales con redes de apoyo en todo el país. Murillo las llama “estrategia de 1x10”.

“Hicimos un mapeo de líderes en las regiones, los busqué y los organizamos a través de un coordinador nacional con la estrategia de uno por diez. Un líder debía buscar a diez más y esa red fue la que nos ayudó en Antioquia, Chocó y el Pacífico” nos dijo, además de un porcentaje de votos de opinión.

Además, es cercano a la clase política tradicional. El año pasado el senador de La U, Roosvelt Rodríguez, que se reeligió y hace parte de la bancada en el Congreso de la gobernadora Dilian Francisca Toro, le dijo a La Silla que su grupo consideraba a Murillo como una de sus fórmulas a la Cámara.

Otra fuente que conoce el movimiento de consejos comunitarios en el departamento, nos dijo que Murillo era uno de los candidatos de otros partidos o circunscripciones apoyados por Nueva Generación (el grupo de la Gobernadora), aunque Murillo lo ha negado varias veces y dice que es independiente, sí reconoció que tiene una amistad con la gobernadora Toro.

El nuevo congresista fue director del Icbf del Valle desde el 2008 hasta 2016 y en el 2013 de la regional del Chocó. Nació en Istmina, Chocó en 1980, a sus 15 años se graduó de bachiller y salió a Cali para estudiar derecho en la Universidad Santiago de Cali. Entró al sector público en 2004 cuando trabajó en la Contraloría del Valle y tiene una especialización en docencia de educación superior y otra en derecho administrativo.

Banguero, la sorpresa

Detrás de Murillo y con curul luego de obtener 23 mil votos quedó Hernán Banguero Andrade, avalado por el consejo comunitario La Manuncia de López de Micay en la costa pacífica caucana. Es la primera vez que este consejo avala a un aspirante.

Su victoria fue sorpresiva para un sector de la población afro que hace parte de organizaciones sociales como PCN, Afrodes y del Consejo Nacional de Paz afro, según nos contaron tres líderes por aparte, porque “no estaba en el radar de nadie”, como nos dijo uno de ellos.

A diferencia de Murillo, Banguero sí se ha medido en elecciones.

En 2011 fue candidato al Concejo de Cali por Cambio Radical y solo sacó 829 votos; al mismo tiempo fue gerente de la campaña a la gobernación del Valle de Francined Cano del movimiento MIO, creado por el parapolítico Juan Carlos Martínez y el exgobernador Juan Carlos Abadía.

Es por esto, que una persona que conoce el proceso afro dijo que podría ser una ‘carta tapada’ del exsenador parapolítico Juan Carlos Martínez (que tenía su propia ficha a la circunscripción a través de su sobrino). Las demás fuentes consultadas descartaron esa posibilidad.

Además, desde esa época también se acercó al uribismo -donde militó oficialmente hasta el año pasado- de la mano de la hoy senadora Susana Correa, quien nos dijo que tiene una amistad con Banguero desde hace diez años. Además el congresista afro la apoyó en su candidatura al Senado en 2014.

La Silla trató de hablar con el electo congresista para conocer su estrategia de campaña pero no respondió nuestras llamadas ni mensajes.

Nació en Cali en 1968, fue rector del Colegio Panamericano de Cali, del que es dueño, así como del colegio Los Lagos, en el Distrito de Agua Blanca. Es biólogo genético de la Universidad del Valle, licenciado en biología y química de la Universidad Santiago de Cali, y magíster en educación de la Javeriana de Cali. 

Según dos fuentes, incluida una cercana a él, también es pastor cristiano y base de sus votos serían de creyentes a nivel nacional, así como de sus conocidos por su labor como profesor en Cali aunque sus votos en la ciudad sólo fueron 1.600.

“Su trabajo social con comunidades afros ha sido desde la iglesia y desde lo educativo” nos dijo esa fuente.

El debate después de la elección

Tres de las organizaciones más grandes de afros en el país, como son el PCN (que agrupa a 120 organizaciones étnicas a nivel nacional y la que tiene más consejos comunitarios inscritos del Pacífico), el Consejo Nacional de Paz Afro (Conpa) clave en los procesos consultivos para la implementación de los Acuerdos de Paz y Afrodes (que agremia a 96 organizaciones de víctimas afros) han mostrado inconformidad con la elección, principalmente porque dicen que los electos no vienen de organizaciones de base o no hacen parte de sus grupos, lo que, al juicio de ellos, les daría legitimidad dentro de la comunidad.

Comentarios similares también han aparecido en redes sociales e incluso la líder social y también candidata afro Francia Márquez, manifestó en un video luego de conocer su derrota que estas dos curules “quedan hoy en manos de gente que no tiene los intereses de reivindicar nuestros derechos”.

Mario Angulo, integrante del PCN en el Valle, nos dijo que la elección es “legal pero no legítima”. Dice que “las curules deberían ser ocupadas por líderes sociales que vivan en las comunidades y estén relacionadas con todas las problemáticas y necesidades de los afros pues son ellos quienes serán capaces de defender su agenda sin temor y ante todo”.

De todos modos, no existe el requisito específico de que el candidato afro deba vivir o haber trabajado en el consejo comunitario que lo avala.

Una reacción similar a la de Ángulo tiene Marino Córdoba, líder de Afrodes y quien sonó como candidato a las circunscripciones de paz (hasta que las hundió el Congreso).

“Mientras estas curules no estén reglamentadas y tengan unos requisitos claros, vamos a seguir con este debate elección tras elección” nos dijo Córdoba, quien pese a las críticas, nos confirmó que su organización ya ha hablado con Murillo para “abordar la agenda afro y esperamos ahora sí por fin que los que estén en estas curules trabajen por nuestro derechos y nuestra comunidad”, agregó.

Pero para Ray Charrupi de Chao Racismo, el hecho de que una persona no haga parte de ese proceso social de base no los hace ilegítimos.

“Son personas que trabajan por los afros desde otros espacios (Murillo desde el Icbf, y Banguero desde la educación) y son totalmente legítimos”, nos dijo.  

Algo similar nos dijo que un académico que dice que el no estar dentro del territorio o hacer parte del movimiento afro no necesariamente significa que no pueda ser un buen representante de los intereses de los afros y que el hacer parte del proceso social tampoco excluye la posibilidad de que puedan ser corruptos o no defender sus derechos.

CONTEXTO

Las historias más vistas en La Silla Vacia