Ser líder social sin morir en el intento: l

En esta primera entrega de una serie de artículos se muestra que la mortandad de líderes sociales y la extinción de varias colectividades están relacionadas con diversos daños y conflictos ecológicos.

Fredy Cante
Fredy Cante
Profesor de la Facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario
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10 de Julio de 2018

En este artículo se exponen unos planteamientos teóricos y se mencionan algunos indicios para defender la siguiente hipótesis: el exterminio sistemático de líderes sociales en Colombia es apenas la punta del iceberg de la destrucción y el saqueo de recursos naturales como consecuencia de la economía extractiva que ha sido concomitante con el proceso de paz.

 

La relación entre daños ecológicos y conflictos sociales

En el ensayo “What is Social Ecology?”, Murray Bookchin muestra la relación entre ecología y sociedad. Sus ideas básicas se resumen como sigue.

Nuestros actuales problemas ecológicos se originan en estructuras sociales injustas y en conflictos sociales bastante arraigados como: diferencias de género, limpieza étnica, diversas divisiones de la sociedad en grupos rivales y excluyentes (países, clases sociales, grupos de interés, divisiones entre el campo y la ciudad, etc.).

El calentamiento global, el notable incremento de economías extractivas (diversos tipos de minería y monocultivos a escala industrial), la multiplicación de hidroeléctricas, y la colosal deforestación tienen su origen en un conflicto social entre los intereses de unas corporaciones que se oponen a la sobrevivencia del resto de la sociedad, y que amenazan la continuidad de la vida en la tierra.

La existencia de relaciones sociales de dominación (sociedades fragmentadas en clases y atravesadas por diversas jerarquías) es compatible con el antropocentrismo:  la visión de un ser humano que debe dominar, conquistar, controlar y usufructuar de manera irrestricta a la naturaleza.

La destrucción de la naturaleza se ha incrementado ostensiblemente con el advenimiento y desarrollo del capitalismo o sociedad de mercado autorregulado. Una competencia mercantil sin barreras, en donde el imperativo es “crecer o morir”, que obedece a dos fuerzas psicológicas y sociales: el ánimo de lucro o codicia indómita de los inversionistas, y a los apetitos insaciables de los consumidores.

 

Daños ecológicos y exterminio de líderes sociales en Colombia

En un reciente texto (Handbook of Research on Transitional Justice and Peace Building in Tubulent Regions, editado por Fredy Cante and Hartmut Quehl), siguiendo el visionario planteamiento de Walter Benjamin, mostramos que, en el mejor de los casos, la paz es un proceso de cese de agresiones entre seres humanos, seguido de un ineluctable progreso económico que se traduce en una guerra en contra de la naturaleza.

En Colombia se ha logrado poner fin a un conflicto armado de medio siglo con la más longeva guerrilla del mundo (las FARC), pero este proceso de paz tiene al menos cuatro grandes fallas, a saber: a) se ha negociado con un muy importante actor armado, pero habiendo dejado fuera de la mesa de negociación a los reductos y mutaciones de los paramilitares se ha generado un caldo de cultivo para nuevas hostilidades; b) no se ha puesto fin al rentable y violento negocio del narcotráfico (que sólo finalizaría con la legalización del mercado de la coca) y esto mantiene vivas algunas disidencias de las FARC y a otros grupos violentos; c) en materia económica existe una continuidad entre la era Uribe y la era santista: 16 años de confianza inversionista (gracias a la pacificación de Uribe y a la paz de Santos) y acentuado neoliberalismo que fomentan una economía extractivista en el país, con un incremento de la extracción de petróleo, la minería, los monocultivos agroindustriales para biocombustibles y las represas; d) aunque en la Habana se discutió acerca de la redistribución de la tierra, tristemente no se tocó el modelo de economía extractivista imperante en Colombia,  y hay que recordar que los grupos insurgentes (recientemente las FARC y ahora el ELN),  a través de la minería ilegal, han tenido su propia “locomotora minero-energética”.

En el documento “KILLING SOCIAL LEADERS FOR TERRITORIAL CONTROL: THE UNINTENDED CONSEQUENCES OF PEACE” (link: ) unos investigadores de la Universidad del Rosario muestran que existe algún patrón sistemático en el asesinato de líderes sociales (el cual se ha disparado desde el cése al fuego con las FARC en el 2014).

Básicamente señalan que muchos de los líderes asesinados eran pobladores de zonas anteriormente dominadas por las FARC, y que actualmente están siendo ocupadas por otros grupos violentos y, además, tienen baja presencia estatal y una ineficiente justicia local.

Este interesante trabajo podría ser complementado con la lectura del clásico texto de Mancur Olson (), el cual permite entender que los grupos armados insurgentes y contra-insurgentes son criminales estacionarios (señores de la guerra) que extraen cuantiosas rentas de las comunidades sobre las que ejercen su despótico dominio. Los diversos grupos violentos tratan de reprimir acciones colectivas y liderazgos que puedan dañar sus rentables negocios.

Se debe resaltar que en el país existe un repunte de la economía extractiva, un colosal incremento de la deforestación (en particular en el Amazonas) y un acentuamiento del narcotráfico (que para unos es laxitud santista y para otros fracaso de la política represiva heredada de Nixon), lo cual implica una ola de desastres ambientales que, posiblemente, no se frenarían durante el cuatrenio Duque (Uribe) que está a punto de comenzar.

En El Tiempo: (link: ) se resume un informe elaborado por Indepaz, Cumbre Agraria y Marcha Patríotica, en el que se muestra que en este año han sido asesinados 120 líderes. Un hallazgo importante de tal trabajo es que más del 83% de los líderes asesinados estaban liderando acciones colectivas por la defensa de recursos naturales ante amenazas como el narcotráfico, la minería y los sabotajes a la restitución de tierras al campesinado.

Existe otro estudio hecho por CODHES y el Centro Nacional de Consultoría en donde se muestra que Antioquia, Cauca y son los departamentos en donde han sido exterminados más líderes sociales. En ese mismo trabajo se destaca que el mayor número de vidas perdidas se concentra en líderes comunitarios, seguido de líderes campesinos, indígenas y afrodescendientes.  Ver el link: ()

 

Conclusión

Hace más de setenta años fue escrito el poema “y por mí vinieron…” que algunos atribuyen al dramaturgo Bertold Bretch y otros a un pastor llamado Martin Niemöller. Lo interesante es que este podría ser recreado para la actual situación del país así: primero mataron a líderes comunitarios pero como yo no era líder comunitario guardé silencio; luego ultimaron a los líderes campesinos, pero como yo no era líder campesino mantuve silencio; posteriormente exterminaron a los líderes afros e indígenas pero como yo no era líder de minorías étnicas persistí en mi silencio … ahora que se avecina mi muerte a causa de la destrucción y envenenamiento de agua y aire, de la deforestación y de la galopante inseguridad alimentaria, es demasiado tarde para entender que ellos venían por las cuantiosas rentas de recursos minerales y energéticos que, en todo caso, fueron un “toque del rey Midas” para los ingenuos que creyeron en las economías extractivas.