¡No más agua contaminada en los humedales!

El sistema hídrico de la Capital Colombiana sufre un proceso avanzado de contaminación, que se agrava con el crecimiento desordenado de la ciudad, afectando con ello a los humedales, la vida silvestre y la salud pública.

Mauricio Castaño
Mauricio Castaño
Diseñador Gráfico y líder ambiental.
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03 de Noviembre de 2017

¿Hasta cuándo seguirán siendo aplazadas las inversiones por parte de la Empresa de Acueducto de Bogotá para comenzar a descontaminar el agua que ingresa directamente a los humedales y la que discurre por el sistema de quebradas y canales que hacen parte de sus micro cuencas? 

La situación cada vez está peor, hoy es más evidente aún por el olor y el color que muestran la pésima calidad del agua. Por el sistema hídrico de la ciudad sólo debería circular agua lluvia, sin embargo, predominan las aguas servidas residenciales e industriales. En verano, cuando la carga de agua lluvia disminuye, es imposible respirar con tranquilidad. En el sistema hídrico de Bogotá, según estudios de del agua de la Empresa de Acueducto de Bogotá realizados desde el año 2000, la concentración de metales pesados, grasas, hidrocarburos, coliformes fecales, detergentes, ha superado todos los niveles permitidos. 

La carga de aguas residuales está desbordada desde hace mucho tiempo, entre otras razones, por vertimientos directos causados por nuevos proyectos de urbanismo en altura, a los cuales no se les exige invertir en nueva infraestructura sanitaria para ampliar la existente, ya que no está diseñada para soportar las enormes descargas que los nuevos edificios de hasta diez pisos, que con sus residentes, van a generar. Todo parece indicar, que la solución más fácil y menos costosa para algunos urbanizadores ha sido conectarse al tubo de aguas lluvias (el cual es de mayor tamaño) el cual lleva el agua a los canales pluviales, aumentando así la carga contaminante.

La EAB otorga la disponibilidad de servicios públicos y el urbanizador, por su cuenta, toma la decisión que más le conviene a él no a la ciudad. No hay seguimiento, denuncias o cruce de datos con la autoridad ambiental -la Secretaria Distrital de Ambiente- para determinar cómo se conectó el constructor y si el problema creció en detrimento de la salud pública y la vida silvestre.

Al final, estos caudales de aguas putrefactas llegan a los humedales, sea directamente o por desborde en invierno, afectando la fauna y flora que allí habita, vida silvestre que requiere de agua limpia para sobrevivir, fría y con mucho oxígeno disuelto. El fallo del río Bogotá ordenó corregir todo este desorden y pasivo ambiental, desde su cuenca alta.

Transcurre el tiempo y las soluciones de fondo no llegan. Informan los funcionarios encargados del tema, en diferentes espacios, que el presupuesto no les alcanza, sin embargo, para construir 97 kilómetros de zonas duras (“corredores ambientales”) en los cuerpos de agua y cerros orientales, el Concejo de Bogotá sí facilitó un de los cuales 590 mil millones son para este objetivo. 

Ostentoso gasto justificado para favorecer la movilidad y el turismo, a pesar del enrarecido ambiente que ofrecen estas aguas que emiten vapores no recomendados para la buena salud y la vida sana. Y está el proyecto Canoas el cual dicen, permitirá en ocho años “nadar en el río Bogotá”, otro sofisma. Por favor no más incoherencia!