Los retos ambientales de la RAP Caribe I

Esta semana se firmará en Barranquilla la creación de la Región Administrativa y de Planificación Caribe, son muchos los retos ambientales que deberá enfrentar la RAP Caribe, si los gobernadores quieren superar la historia de malas prácticas, la pobreza rural y el deterioro ambiental asociado a los bosques secos, los ecosistémas acuáticos y la zona costera.

Sandra Vilardy Q
Sandra Vilardy Q
Profesora Universidad del Magdalena
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17 de Octubre de 2017

Esta semana se firmará en Barranquilla la creación de la Región Administrativa y de Planificación Caribe, un hito más en los procesos de consolidación de la descentralización de la toma de decisiones en el país. Son muchos los retos que deberá enfrentar la RAP Caribe, si quieren los gobernadores y las bancadas políticas superar la historia de malas prácticas.

Lo primero que deberían hacer es pensarse la Región para sumar capacidades en lugar de dividir recursos. Superar la pobreza rural y el deterioro ambiental son dos de los retos que están íntimamente ligados, en una región donde la naturaleza siempre dio que comer pero que hoy en día la fertilidad de sus suelos y la abundancia de sus ciénagas y mares no son sino buenos recuerdos.

La Región Caribe no es sólo un sueño de autonomía política, es sobre todo una realidad territorial determinada fundamentalmente por la interacción del clima seco caribeño sobre una gran planicie, cuya continuidad solamente es alterada por la Sierra Nevada de Santa Marta, los montes de María, las Serranías de San Lucas, el Perijá y la Macuira.

Este vasto territorio en algún momento estuvo dominado por bosques secos tropicales, que servían como una cubierta biológica para evitar la sequía y la pobreza, pero la ganadería extensiva, la agricultura y minería los dejaron reducidos en parches de bosques fragmentados y arrinconados en áreas protegidas cada vez más amenazadas.

Hoy en día en el país queda menos del 8% de los bosques secos y las consecuencias de ello las conocemos perfectamente en el Caribe. La región con mayor índice de desertificación del país, con las zonas más vulnerables ante los efectos del cambio climático y con deudas importantes para dinamizar la economía regional y disminuir la pobreza.

Otro de los elementos claves en la Región Caribe es el agua que no llega con la lluvia sino con los ríos, el agua que es mucho más que un recurso hídrico y conforma una diversidad de ecosistemas acuáticos, que configura la cultura anfibia descrita por Orlando Fals Borda sobre los habitantes de la depresión momposina y que se extiende a todos los habitantes de los sistemas de ríos, caños, playones y ciénagas del Magdalena, Cesar, San Jorge; que como una red de vasos sanguíneos llevaba el agua y los peces por pulsos de inundación según la temporada climática a lo más profundo de los rincones del Caribe.

Hoy los cauces han sido afectados por la minería, la sedimentación, la deforestación, la pérdida de sus ciénagas, la contaminación y el robo de agua (sí, ya empiezan las guerras del agua); la suma de todos estos procesos han alterado los mecanismos de regulación del agua, entonces como en Macondo pasamos de tragedia en tragedia, cuando el agua inunda los pueblos mal construidos en los terrenos del agua, o cuando el agua se escapa y solo se intuye en las ciénagas secas con el suelo cuarteado que ya no da peces que comer.

Pero la región Caribe no sería Caribe sin su mar, aunque eso en la planificación parece que sólo importa al momento de ubicar más puertos y hacer crecer ciudades que se comen las dunas y las zonas litorales. La erosión costera y el ascenso del nivel del mar deberían tener una agenda regional permanente de un alto nivel técnico.

Sin embargo la feria de los espolones, de licencias de construcción en primera línea de playa y de licencias ambientales para puertos en áreas de alta sensibilidad ambiental, no ha permitido hacer análisis regionales y subregionales de cómo se han afectado la dinámica de los sedimentos y se han aumentado los niveles de vulnerabilidad. 

La RAP Caribe debe enfrentar sus retos de planificación desde una base territorial, comprendiendo que hemos perdido demasiado de las dinámicas biofísicas, por lo tanto los retos para restaurar la biodiversidad y con ella las funciones y servicios ecosistémicos son enormes y deben ser priorizadas.  

Reconstruir la base natural  puede ser una excelente inversión para que por un lado trabajemos en prepararnos como región ante los efectos de cambio climático y por otro lado reconstruir la trama socioecológica de este Caribe eterno, lleno de historias de fauna, del agua, del mar, que hacen parte fundamental de la identidad Caribe. Con eso podremos tener una plataforma biofísica para disminuir la pobreza y dinamizar la economía regional con la naturaleza y no a costa de ella.