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Las compensaciones en su justa medida

La pérdida de biodiversidad por el impacto de proyectos de desarrollo es un problema económico, social y ambiental que es necesario entender en sus justas proporciones para resolverlo.

María Isabel Vieira Muñoz
María Isabel Vieira Muñoz
Especialista en Compensaciones en The Nature Conservancy
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29 de Mayo de 2018

La pérdida de biodiversidad por el impacto de proyectos de desarrollo es un problema económico, social y ambiental que es necesario entender en sus justas proporciones para resolverlo.

Las compensaciones por pérdida de biodiversidad están de moda. En la gran red que se teje entre actores e intereses alrededor de esta estrategia son muchos los mitos y expectativas que hacen que el tema sea uno de los de mayor relevancia para la gestión de la biodiversidad en el país. A través de las compensaciones, las empresas necesitan cumplir sus obligaciones, las consultoras buscan oportunidades de negocio, la academia y los institutos de investigación ambiental ven una oportunidad para hacer ciencia y alimentar los sistemas de información, y las autoridades ambientales tienen una oportunidad para mejorar la gestión de la biodiversidad e integrar los sectores productivos para que se apropien de sus impactos y los manejen de manera responsable.

Mucho se ha especulado sobre las compensaciones por pérdida de biodiversidad, ahora conocida como del componente biótico: desde miles de millones en recursos represados, la falta de áreas disponibles para compensar, hasta la creencia de que esta política representa un freno para el desarrollo del país. Sin embargo, hay que reconocer que es un instrumento que busca innovar en el manejo de los impactos de los proyectos sobre la biodiversidad. Y, lo más importante, que es el último eslabón de la jerarquía de la mitigación.

La jerarquía de la mitigación es una metodología que busca una juiciosa planificación de los proyectos y sus impactos, con el fin de prevenir, mitigar y restaurar antes que compensar los efectos negativos del proyecto sobre la biodiversidad.

La correcta planificación de un proyecto es fundamental para buscar su viabilidad y garantizar su buen desarrollo. Parece obvio, pero se ha visto en la práctica que esto no ocurre en todos los casos. Esta planificación puede hacer la diferencia entre un desastre ambiental y social, y un proyecto responsable que aporte al desarrollo sostenible del país.

Ahora bien, las compensaciones, como último recurso, pueden convertirse en oportunidades importantes para el a veces débil sector ambiental, en la medida que abren posibilidades de inversión en los territorios, aportan en la implementación de portafolios de restauración, prioridades de preservación y, actualmente, podrán fortalecer la consolidación de iniciativas como bosques de paz, que parecen abrir una ventana de posibilidades para el desarrollo de los territorios históricamente en conflicto.

Sin embargo, no hay que perder de vista que las compensaciones en sí mismas no son ni serán la salvación financiera del sector ambiental. Son un instrumento que se suma al abanico de obligaciones relacionadas con el licenciamiento ambiental. ¡Démosles su justa medida!

Por otro lado, las compensaciones están en el momento justo de convertirse en el héroe o el villano de la gestión de biodiversidad. Más aún: podrían pasar desapercibidas en la historia ambiental, como un momento de euforia que no dejó más que iniciativas dispersas y efímeras en el territorio, de las que apenas quedó el cumplimiento de una obligación.  

Es por esto que todo este abanico de posibilidades se debe desarrollar de manera articulada: bajo los marcos de prioridades, planeación, ordenamiento territorial y, sobre todo, tomando en consideración las condiciones sociales y ambientales de los territorios donde se desarrollan. No hay que perder de vista la necesidad de fortalecer las capacidades de autoridades y responsables de los proyectos y consolidar estrategias de seguimiento y monitoreo adecuadas para evaluar la efectividad de la implementación.

Las compensaciones representan una oportunidad más allá del cumplimiento de obligaciones derivadas del estudio de impacto ambiental. Gestionadas adecuadamente, las compensaciones podrán convertirse en una forma de complementar la gestión de áreas protegidas. Puede ser un motor que dinamice las actividades de restauración, tan necesarias en el país, y una oportunidad de trabajo para que comunidades locales encuentren alternativas de mantener la biodiversidad vinculada a sus formas de vida.

Finalmente, lo que nos queda por delante es un arduo trabajo entre todos los actores. Cada uno puede aportar un nudo que ayude a fortalecer y crecer esta red que permita que cientos de iniciativas sumen y generen territorios más sostenibles. Un trabajo bien articulado puede hacer que las poblaciones locales vean oportunidades para quedarse en sus territorios en paz y con bienestar. Si las compensaciones, en su justa medida, aportan a la construcción de estos territorios, podremos demostrar que el desarrollo, bien planificado, es la mejor oportunidad para la sostenibilidad para el país.