Inversión en prioridades ambientales que no dan la talla

El Plan de Desarrollo de la Bogotá Mejor para Todos, en su capítulo ambiental, confunde al lector y le hace pensar que se harán grandes inversiones para recuperar el sistema hídrico y los cerros orientales. Lo que se hará es una red de 58 km lineales de zonas duras que dejarán una cicatriz imborrable en el patrimonio natural.

Mauricio Castaño
Mauricio Castaño
Diseñador Gráfico y líder ambiental.
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13 de Diciembre de 2017

Los Bogotanos estaremos endeudados por décadas debido a los cupos de endeudamiento que el Concejo de Bogotá le aprobó este año al alcalde Mayor, que incluyen el metro elevado y Transmilenio avenida séptima y otro que pasó desapercibido, otorgado a la Empresa de Agua y Alcantarillado de Bogotá-EAB por de pesos, para: “celebrar operaciones de crédito público externo e interno, o ambas, así como operaciones asimiladas a las anteriores y conexas, destinadas al financiamiento del plan de inversiones, sujeto al cumplimiento de las disposiciones vigentes sobre la materia.” 

El plan de inversiones de la EAB, al cual se refiere el Acuerdo, se supone debe obedecer a su objeto institucional, prestar el servicio de agua y alcantarillado, el cual además por efecto del fallo del río Bogotá deberá destinar grandes recursos para la descontaminación de su cuenca alta y cauce. 

Sin embargo, la EAB en reunión de la Mesa de Humedales del 15 de agosto, presentó el plan de inversión para el proyecto de “Corredores Ecológicos”, con dos objetivos: movilidad y turismo. Suena extraño, porque no está presente el manejo para descontaminar el agua ordenado hacer por la Magistrada Nelly Villamizar, a todas las instituciones responsables del manejo del sistema hídrico.

Estos corredores, según lo explicó la EAB, consisten en la construcción de siete kilómetros de zonas duras compuestas por ciclo rutas, senderos duros, plazoletas, miradores e iluminación (parques lineales), que serán construidos en el río Bogotá, los cerros orientales, canales, quebradas y en todos los humedales de la ciudad. Serán 580.000 millones destinados al endurecimiento de parte del patrimonio natural de Bogotá. Ciudad que cuenta con un por habitante de 11 mt2. ¿Qué tiene que ver este proyecto con el objeto social de la EAB? La respuesta es, nada.

Estos componentes naturales, los cuales pertenecen a la estructura ecológica principal, en el Plan de Ordenamiento Territorial-POT (decreto 190 de 2004) son los que todavía permiten mantener el equilibrio ambiental de la ciudad, a pesar del inmenso deterioro que tienen muchos de ellos. Ahora, a ese deterioro habrá que sumarle uno nuevo y ostentoso, pagado en dólares, el cual, sin duda, dejará una huella no ecológica sino urbanística, en áreas destinadas para la conservación de la flora y fauna andina, la filtración del agua, la regulación del ciclo hidrológico y el cambio climático, y sí, también, para la recreación pasiva, pero no la activa. 

Al respecto, ya comenzaron a generarse los cambios normativos para ir acomodando lo aprobado en el Plan de Desarrollo, a través del decreto distrital 565 de 2017, se cambió un componente fundamental de la Política Distrital de Humedales, la definición de recreación pasiva, en la cual se habla de obras de “mínimo impacto”, aspecto ignorado para, ahora, permitir la construcción de obras duras en la zona de protección ambiental de estos ecosistemas. Se hizo desconociendo normas superiores, el rigor subsidiario y fallos de las altas cortes, de manera inconsulta y sin aviso alguno. Hecho que ha generado un enorme descontento en la comunidad que ha defendido los cerros, las quebradas, el río Bogotá, la reserva Thomas Van der Hammen y los humedales por más de 20 años.

La Gerencia del Sistema Maestro de la EAB, será la encargada de desarrollar este despropósito de los “corredores ecológicos”, los cuales no van a servir para permitir “el transito de especies entre diferentes ecosistemas”, como se entiende en el mundo de la biología, sino para el tránsito de personas a pie, bicicleta y en otras máquinas que la ciudad ya conoce. Y lo harán por un sistema altamente contaminado, pleno de aguas residuales industriales y residenciales las cuales, a su vez, con los vapores que desprenden, contaminan el aire y generan un alto riesgo de contraer enfermedades respiratorias. No en vano el hecho en Medellín por parte de investigadores de la Universidad Nacional, sobre la calidad del aire, da cuenta de como las micro partículas PM2.5 presentan altos índices de bacterias, virus, metales pesados, hongos, entre otros, afectando de manera directa al ser humano y con seguridad, también, a la fauna silvestre, creando así un círculo vicioso de enfermedad  y no de salud, como debería ser su propósito.

Esta será la mega obra ambiental, que cambiará la oportunidad de invertir en salud pública y en la protección de los ecosistemas naturales, por la construcción de un enorme sistema de urbanismo, cuando podría ser más bien menos agresivo e invasivo, de verdad ecológico y en materiales que sí se integren con el entorno natural en donde estarán empotrados por décadas. Hay varios ejemplos hechos en algunas quebradas de los cerros orientales y uno en el , realizados por la misma EAB, en administraciones anteriores, los cuales fueron respetuosos del ambiente y sus resultados están a la vista.

No se trata de impedir que los Bogotanos disfruten del sistema hídrico de su ciudad o de los cerros orientales, sino que lo hagan según el espacio en el que se encuentren, con ética de cuidado y en armonía con los otros seres vivos que allí habitan, esos que no se pueden defender de la incoherencia de los gobernantes.