Hidroituango: ¿un pequeño impase?

Para negociantes y políticos beneficados con este megaproyecto energético, los daños ambientales y el sufrimiento de las víctimas del desarrollo son un impase; para los moradores de la zona es todo un sacrificio. 

Fredy Cante
Fredy Cante
Profesor de la Facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario
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14 de Mayo de 2018

Algunos estudiosos deifican la energía hidroeléctrica, a la que califican de limpia y renovable. En consecuencia la consideran tan benéfica como la energía solar y la eólica pues, afirman que a diferencia de los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas), la energía hidroeléctrica no genera gases de efecto invernadero.

 

Si la energía cinética y potencial del agua estuviese siempre dispuesta en saltos naturales, en mareas y en corrientes silvestres acuáticas, quizás podríamos afirmar ¾sin demasiados rubores¾, que la energía hidroeléctrica es limpia, renovable y barata pues, posiblemente,  sólo habría que invertir en turbinas hidráulicas y en generadores allí donde existan caídas naturales de agua.

 

Lo triste de la realidad es que gran parte de generación de electricidad a partir de agua es un proceso con graves impactos ambientales que literalmente equivale a violentar la naturaleza. Una represa es resultado de convertir un flujo de agua (una parte del curso de un río que fluye libremente) en un acervo de agua represada en una colosal piscina artificial. A pesar de la apacible belleza de gigantescos depósitos de agua como la gigantesca represa de las Tres Gargantas (en China), o de otros más pequeños como Guatapé,  las represas artificiales tienen dos grandes problemas:

 

  1. El proceso de represamiento de agua es anti-natural y, además, nocivo. Equivale a desviar el curso de un río, implica inundar grandes extensiones de terreno silvestre que es selva o bosque (mediante procesos que resultan equiparables a la deforestación y a la nociva implantación de monocultivos a escala industrial).  Como todo ser vivo e inteligente que busca su libertad, la naturaleza se rebela y los seres desplazados forzosamente buscan volver a su lugar natural: aprovechando épocas de lluvia los ríos inundan zonas desecadas artificialmente, o desbordan los muros que les aprisionan. Esto último es lo que ha ocurrido en días recientes con el río Cauca, particularmente en la zona donde se desarrolla el megaproyecto energético llamado Hidroituango.

 

  1. El represamiento artificial de agua es, en un sentido económico, la apropiación y substracción de un gigantesco acervo de este recurso, lo que facilita su privatización y hace de la generación de energía hidroeléctica un gran negocio que beneficia al Estado y a los empresarios privados. Esta economía extractiva está orientada a suplir, prioritariamente, las necesidades (o caprichos) del llamado mercado interno (con el argumento de la autosuficiencia energética) o del mercado externo (con la exportación de un recurso estratégico). ¡los consumidores obtienen electricidad para activar sus cachivaches y expandir el día, y los inversionistas ganan muchos dólares!

 

El megaproyecto Hidroituango (que habría entrado a funcionar en diciembre del presente año), resulta de la inundación de unas 3.800 hectáreas (el equivalente a una décima parte de la ciudad de Medellín), y afecta a los municipios antioqueños de: Ituango y Briceño donde se construyen las obras principales y de Santa Fe de Antioquia, Buriticá, Peque, Liborina, Sabanalarga, Toledo, Olaya, San Andrés de Cuerquia, Valdivia y Yarumal. Se calcula que unos 20 millones de metros cúbicos de agua quedarían represados, y se generarían 2.400 MW, lo que representa un 17% de la demanda doméstica de energía en el país. Más detalles aparecen en:

 

Este megaproyecto extractivista tiene costes y daños ambientales (erradicación de flora y fauna en la zona de la represa) y, además, muestra una correlación entre masacres y confianza inversionista. Este proyecto energético se concibió a fines de los setentas del siglo pasado y se puso en marcha en el año 2010 (luego de ocho años de seguridad democrática). Algunos estudiosos sociales han examinado las sombras de esta megaobra: entre 1982-2016 han ocurrido 62 masacres en los municipios en donde se desarrolla Hidroituango, con un número de víctimas mortales que podría ascender a 600, además ha existido un desplazamiento forzado (de víctimas de este proyecto de desarrollo) y la consecuente pérdida del tejido social. Esta violencia se atribuye a los paramilitares, que han operado en la zona y han usado nombres tan dicientes como “bloque mineros” y “los doce apóstoles”.  Ver más en: y en .

 

Lo que ocurre con la naturaleza y con los seres humanos afectados negativamente por proyectos de desarrollo como el proyecto energético Hidroituango, se puede entender un poco mejor gracias a las luces que arroja el académico Steven Lukes en su fascinante texto Liberals and Cannibals: The Implications of Diversity. Ocurre que los tecnócratas, en particular, los más acérrimos neoliberales suponen (convenientemente), que los proyectos de desarrollo pueden tener externalidades negativas, las cuales se pueden remediar a través de pagos compensatorios: para todo daño existe un posible intercambio o “trade-off”, por ejemplo a una comunidad desplazada se le puede encontrar un nuevo hábitat, y una siembra de semillas o plantulas puede reparar la capa vegetal que se mutila en un proceso de deforestación. No obstante, para traer a cuento el lenguaje de los arrieros tan estilado en las montañas antioqueñas “una cosa piensa la mula y otra el que la arrea”: sucede que los pobladores de las zonas afectadas por megaobras, que ante los ojos de “ilustres congresistas” como Paloma Valencia son “indios” y rémoras al desarrollo, resultan ser las víctimas del progreso y quienes sufren gran parte de los costes de los proyectos desarrollistas como Hidroituango.  Para estos moradores de zonas alteradas por la fiebre desarrollista  (una fiebre parecida a la búsqueda del Dorado), no existen intercambios sino  más bien grandes sacrificios. Sacrificar un proyecto de vida, un ecosistema y un tejido social son pérdidas que no pueden ser compensadas.

 

Lukes advierte que existe un dilema y no es fácil establecer quien tiene la razón. En el extremo del cinismo mercantil (de lógica de intercambio) todo se puede trivializar, y en la perspectiva del sacrificio se pueden generar conflictos muy extremos o no negociables.

 

Para el actual gobernador de Antioquia, Luis Pérez Gutiérrez, el desbordamiento del río Cauca en los últimos días, con los daños ambientales y sociales, y las pérdidas en la misma infraestructura de la obra, son nada más que un pequeño impase, y las quejas de las víctimas todo un novelón. Este dirigente neoliberal está en el cínico extremo de la lógica mercantil de los intercambios, a tal punto de ignorar o de pretender pagar muy barato el costo social y ambiental de Hidroituango.

 

El supuesto candidato verde Sergio Fajardo, quien fue gobernador de Antioquia entre 2012-2015, afirma que la emergencia es de grandes proporciones y hay enormes riesgos para las comunidades en la zona de Hidroituango; no obstante, no duda en advertir que este es un proyecto crucial para el desarrollo del país y es de importancia estratégica nacional. A renglón seguido niega cualquier responsabilidad en cuanto a lo ocurrido.

 

Debo concluir este escrito compartiendo dos grandes preocupaciones: primera, aún si el proyecto de Hidroituango hubiese sido un total éxito ingenieril (sin inundaciones y sin mayores imprevistos), existirían y existirán enormes daños sociales y ambientales no reparables; segunda, Hidroituango es como el país, a pesar de la retórica, los grandes dirigentes de derecha a izquierda en el poder han coincidido en promover el desarrollo a toda costa. En el caso de esta megaobra todos los gobernadores de Antioquia (y los presidentes de la Nación) desde fines de los setentas hasta hoy han puesto su granito de arena para el avance de la obra, y todos ellos tienen responsabilidad política en el manejo bueno o malo de Hidroituango.

 

 

Comentarios (1)

Andres Felipe Garcia Rovira

14 de Mayo

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Como siempre la solución es podemos cavar un hoyo y morirnos porque no entend...+ ver más

Como siempre la solución es podemos cavar un hoyo y morirnos porque no entender que somos seres dependientes de nuestras tecnologias, es olvidar minimo los ultimos 12.000 años. No entiendo como sigue vivo, cada vez que hace cualquier cosa implica la utilización de un recurso la mayoria no renovable, cuando come cualquier producto vegetal(porque supongo es vegano) cuantos kilometros recorre en un vehiculo que utiliza combustibles fosiles para llegar a usted.

Leer esto es recordar aquellos fundamentalistas cristianos que se volvieron Amish para detener la evolución en algun punto del siglo xVIII deberia intentarlo, a mi me sorprende que utilice un computador, es consciente de la cantidad de minerales raros que son consumidos y la logistica involucrada para que usted coloque este texto, es mas los paneles solares como se hacen?, cree que utilizan la energia de paneles solares para que virgenes tallen esa tecnologia.

Los profesores en antaño eran el vinculo con el conocimiento ancestral, pero despues de leer el texto sigo sin entender como aun vive en un mundo donde cualquiera de sus acciones hasta el simple acto de escribir este texto anacronico, tiene un impacto en la degradación de los ecosistemas y el fin del mundo. El problema es que si leyera mas, podria saber que esto ya esta en el acervo de la ciencia, se llama el segundo principio de la termodinamica e inevitablemente nos llevará al fin, no de la especie humana, solo un organismo entre multiples de los que han existido y existiran en este recondito paraje del universo, del que no necesariamente somos unicos con consciencia de que vamos a perecer, sino que el truco es la entropia negativa que es la vida, eso es lo que siempre saldra adelante y se renovará en cada ciclo. La proxima vez quisieramos ver mas coherencia si no hay tecnologia que no agreda al planeta por favor viva de acuerdo a ello porque de lo contrario seria solo un hiprocrita mas, que vive como parasito, mientras los demas somos simbiotes de nuestro medio.