Depredar o preservar, a propósito de Santurbán y otros ecosistemas

En Santurbán como en otros ecosistemas (río Atrato, Sierra Nevada, etc.) no existe una mágica cartografía o una fórmula conciliadora para satisfacer a depredadores y ambientalistas (un suave intercambio mercantil), sino una disyuntiva de vida o muerte, en un país y en un planeta tan arrasados por la extracción de oro y combustibles fósiles. 

Fredy Cante
Fredy Cante
Profesor en Universidad del Rosario
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27 de Noviembre de 2017

“Hazle un juicio,  y luego mátalo” es una de las recordadas frases que pronunció Klaus Kinski, cuando hacía el papel del tiránico conquistador Lope de Aguirre, en la película “Aguirre, la ira de Dios”, del extraordinario director alemán Werner Herzog, acerca de la fiebre del oro o la llamada leyenda del Dorado.

Cinco siglos más tarde continúa la fiebre del oro, y unas expresiones semejantes a la del loco Aguirre han sido emitidas recientemente, con cierto retoque, ya no por un grupo de conquistadores forajidos, sino por unos sujetos nacidos y criados en Colombia, y quienes dicen trabajar por el medio ambiente y, supuestamente, deberían defender el bien colectivo de la ciudadanía colombiana.

El Ministro del Medio Ambiente, Luis Gilberto Murillo, afirmó, básicamente, que las pretensiones de la empresa Minesa para extraer oro son técnicamente aceptables, pues la extracción se ubicaría por fuera del área del páramo que ha delimitado meses atrás del Instituto Humboldt. Según él sólo es cuestión de paciencia.

Esto equivale a afirmar que las voces de inconformidad de ambientalistas, de pobladores de la zona, y de la ciudadanía de Bucaramanga son un apenas un grito en el vacío, las consultas populares un saludo a la bandera, y que el destino de minería en Santurbán está trazado. En cuanto a otro tema relacionado, la nociva técnica del fracking, se limitó a sentenciar que ya todo está decidido desde el 2012, y que se implementarán proyectos piloto.

La directora del Instituto Humboldt, Brigitte Baptiste, afirmó que gracias a los buenos oficios del Instituto que lidera, de la Corporación Autónoma y del Ministerio del Medio Ambiente, ya existe una delimitación técnica. Dice que por fuera de los linderos trazados es legal que se haga minería a gran escala por parte de Minesa. Y deja entrever que la consulta que convoque a la ciudadanía de la zona y de Bucaramanga sería una formalidad más, para complacer a la Corte.  En su discurso sólo queda una fisura de duda, y es que en el estudio técnico de los impactos ambientales que deberá hacer la ANLA, se encuentre alguna interferencia de la minería con los flujos de agua subterránea del páramo, lo que debería conducir a negarles la licencia.

Para el supuesto presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, el problema es de sustitutos e intercambios, no de grandes sacrificios.

Parafraseando al sarcástico Federico Bastiat, el Estado no puede evitar beneficiar a unos sectores a cambio de perjudicar a otros, y cuando se agota el recurso de la tributación y del presupuesto, entonces procede a dilapidar los recursos del futuro mediante nueva deuda, o permitiendo la extracción de minerales estratégicos o preciosos del subsuelo.

Para Santos, como también para la tecnocracia,  Santurbán es una alcancía que debería abrirse plenamente para empresas foráneas como Minesa que apuesta una renta extraordinaria al pretender extraer, aproximadamente, nueve millones de onzas de oro. Lo que sobre del botín, un  exiguo 4 por ciento de regalías es lo que tomaría el Estado colombiano, suponiendo que el sucesor de Santos no sea más proclive a consentir a las grandes empresas foráneas.

En materia de intercambios de favores y de cabildeo, que es la esencia de la política, entendida como un mercado, los Emiratos Árabes Unidos, han donado US$45 millones a la administración Santos para colaborar con la empresa de la paz. En simultánea ha sido anunciado que, a través de su empresa Minesa, extraerán el oro de Santurbán.  Como lo dirían exponentes de la escuela del Public Choice, de la talla de Buchanan y Tullock, es difícil suponer que un gobierno seducido con un regalo y necesitado (de regalías), no se esfuerce por dar luz verde a esta minera.

El problema que existe en Santurbán es similar al existente en otros ecosistemas como, por ejemplo, la reserva Van der Hammen en Bogotá y el maltratado río Atrato en el Chocó y Antioquia. La solución no consiste en una demarcación que, en la lógica neoliberal del “desarrollo sostenible”, permita satisfacer a quienes abogan por más rentas (y mayor minería, y megaproyectos agrarios) y complacer también  a quienes dicen defender el medio ambiente. El tema es el de una disyuntiva entre optar por la preservación del medio ambiente, o permitir la depredación.

Defender la enorme montaña de Santurbán, con todos sus ecosistemas, es entender que la tierra es una enorme red que capta energía solar a través de la fotosíntesis, y que el páramo es una fábrica de agua que se irradia si no existen obstáculos ni aridez en el camino, y que el agua y las plantas permiten la vida.

Optar por la minería, es defender a los grandes parásitos y depredadores del sistema económico, quienes tendrán oro en forma de lingotes para resguardarse de la incertidumbre financiera; regalías para repartir mermelada entre políticos; joyas para alimentar la insaciable vanidad y el consumo ostensible de los exponentes de la clase ociosa; y lujosos enchapes y fetiches para fines ceremoniales en esas arquitecturas mafiosas que hacen las veces de lugares de culto en ciertas religiones.

Hace más de una década, en este país de Liliput, los bandos humanitarios de izquierda a derecha del espectro político, se empecinaban en trocar, muy al detal,  guerrilleros encarcelados a cambio de civiles secuestrados, como quien intercambia vacas por mulas. Por esos días, en su última columna de opinión,  el expresidente Alfonso López, legó el modelo de un sabio y magnánimo acuerdo humanitario: tierra para los campesinos pobres que la necesitaran para laborar, a cambio de que los rebeldes dejasen sus armas y suspendiesen sus agresiones.

Acuerdos humanitarios y medio ambiente no se puede defender con la mezquindad de los liliputienses.

Hoy existe un clamor de muchas poblaciones en Colombia,  y un imperativo planetario para transitar hacia unas economías menos depredadoras. Lo más sensato sería apostarle a unas economías que permitan la vida, y esto implica la preservación del medio ambiente,  y la implementación de la agricultura preferiblemente orgánica. La minería aurífera y la extracción de petróleo con la técnica del fracking y de carbón, deberían ser erradicadas del país si es que tomamos en serio la preservación de la naturaleza, y la vida de las próximas generaciones.

Respuestas al Debate (2)

Diego Silva Ardila

28 de Noviembre

111 Seguidores

Fredy, coincido que decidir entre la depredación y la preservación es un proceso complejo en una democracia en formación capturada por intereses rentistas. Considero que la preservación debería ser una prioridad y los mecanismos de compensación se deben activar para que las comunidades que cuidan el agua reciban parte del beneficio de los usuarios de los servicios ambientales. Yo escribí una reflexión sobre la coyuntura y creo que aporta a su reflexión. http://lasillavacia.com/silla-llena/red-verde/historia/mientras-tanto-qu...

Fredy, coincido que decidir entre la depredación y la preservación es un proceso complejo en una democracia en formación capturada por intereses rentistas. Considero que la preservación debería ser una prioridad y los mecanismos de compensación se deben activar para que las comunidades que cuidan el agua reciban parte del beneficio de los usuarios de los servicios ambientales. Yo escribí una reflexión sobre la coyuntura y creo que aporta a su reflexión. http://lasillavacia.com/silla-llena/red-verde/historia/mientras-tanto-qu...

Diego Silva Ardila

28 de Noviembre

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Fredy, yo escribí una reflexión sobre la coyuntura y creo que aporta a su reflexión. http://lasillavacia.com/silla-llena/red-verde/historia/mientras-tanto-qu.... Coincido que decidir entre la depredación y la preservación es un proceso complejo en una democracia en formación capturada por intereses rentistas. Considero que la preservación debería ser una prioridad y los mecanismos de compensación se deben activar para que las comunidades que cuidan el agua reciban parte del beneficio de los usuarios de los servicios ambientales.

Fredy, yo escribí una reflexión sobre la coyuntura y creo que aporta a su reflexión. http://lasillavacia.com/silla-llena/red-verde/historia/mientras-tanto-qu.... Coincido que decidir entre la depredación y la preservación es un proceso complejo en una democracia en formación capturada por intereses rentistas. Considero que la preservación debería ser una prioridad y los mecanismos de compensación se deben activar para que las comunidades que cuidan el agua reciban parte del beneficio de los usuarios de los servicios ambientales.