De Canadá a mi jardín

Barriendo el polvo y las hojas secas de mi jardín en Bogotá, me transporté a Canadá y regresé exhausta. Esta no es la historia de un viaje sicodélico, es la historia de una barrida poco común. 

Carolina Figueroa
Carolina Figueroa
Biodiversidad, cambio climático, áreas protegidas, energías renovables y ciudades sostenibles
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30 de Noviembre de 2017

Esta semana estaba barriendo mi terraza en Bogotá, tengo la fortuna de vivir en un apartamento pequeño que tiene una terraza casi igual de grande al espacio interior. Pero esta barrida fue muy diferente a todas las anteriores.

En mi terraza me he dedicado a experimentar sembrando plantas aromáticas, especies del bosque alto andino como el siete cueros y el mano de oso, también tengo suculentas y hasta un árbol de feijoa que en tres años me ha dado dos pequeñas frutas, muy dulces por cierto.

Mi jardín es un pequeño ecosistema donde poco a poco se han consolidado diferentes relaciones con el entorno bogotano: llegan colibríes cuando tengo un par de árboles florecidos, las babosas proliferan cuando las fresas están en cosecha, los copetones y las palomas se acercan (y se quedan) para deleitarse con diferentes ingredientes de su dieta diaria. Este pequeño ecosistema se ha vuelto resiliente al clima extremo bogotano y ha soportado tanto sequías como granizadas. Tiene heridas de combate pero sigue la lucha, día tras día.

Llegué a la casa después de un día de reuniones, con la cabeza saturada y como lo hago con frecuencia y a veces sin darme cuenta, me invento algo que hacer en la terraza para relajarme. Barrí las hojas secas y el polvo desprevenidamente, cuando llegué a la mitad de la terraza, vi un pajarito tieso y muerto sobre el piso.

Me costó mucho trabajo entender lo que estaba viendo y quedé en shock, dejé de barrer por unos minutos. ¿Cómo en medio de esta ciudad enorme, con muchos kilómetros cuadrados de cemento, un pájaro escogió mi terraza como su lecho de muerte?

Pensé que quizás se había estrellado contra la ventana, pero no, estaba lejos de ella. Seguí barriendo la terraza y quité todo el polvo y las hojas secas, pero el pajarito quedó tendido en el mismo lugar en el que lo vi. Luego de limpiar la terraza me acerqué de nuevo al cadáver, no lo reconocía. No era un copetón, tampoco una mirla, ni un colibrí.

Tampoco paloma. Son los que más se ven en Bogotá.

Quedé más intrigada  y entonces le tomé una , sin moverlo un milímetro. Tenía alas color verde oliva con un poquito de amarillo, el pecho blanco, un pico corto y puntudo. Era hermoso y era la primera vez que lo veía en Bogotá y en la vida. Recientemente me invitaron a ser parte de un grupo en redes sociales que se especializa en la biodiversidad en Bogotá, había leído muchas conversaciones sobre hongos, plantas y zorritos bogotanos, pero no había participado activamente en él, hasta este acontecimiento.

En cuestión de segundos me ayudaron a identificar la especie, se trata de un o verderón ojirrojo, es un pajarito que migra desde Canadá o Estados Unidos cuando allá es invierno y viaja hasta estas latitudes, a buscar comida. El pajarito que estaba en mi terraza era un héroe, había recorrido más kilómetros volando que yo sumando todos los kilómetros que he corrido en la vida con la energía de mi cuerpo (en bici y a pie).

No tenía rastro de haber sido maltratado, tampoco tenía malformaciones, nada, estaba intacto y con los ojos cerrados. No pude salvarlo, justo esos días no le había puesto comida a los pájaros, tampoco tenía agua. Pensé que quizás lo hubiera podido salvar con esos víveres, pero ya era muy tarde.

A partir de este incidente, supe por una amiga que en octubre BluRadio había lanzado un que se desviaron de su ruta, posiblemente por los huracanes del Caribe. El llamado era para que los ciudadanos estuvieran pendientes de pajaritos heridos para recuperarlos. A mi no me dio tiempo de ayudarle así que este verderón no alcanzó a retornar a su lugar de origen.

Resulta que Bogotá no sólo recibe especies de aves migratorias. En esta ciudad de más de 9 millones de habitantes se han registrado   en la ciudad, muchas de ellas en peligro ya que su hábitat está amenazado por el cambio climático y las transformaciones humanas. El cambio en el clima modifica las época de floración y de fructificación de las plantas, convirtiendo la disponibilidad del menú en un azar. La ciencia aún no sabe con certeza cómo se adaptarán las aves y las plantas al cambio climático, muchos sobrevivirán, otros no lograrán dar la pelea.

Luego de contar esta triste historia, quiero rescatar dos descubrimientos: 1) tenemos un margen de acción como ciudadanos: nuestros jardines, terrazas y balcones le aportan a la biodiversidad urbana y se convierten en espacios estratégicos para la supervivencia de muchos; 2) el acceso a las redes sociales y a plataformas como son una gran oportunidad para conocer nuestro entorno, crear ciencia y conciencia ciudadana y entender que vivimos en un sistema donde todos estamos conectados, afectándonos para bien o para mal.

Respuestas al Debate (4)

Santiago Briceño

01 de Diciembre

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Muy buen artículo. Es probable que el pájaro estuviera agotado de su largo viaje. La Alcaldía de Bogotá tienen un programa muy bueno para rescatar a estos héroes que se caen al suelo por pérdida de fuerzas, desorientación por la luz urbana, entre muchas otras razones. Acá el enlace para saber cómo actuar cuando nos encontremos con uno de ellos: http://www.ambientebogota.gov.co/web/fauna-silvestre/conservemos-nuestra...

Muy buen artículo. Es probable que el pájaro estuviera agotado de su largo viaje. La Alcaldía de Bogotá tienen un programa muy bueno para rescatar a estos héroes que se caen al suelo por pérdida de fuerzas, desorientación por la luz urbana, entre muchas otras razones. Acá el enlace para saber cómo actuar cuando nos encontremos con uno de ellos: http://www.ambientebogota.gov.co/web/fauna-silvestre/conservemos-nuestra...

Carolina Figueroa

01 de Diciembre

39 Seguidores

Gracias Santiago! muy útil esa info, acá pongo la dirección completa, sale un teléfono para este tipo de casos: http://www.ambientebogota.gov.co/web/fauna-silvestre/conservemos-nuestra...

Gracias Santiago! muy útil esa info, acá pongo la dirección completa, sale un teléfono para este tipo de casos: http://www.ambientebogota.gov.co/web/fauna-silvestre/conservemos-nuestra...

Santiago Aparicio

04 de Diciembre

35 Seguidores

Carolina, interesante artìculo para resaltar còmo las zonas urbanas, que aveces son subestimadas como ecosistemas, poseen todo un entramado de interacciones valiosas del cuàl somos parte junto con otros como este visitante de Canada. Gran oportunidad promover rutas de avistamiento y reconocimiento de aves en Bogotà, en especial en las mañanas, pues esto empieza a generar conciencia y conocimiento y valoraciòn sobre la naturaleza en las ciudades. 

Carolina, interesante artìculo para resaltar còmo las zonas urbanas, que aveces son subestimadas como ecosistemas, poseen todo un entramado de interacciones valiosas del cuàl somos parte junto con otros como este visitante de Canada. Gran oportunidad promover rutas de avistamiento y reconocimiento de aves en Bogotà, en especial en las mañanas, pues esto empieza a generar conciencia y conocimiento y valoraciòn sobre la naturaleza en las ciudades. 

Beatriz Luraschi

07 de Diciembre

34 Seguidores

Hermoso articulo, Caro! Es increible lo que pueden aportar unas pocas plantas nativas al ecosistema urbano. En Buenos Aires, en los ultimos dias, se avisto una brasita de fuego (un pajarito poco comun por esas partes) justo despues de que plantaran unos 40 arboles nativos en ese parque: http://www.elfederal.com.ar/plantan-arboles-nativos-en-palermo-y-aparece-un-brasita-de-fuego/

Hermoso articulo, Caro! Es increible lo que pueden aportar unas pocas plantas nativas al ecosistema urbano. En Buenos Aires, en los ultimos dias, se avisto una brasita de fuego (un pajarito poco comun por esas partes) justo despues de que plantaran unos 40 arboles nativos en ese parque: http://www.elfederal.com.ar/plantan-arboles-nativos-en-palermo-y-aparece-un-brasita-de-fuego/