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De basuras y Transmilenios

El común denominador de la producción de basuras y del transporte urbano es que ambos son problemas de acción colectiva, y que se han agravado por la evidente ineptitud de quienes lideran los destinos de la Urbe.

Fredy Cante
Fredy Cante
Profesor de la Facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario
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Columna

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12 de Febrero de 2018

 

 

Días atrás, en uno de los cuantiosos bordes verdes de Manizales, disfruté de caminatas matutinas respirando aire puro, viendo apacible paisaje campestre, y saludando y siendo saludado por cada uno de los muy pocos caminantes  y ciclistas. Ese ejercicio para el cuerpo y para el alma, que también puede hacerse en ciertas partes de los cerros tutelares de Bogotá, contrasta, como del cielo al averno,  con el siguiente poema de Charles Bukowski (manejando a través del infierno) que se cita íntegramente:

 

“La gente está exhausta, infeliz y frustrada, la gente es
amarga y vengativa, la gente está engañada y temerosa,
la gente es iracunda y mediocre
y yo manejo entre ellos en la autopista y ellos
proyectan lo que les han dejado de sí mismos
en su manera de manejar.
Algunos más odiosos, algunos más disimulados
que otros.
A algunos no les gusta que los pasen, e intentan
evitar que otros lo hagan.
Algunos intentan bloquear los cambios de carril.
Algunos odian los autos más nuevos, más caros.
Otros en esos autos odian los autos más viejos.

La autopista es un circo de emociones
chiquitas y baratas, es
la humanidad en movimiento, la mayoría
viniendo de un lugar que
odia
y yendo a otro lugar que odia todavía
más.
Las autopistas nos enseñan en qué
nos hemos convertido y
muchos de los choques y muertes son la colisión
entre seres incompletos, entre vidas penosas
y dementes.

Cuando manejo por las autopistas veo el alma de
mi ciudad y es fea, fea, fea: los vivos han
estrangulado
su corazón.”

 

Las urbes como Bogotá son grandes conglomerados de gente que vive hacinada en edificios de lujo o en sórdidos arrabales, y que en los márgenes se expande hasta ocupar lo más inhóspito de las montañas o lo más tétrico de los subterráneos. Además de ser un núcleo “productivo” de bienes y de servicios, también genera gente (alguna feliz y realizada, otra infeliz y mediocre, y otros peor entre lo más bajo), y es productora de basura sólida, líquida y gaseosa.

 

La calle pura, dura y gris, está inundada por el mundanal ruido de automotores y, en las últimas semanas por toneladas de basura, gracias a una muestra de improvisación de la administración Peñalosa que, en esto, parece haber ganando en ineptitud a la cuestionada alcaldía de Petro. Por lo demás, no hay que olvidar que desde hace varios meses, hay gente literalmente tirada como basura en muchas calles céntricas, son habitantes de la calle (y también son, para muchos, los mal llamados “desechables”), que se han desperdigado por la urbe luego de la controvertida intervención de la Alcaldía de Peñalosa en el Bronx.

 

El cielo, en lugar de ser la ventana hacia las montañas y el firmamento, es una autopista inundada de gases perjudiciales, contaminación lumínica, y miríadas de señales electromagnéticas. El río Bogotá, es una hedionda autopista líquida por donde fluye lo peor de las excrecencias de inversionistas y consumidores, quizás no habría quedado tan maltrecho si Goyeneche hubiese logrado realizar su sueño surrealista de ponerle una marquesina, o de pavimentarlo como lo quería hacer con el río Magdalena.  

 

En la autopista bogotana, muy similar al infierno narrado por Bukowski, circulan toda clase de conductores, quienes manejan bien o mal autos, que según el tipo de combustible, el tamaño, la antigüedad, y el trajín lanzan toneladas de basura gaseosa para tornar aún más gris y venenoso el aire citadino. Esta basura gaseosa se compone, básicamente, de gases de efecto invernadero (principalmente CO2 y metano) que son grandes causantes del calentamiento global, y una mezcla de polvo y humo (técnicamente denominado material particulado), que también proviene de chimeneas industriales y quemas forestales.

 

Transmilenio, ¾el gran sistema de transporte público y masivo ideado y ejecutado por el Alcalde Peñalosa¾, y que él no duda en equiparar con el Metro, proyecta, en realidad, lo peor del alma de quienes han conducido los destinos de la capital, y también de muchos de sus habitantes. Basta ver la rivalidad extrema de los usuarios que se cuelan, y de los que pagan y hacen fila, para ingresar a los “transmillenos” en horas pico. Y, con mucha preocupación, se lee un informe reciente de académicos del Observatorio de la Calidad del Aire de la Universidad de los Andes ( ), en donde se muestra que el pasado primero de Febrero (el día sin carro en Bogotá), aumentaron las emisiones de material particulado en la urbe. Los autores del informe explican que la causa principal es que aquel día que dejaron de circular motos y carros particulares, pero circuló toda la flota de Transmilenio (unos 2992 buses, con motores de combustible Diesel).  ¡Para el observador aguzado ya era sintomática la gruesa capa de hollín en las exclusivas pistas de Transmilenio!

 

De los grandes problemas urbanos como las autopistas y la generación de basura, podemos salir desplazándonos a urbes más pequeñas, a pueblos ínfimos y elementales, o volviendo al campo. También podemos quedarnos en la dura ciudad y hacer realizables sueños que, además de factibles, son tremendamente necesarios. Dos de estos anhelos son: una ciclo-ruta permanente para el flujo de toda clase de bicicletas y de bici-taxis que mejorarían la calidad de vida, y que permitirían ejercitar las articulaciones entumecidas de la gente urbana, y que bien podría fluir por donde hoy circulan los aparatosos buses de Transmilenio; y una acción colectiva entre usuarios y recicladores, para reciclar la mayor cantidad posible de basura. Así podríamos al menos salir del infierno, y buscar acaso un paraíso mediocre.

 

 

 

Comentarios (1)

Andres Felipe Garcia Rovira

12 de Febrero

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Fascinante visión bicicletas y bicitaxis, con las grandes masas profesionales...+ ver más

Fascinante visión bicicletas y bicitaxis, con las grandes masas profesionales de regreso al campo me recuerda a la revolución cultural china tiempos aquellos en los que se podia condenar a la gente por usar gafas como Pol Pot. Cuando uno sale de la ciudad de las tres Fs puede ir a lugares como Roma, donde vera que los usuarios tambien se cuelan en el transporte publico, por ello hay policias especializados en eso, como tambien en los trenes, pero eso representaria un atentado de la autoridad como el que no le gusto en el Bronx. 2.992 buses diesel euro 2 para arriba son una barbaridad era mejor cuando eran 16.000 buses sin norma ambiental.