Bogotá, la capital de las luchas socio ambientales.

Bogotá no solo es el el primer motor para la economía del país, ha sido y seguira siendo la capital de las luchas sociambientales.

Eduar David Martínez
Eduar David Martínez
Socioambientalista
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05 de Noviembre de 2017

En un país donde las desigualdades son tan altas, donde existen innumerables conflictos económicos, políticos, sociales y ambientales, entre otros tantos, es difícil creer que una ciudad como Bogotá, que aporta más del 25% del PIB Nacional y es un centro de desarrollo nacional, posea tantos y tan variados conflictos socioambientales. Este primer post es la base para presentar algunos de los conflictos existentes en la ciudad y conocer los actores involucrados en los problemas o la solución de cada uno de ellos.

Y es que algunas de las luchas ya son históricas. Lo son porque vienen ligadas a la consolidación y desarrollo de la ciudad como capital del país. La destrucción del paisaje y de los ecosistemas por cuenta de la minería, la daños en la salud de los ciudadanos debido al botadero de basura Doña Juana, los insoportables olores y la contaminación del río Tunjuelo debido a las curtiembres, así como la destrucción de los humedales y la urbanización de los cerros, para presentar algunos casos, que hacen parte de la memoria colectiva de algunos de los conflictos coyunturales que presenta la ciudad.

Como Bogotá crece día a día y lo hace además sin definir una apuesta común que permita mejorar la calidad de vida de cada uno de sus ciudadanos, se vienen dando unas luchas recientes que de no ser abordadas, pronto se convertirán en históricas, con enormes afectaciones en el diario vivir de los capitalinos y algunos de sus vecinos más cercanos. Podemos vislumbrar conflictos como la protección de los Bosques de San Carlos y el de Bavaria, asociados a la mala calidad del aire y las limitadas áreas verdes en la ciudad; la defensa de la reserva forestal Thomas Van der Hammen como evidencia de las luchas contra la expansión urbana y la conurbación; el incremento masivo de usuarios de la bicicleta y su pelea por un transporte limpio y alternativo y, porque no, la movilización que aumenta día a día para abolir las corridas de toros y en defensa de los derechos de los animales.

Todas y cada una de las situaciones referenciadas yacen en la cotidianidad de millones de ciudadanos que habitan Bogotá. Cada problemática implica desde luego un abordaje integral, pero todas en su conjunto conducen a las administraciones de turno a concertar con las comunidades el futuro de sus territorios. Después de todo, son ellos quienes viven y sienten su ciudad todos los días.