América Latina: no es hora de colgar los guantes con Trump

América Latina está en una posición donde podría proteger y reforzar, de manera asertiva, el orden mundial liberal actual, para proteger sus propios intereses.

Guy Edwards
Guy Edwards
Co-director of the Climate and Development Lab
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26 de Septiembre de 2017

En su primer discurso frente a las Naciones Unidas, el presidente Trump dijo que siempre pondrá a los Estados Unidos primero. Enfrentando esta realidad, América Latina no debe colgar los guantes con su administración.

Aunque hay asuntos críticos para la región en las relaciones con la Casa Blanca como el comercio o la inmigración, con un enfoque pasivo o conciliador se corre el riesgo de socavar los intereses de los países latinoamericanos y de sabotear el progreso alcanzado en asuntos globales que van desde el medio ambiente, hasta la prosperidad y la seguridad.

Entre las prioridades del continente latinoamericano están el generar prosperidad y garantizar la seguridad de sus ciudadanos. Mejorar la integración de la región en los mercados globales, atraer inversión extranjera y forjar acuerdos comerciales son considerados elementos esenciales para impulsar el progreso. En parte por ello, la región ha demostrado estar comprometida con los Objetivos de Desarrollo Sustentable de las Naciones Unidas, así como con el Acuerdo de París.

Justamente en estos temas América Latina y Estados Unidos se distancian cada vez más. Este año, la Casa Blanca anunció la salida de Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico (TPP) y del Acuerdo de París. Ambas decisiones fueron recibidas con decepción en la región. Pero la reacción merece más que una desilusión; exige una acción colectiva.

El acuerdo de París es uno de los pocos y recientes éxitos del multilateralismo. Demuestra por qué un orden mundial abierto y basado en el multilateralismo es esencial para promover los intereses de América Latina, dada su extrema vulnerabilidad ante los impactos del cambio climático, incluyendo las intensas inundaciones y sequías que afectan el continente cada vez con más frecuencia.

Las señales que envía la administración Trump sugieren que su compromiso, incluso con iniciativas que considera positivas,  es débil y potencialmente efímero. Al parecer es un “perro que ladra y no muerde”. En cuanto a Cuba, el TLCAN y el muro fronterizo, el presidente Trump ha hablado con dureza, pero ha atenuado algunas de sus acciones. La posición de la Casa Blanca podría cambiar rápidamente en asuntos de consenso relativo que ilustran cómo su imprevisibilidad representa un enorme reto tanto para los aliados como para los adversarios del país norteamericano.

Los estrechos lazos económicos, comerciales y culturales que existen entre América Latina y los Estados Unidos limitan el espacio para actuar. Pero la realidad es que América Latina ya no vive bajo la sombra del gigante norteamericano. Durante la última década la región ha demostrado conducir una política exterior cada vez más independiente.

La composición multipolar del mundo actual presenta nuevas oportunidades para que los países latinoamericanos puedan ejercer una mayor influencia diplomática. A medida que el poder se difumina a través del sistema global, los países en desarrollo cuestionan las normas dominantes del sistema geopolítico actual para reflejar sus propios intereses y valores. Esto quedó claro en 2015, cuando muchos países latinoamericanos desempeñaron un papel destacado en las Naciones Unidas para asegurar la adopción de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y el Acuerdo de París.

América Latina está en una posición donde podría proteger y reforzar, de manera asertiva, el orden mundial liberal actual, para proteger sus propios intereses. El costo de no defender y fortalecer este orden, con aliados al interior de los EEUU, en Europa, Canadá y Asia, resultaría mucho más alto para la propia América Latina.

La región podría ser audaz con los Estados Unidos, persiguiendo proactivamente sus intereses en materia de desarrollo sostenible y el cambio climático. Lo contrario demostraría una debilidad que la Casa Blanca estará lista a aprovechar. Vincular estos dos asuntos con temas de mucho interés para el actual gobierno republicano, como la seguridad, la inmigración y la estabilidad económica y financiera, es una alternativa que puede contribuir a mantenerlos en la agenda.

La región podría también presionar a los legisladores estadounidenses para reducir los recortes presupuestales a la asistencia para el desarrollo. Un memorando filtrado, proveniente del Departamento de Estado, anticipa que el gobierno estadounidense seguirá apoyando iniciativas de cambio climático en países donde se beneficien mutuamente los objetivos de Estados Unidos.

Los impactos del cambio climático en América Latina están generando una mayor ola de migración, a medida que la gente abandona el campo y se dirige hacia el norte. La región puede usar argumentos para vincular su agenda climática y de desarrollo con los Estados Unidos, encontrando en estos espacios a un público más receptivo.

América Latina también podría cooperar con la campaña “Compromiso con América” que abarca 227 ciudades y condados, nueve estados y alrededor de 1,650 negocios e inversionistas, que se han unido con el objetivo de cumplir la promesa de reducir emisiones, compromiso adquirido por Estados Unidos bajo el Acuerdo de París.

Existe el riesgo de que la Argentina, como presidenta del G20 en 2018, minimice la importancia del cambio climático en la agenda de la cumbre para aplacar a los Estados Unidos. En cambio, el Presidente Macri podría enfocar la agenda del G20 hacia una combinación de temas como empleo e inversión, y la transición hacia una economía baja en carbono y centrada en la promoción de energías renovables. Dicha propuesta resonaría fuertemente con los países europeos del G20, China y los Bancos Multilaterales de Desarrollo.

América Latina puede desempeñar un papel de liderazgo en la defensa del orden mundial basado en el multilateralismo y el respeto por el derecho internacional. Ello dependerá de su voluntad  para elevar sus prioridades en la discusión con los Estados Unidos. Dar marcha atrás en la senda para enfrentar los retos globales del presente no es una opción si la región desea promover sus intereses y mitigar sus vulnerabilidades.

Este texto fue escrito entre Guy Edwards, investigador y co-director del Laboratorio de Clima y Desarrollo de la Universidad de Brown e Isabel Cavelier Adarve, asesora principal de Mission2020, y co-fundadora y co-directora de Transforma.