The Walking Dead y ‘la corrupción ambulante’

La corrupción es tan aterradora como los zombis que, como una peste, amenazan la humanidad en la serie de televisión The Walking Dead. Gente aparentemente sana puede ser portadora de dicha 'peste', pero no podemos "darlos de baja", con juicios sumarios. Que se denuncien, se investigue, se adelanten unos juicios justos y, eventualmente, se castiguen ejemplarmente.  

José Germán Zarama de la Espriella
José Germán Zarama de la Espriella
Consejero del SENA, periodista y ejecutivo gremial
256 Seguidores165 Siguiendo

0 Debates

43 Columnas

Columna

145

0

09 de Noviembre de 2017

The Walking Dead es una conocida serie de televisión, que se inició en 2010 y discurre en un mundo post-apocalíptico. El protagonista es un policía que al despertar de un coma se encuentra con que la civilización ha desaparecido. En esta ‘distopía’ los muertos reviven como zombis y atacan personas sanas, transformándolas a su vez en ‘muertos que caminan’, verdaderos cuerpos corruptos y amenazantes. En la serie, la lucha de la humanidad por liberarse de esa plaga y llevar una vida normal, alejada de los muertos vivientes, parece una utopía. Por lo menos hasta las más recientes temporadas.

La corrupción ambulante en Colombia, parecería una parodia en el formato de reality de The Walking Dead. En nuestro reality, la trama se desarrolla en un mundo posconflicto. En este escenario los protagonistas somos todos los colombianos que acabamos de despertar moralmente ilesos de la guerra. Seguro que el virus de la ‘corrupción ambulante’ estuvo actuando siempre a nuestro alrededor. Si nos remontamos, por ejemplo, al llamado ‘Frente Nacional’ encontramos que erradicó la violencia partidista. Pero, lo que se discute es que esta iniciativa política coadyuvó mucho en la descomposición sistémica de la política, al repartirse el poder entre dos grandes partidos. Al mismo tiempo, tal corrupción habría sido caldo de cultivo para la escalada de grupos guerrilleros y de narcotraficantes.

Desde entonces, al menos, en medio de la creciente descomposición social, ser político del ‘establecimiento’ se volvió entonces un camino seguro al ascenso social. En este camino confluyeron los más altruistas espíritus con los sujetos más deleznables. Pero obnubilados por las batallas apocalípticas, que durante décadas libramos contra la guerrilla y los paras, no habíamos puesto suficiente atención a este fenómeno. Desde ahí empezó una estructura política que propició la corrupción sistémica que hoy nos aterra.   

Lo cierto es que recién ahora, cuando despertamos de semejante guerra, caemos en cuenta de que demasiados vecinos nuestros son verdaderos zombis, que perdieron su “alma”. En la corrupción ambulante, nuestra sociedad también lucha por liberarse de los zombis, personajes que en nuestro “reality” denominamos ‘corruptos’. Y claro, los colombianos sobrevivientes del holocausto paraco-guerrillero, luchan para no dejarse contaminar, por no perder su “alma” -sus valores éticos y principios de solidaridad.          

En The Walkind Dead, encontramos moralejas adaptables a nuestra realidad. El futuro de la humanidad depende de nuestra capacidad de pelear contra los zombis. Pero cuidado. Los zombis no son la verdadera amenaza. En un momento dado de la serie gringa los vivos son un peligro aún más grande. Es cuando aparece la paranoia colectiva y nadie sabe con certeza quién está incontaminado o quién ha sido infectado por ‘la peste’ de los zombis.

En la corrupción ambulante colombiana, todos los días aparece un nuevo villano. Algunos son fácilmente identificables por su origen de sectores contaminados de la sociedad. Generalmente estos personajes siniestros son amantes de los lujos y los reconocimientos sociales para ellos o su familia. Les gusta exhibir viajes, poder y lujos para sus parejas de turno.  Pero bueno, al fin y al cabo son fáciles de reconocer.

Sin embargo, los más inquietantes son aquellos vecinos o conocidos de todos, de maneras correctas y no ostentosas, que pueden estar contaminados. Pero ocurre que, sorpresivamente, alguien los señala de corruptos. Y el trauma de la corrupción es tal, nos han hecho tanto daño los “zombis”, que todos corremos espantados y vociferando contra ellos. Algunos proponen destrozar a estos corruptos en plena vía pública.

Y quienes así opinan habrían matado en su momento a Lara Bonilla o encarcelado por presunciones a un personaje tan transparente como Juan Martín Caicedo. Ambos hombres correctos, no ostentosos, falsamente acusados y martirizados. La historia y la justicia, es cierto, los absolvió, pero ni su vida ni su tiempo de sufrimiento se los resarce nadie.

Otros optamos, como corresponde, por dejar que investigadores especializados en quienes debemos confiar confirmen o desmientan las sospechas. Procuradores, fiscales y contralores, son los personajes mejor preparados para diagnosticar su enfermedad. De acuerdo con los resultados de su trabajo, son los jueces quienes están llamados a  aplicar las medidas del caso para proteger a la sociedad.   

Que se denuncie, que se investigue, que se adelanten unos juicios justos y, eventualmente, que se castigue, pedimos todos. Y lo pedimos en nombre de la gran mayoría de colombianos que nos cuidamos de ‘la peste nacional’, la corrupción ambulante. Somos muchos más los millones de colombianos honestos que vivimos de trabajar dura y honradamente.

Y lo pedimos en nombre de ellos y de mártires de la integridad moral, de la lucha contra seres tan corruptos como aquellos de The Walking Dead. Pienso de nuevo en Enrique Low Murtra, como representante de tantos héroes anónimos que trabajan en las instituciones...