Venezuela y el recambio de élites

Para entender esta crisis hay que ir más allá del debate y sus arengas.  Hay que pensar que la crisis de la sociedad venezolana va más allá de Chavistas y MUD.

Luis Eduardo Celis
Luis Eduardo Celis
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03 de Agosto de 2017

Hay varias crisis en Venezuela. Todas se articulan en una disputa de liderazgos, proyectos de sociedad y legitimidades que no se pueden valorar de manera aislada. Es una crisis llena de contradicciones y disputas.

Para una comprensión de mayor rigor, habría que explicar al Chavismo como la alternativa a unas élites republicanas que plantearon un proyecto de renta petrolera y que no creó una economía para la generación de capacidades diversificadas y democráticas.

Ese modelo, que entró en crisis rápidamente, tuvo como respuesta un liderazgo que supo ofrecer una alternativa.

De manera carismática se erigió como el “liquidador” de una tradición política que hegemonizó la conducción de la sociedad Venezolana durante todo el siglo XX.

Tanto “Adecos” como “Copeianos” fueron arrasados política y democraticamente por la alternativa que presentó Hugo Chávez al finalizar el siglo.

Esa élite política liquidada no tiene hoy ninguna capacidad de liderazgo. Y en estos casi 20 años de “Chavismo” no han logrado posicionar un discurso de cambio frente a esa vieja tradición.

En la base de la crisis está la pugna de distintos proyectos de sociedad. Unos proyectos que no son claramente delineados y se quedan en la superficialidad. Unas simplificaciones que entre contrincantes se encargan de acentuar.

Para entender esta crisis hay que ir más allá del debate y sus arengas.  Hay que pensar que la crisis de la sociedad venezolana va más allá de Chavistas y MUD.

Si bien es cierto que habría que evaluar el desempeño de casi 20 años de gobierno del “Chavismo”, considero que los retos de la sociedad venezolana desbordan el marco del debate político y cuestionan las bases de una sociedad profundamente frágil en su ordenamiento económico y social. Dicho de manera simplista, la crisis del “Estado Petrolero” es más que una crisis coyuntural y cuestiona las posibilidades de la sociedad venezolana como una sociedad de derechos y ciudadanía de calidad.

Si nos paramos en una crisis profunda de la sociedad venezolana y su orden de profunda dependencia del petróleo (con todo lo que ello acarrea de fragilidad) habría que pasar a la valoración de los debates actuales y la pugnacidad que coloca a Venezuela como una sociedad dividida.

Antes de Chávez, la renta petrolera se concentró en unas élites boyantes en medio de una pobreza ofensiva. Chávez capitalizó este descontento y se propuso una “redistribución ampliada” de la renta petrolera. Pero el gran tema de la sociedad venezolana, la diversificación económica y la construcción de una economía con proyección social democrática, no se resolvió.

Esta proyección política del Chavismo se basó en un discurso que busca tomar distancia de los Estados Unidos y se propuso un proyecto de autonomía y reivindicación de los intereses latinoamericanos. Esto coincidió con un ascenso de fuerzas de izquierda en buena parte del continente que fueron apoyadas por la “chequera petrolera”, dándole al Chavismo y a Venezuela un lugar de liderazgo en el continente.

El Chavismo ha oscilado entre las alianzas con sectores del poder económico y su lucha contra ellos. Eso, poco a poco, fue destruyendo su precaria capacidad de abastecimiento y autosuficiencia. Nunca consolidó sectores claves como el alimentario y el de medicamentos y al depender de las compras internacionales, quedaron encadenados a la baja de los precios del petróleo.

Si bien se argumenta desde el Chavismo que han estado sometidos a una “guerra económica”, los signos de desabastecimiento y escasez han venido aumentando de manera dramática.

La oposición, por su parte, ha hecho énfasis en el desastre económico frente una sociedad acostumbrada a los subsidios y  al “paternalismo” que fue posible ejercer cuando los precios del barril del petróleo bordearon los 100 dólares.

Sin duda hay una confrontación abierta en la sociedad venezolana. Pero el manejo mediático, por lo menos en lo que vemos en Colombia, no muestra la profundidad de la crisis y se queda en la superficie de una manipulación de “buenos” y “malos”, “demócratas” y “tiranos”, que simplifica al extremo una situación de mayores complejidades.

Por supuesto que hay excesos, violencias de lado y lado e irrespetos a las instituciones. Pero deberíamos asumir con distancia que el debate y la confrontación obedece a proyectos en disputa, cuando en realidad no hay mayor detalle en las propuestas y proyectos para superar la fragilidad de una economía petrolera. Un economía dependiente y frágil, tema discutido y asumido en la sociedad venezolana como crucial, pero no resuelto.

La Constituyente va para adelante y la crisis política se va a profundizar. Por ahora lo que vamos a ver es un mayor deterioro de la acción política institucional y una acción de calle que es difícil de medir en términos de legitimidad y apoyo de la sociedad Venezolana.

En medio de esa crisis ningún tercero será decisivo en la realidad política de Venezuela y las fuerzas políticas deberán construir las concertaciones necesarias.