Vargas Lleras víctima de sus cambios radicales

Vargas Lleras no construyó a Cambio Radical, pero si llegó para encaminarlo en la ruta de la Presidencia de Colombia. Desde hace más de diez años, Vargas y Cambio Radical son uno solo en el imaginario colectivo. Vargas es su conductor,  pero hoy, aquejado por el hedor de su vehículo, amenaza con abandonarlo a medio camino de su destino. ¿Pero cuál destino?    

José Germán Zarama de la Espriella
José Germán Zarama de la Espriella
Consejero del SENA, periodista y ejecutivo gremial
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20 de Febrero de 2017

Hace veinte años el país vivía otro momento similar de indignación con la clase política. Estábamos al final del turbulento gobierno de Ernesto Samper, que desde antes de posesionarse había sido conmocionado por el escándalo llamado ‘Proceso 8.000’. El narcotráfico y la corrupción rampantes, sumados a la amenaza de la guerrilla al establecimiento, llevarían a la revista Foreign Policy a considerarnos ‘estado fallido’. Germán Vargas Lleras, un antiguo galanista que cumplía apenas 36 años, fue invitado entonces al movimiento político que respondía a una consigna esperanzadora: ‘cambio radical’.  

Sin convencer a Vargas, el nacimiento de Cambio Radical (CR) ocurrió en enero de 1998, cuando un grupo de antiguos galanistas se separaron del liberalismo. Se trataba de un movimiento disidente que pretendía romper la continuidad y acabar con las viejas costumbres políticas del partido liberal samperista, consideradas corruptas. CR se fundó, de hecho, el mismo día en que los liberales elegían a Horacio Serpa, coprotagonista del Proceso 8.000, como candidato presidencial.

 

Cambio Radical c’est moi

 

CR tenía entonces todo lo necesario para seducir a los colombianos inconformes. Su historia partía de la mítica figura de Luis Carlos Galán, considerado un mártir de la lucha contra la corrupción. Y entre los personajes más representativos de este grupo, estaban respetados políticos progresistas, que se habían enfrentado al régimen de Samper. Entre ellos recuerdo algunos nombres: Antonio Álvarez Lleras, el Ex-fiscal Alfonso Valdivieso, el Ex-Vicepresidente Humberto de la Calle, Néstor Humberto Martínez, y Rafael Pardo. También estaban, como en todo partido perteneciente al ‘sistema’, algunos personajes oscuros, hoy opacados por dos décadas de trayectoria politiquera.

Vargas Lleras, a pesar de su pasado galanista se había mantenido al margen de CR, pero no indiferente al interés de renovar la política. En 2002 se lanzó al Senadobajo el aval del Movimiento Colombia Siempre, una disidencia del liberalismo que apoyó la candidatura de Álvaro Uribe Vélez. En esta ocasión obtuvo dos curules y la tercera votación más alta del país. Es importante anotar en este punto que CR también apoyó al candidato Uribe, que encarnaba la lucha contra la guerrilla y la política tradicional.

Las coincidencias políticas, y su naciente liderazgo como símbolo de la lucha contra las Farc, acercaron finalmente a Vargas Lleras a CR. Cinco meses después de su posesión, Vargas fue víctima de un atentado con un libro bomba, al cual sobrevivió. Pero la pérdida de varios dedos en su mano izquierda, como producto del atentado, y su valiente recuperación personal, le concedieron cierto carisma heroico.

A finales de 2003, CR ya estaba consolidado como partido y Vargas como líder y posible relevo político generacional. Fue en esos días cuando el Senador Germán Vargas Lleras entró a las filas de CR. En la Convención Nacional del Partido, a mediados del año siguiente, Vargas Lleras fue elegido Presidente de CR. Esto contribuyó a consolidar a Vargas ante la opinión pública. 

Las elecciones parlamentarias del 12 de marzo de 2006, consagraron a CR como el futuro, mientras los partidos tradicionales estaban opacados por el ‘uribismo’. En efecto, CR obtuvo 15 escaños en el Senado y 21 de la Cámara de Representantes. En medio de estos resultados, Vargas Lleras fue elegido senador con la mayor votación.

Vargas Lleras aparece como uno de ‘los elegidos’ (ALM)

En 2009, declinaba el segundo periodo de Uribe, con una opinión pública contraria a otra reforma constitucional para reelegir nuevamente al caudillo de la ‘Seguridad Democrática’. Vargas Lleras, que tenía la imagen personal de héroe antiguerrilla, y cierto respeto por el origen anticorrupción de su partido, lanzó entonces su campaña presidencial.

Su candidatura fue bastante exitosa en vender una imagen de continuador de la lucha antiguerrillera, apoyada por el establecimiento, pero con clara independencia de Uribe. Sin embargo, los colombianos oscilaban entre mantener la seguridad democrática y sus beneficios económicos, en parte coyunturales, y respaldar a Mockus, como claro candidato anti-establecimiento. Ante la fuerza de la ‘ola verde’ mockusiana, Vargas no calificó para segunda vuelta, pero obtuvo la tercera votación, con millón y medio de votos.

Los resultados de la campaña de 2010 y el vertiginoso colapso de la ‘ola verde’, pusieron a Vargas Lleras como ‘top of mind’ presidencial. De ahí vino, en rápido recuento, su designación como Ministro de Santos, sacando del privilegiado juego del poder a Uribe.

El establecimiento empezó entonces a jugar a favor de Vargas Lleras, con una sola condición: ayudar a parar a Uribe y reelegir a Santos. Y la maquinaria política, el vehículo democrático que podría asegurar la presidencia de Vargas, cumplió sus objetivos: ganó Santos y Vargas obtuvo extraordinario poder ejecutivo.

El manzanillismo llena de hedor a CR

La tentación de Vargas, desde el año 2010, fue asegurar su tránsito futuro a la Presidencia por todos los medios. Para ello era muy importante aprovechar la imagen de CR en sus inicios, de vehículo democrático antiguerrilla, anticorrupción y narcotráfico. Pero parecería que en el conductor del vehículo apareció hace años una enfermedad que su abuelo denunciaba en los editoriales de Nueva Frontera: el ‘manzanillismo’. Y el manzanillismo tan contagioso llenó de oprobio y hedor al bus de CR.

Para los lectores ‘milenials’ es conveniente explicar que ‘manzanillo’ es el nombre del político inmoral de menor tamaño. Este necesario espécimen de la fauna política vive en los laberintos del pequeño poder, se nutre de la intriga de momento coyuntural de la democracia. El manzanillo es quien arregla, compone y negocia el pequeño detalle para sacar de él algún beneficio personal o para su jefe político.

Hoy en día cuando Vargas Lleras propicia la idea de abandonar CR para lanzar una candidatura avalada por firmas, parece buscar escapar del olor manzanillista. Vargas, parecería querer desmarcarse de la mala imagen que hoy tiene CR, nacida de los desaciertos de avalar políticos corruptos, tan recordados en la Guajira. Pero ese cambio de estrategia política, desactivando la maquinaria que él mismo ayudó a forjar, recuerda a un vehículo que frena y acelera al tiempo.

Uno diría que el vehículo, en el cual viajan los históricos herederos del espíritu galanista, no se puede quedar con el pecado de la estigmatización. Si el conductor decide bajarse del contaminado transporte democrático, los demás tienen dos opciones: quedarse en el vehículo y descontaminarlo o bajarse todos del bus. En cualquier caso, la suerte del conductor es desde ya bastante incierta. Como si fuera intrascendente la idea de bajarse del bus, el conductor se ha dedicado a dar coscorrones a su propia gente. Y tampoco parece competente para reparar su propio vehículo, ni mucho menos para llegar a Palacio en hombros de la indignación popular.