Tumaco y la problemática de los guachos

El disidente guerrillero y narcoterrorista Guacho, ciertamente parece encarnar un legado de orfandad, pobreza y violencia, de una amplia región fronteriza de Ecuador y Colombia. Enfrentar esta problemática requiere menos ‘negacionismo’, y más ‘integracionismo’.  

José Germán Zarama de la Espriella
José Germán Zarama de la Espriella
Consejero del SENA, periodista y ejecutivo gremial
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19 de Abril de 2018

Walter Patricio Artízala Vernaza, nacido en el Ecuador hace 29 años, es un inmigrante ecuatoriano que casi nadie ha oído nombrar en Colombia. Sin embargo, al día de hoy, no existen colombianos ni ecuatorianos medianamente bien informados que no estén pendientes de la suerte de “Guacho”. El asesinato de tres periodistas y el secuestro de dos ciudadanos ecuatorianos, por parte de Guacho, ha producido temor, rabia y frustración entre la opinión pública. Y no solo es conocido regionalmente, pues estos crímenes tienen implicaciones internacionales, al involucrar problemáticas políticas de paz, temas de nacionalismo y narcotráfico.   

Pues bien, Walter Patricio Artízala Vernaza, mejor conocido con el alias de ‘Guacho’, es el mismo sujeto antisocial que tiene en jaque a dos países. Por coincidencias irónicas Guacho representa desde su mismo nombre una historia binacional de sociedades huérfanas, pobres y violentas. Para remitirnos a su etimología, basta con reconocer la trascendencia quechua no solo en Nariño sino en la historia y cultura colombiana.   

Los orígenes de ‘guacho’

Guacho es una palabra originaria del quechua cuzqueño, que se habla en el Ecuador, la cual significa "pobre, y también huérfano". Guache, en efecto es un adjetivo muy colombiano nacida de este vocablo, que a partir del significado de 'pobre' adquirió el sentido de maleducado y 'violento.

El disidente guerrillero Guacho, ciertamente parece encarnar un legado de orfandad, pobreza y violencia, de una amplia región fronteriza del Ecuador y Colombia.  En realidad las provincias ecuatorianas de Esmeraldas, el Carchi y Sucumbíos, son parte de una gran grupo poblacional con el departamento de Nariño y Putumayo. Toda la región ha estado huérfana, hasta hace poco, de obras de infraestructura, políticas de seguridad efectivas y desarrollo económico. De hecho, nadie puede decir que estos problemas son ecuatorianos ni colombianos. La solución no parte, entonces, del señalamiento de culpas de unos u otros, del ‘negacionismo’, sino del ‘integracionismo’.  

Guacho, exguerrillero sanguinario convertido al parecer en idiota útil de las mafias transnacionales del narcotráfico, parece haber abierto sin querer las puertas de una integración fronteriza. No solo confluye la falta de visión política del terrorismo, representado por Guacho, cuando pretende poner de rodillas a las sociedades con sus dementes ataques. También por coincidencias históricas favorables el presidente de Ecuador, Lenin Moreno, quien tiene ancestros nariñenses, ayuda a que se propicie un momento integracionista. Esto puede trazar un profundo surco de esperanzas.

En surcos de dolores

A propósito de surcos, podemos volver a la irónica etimología de la palabra ‘guacho’. Sucede que el imperio inca, que hablaba quechua, se extendió hasta el sur de Colombia, en tierras inganas del Putumayo, donde desarrollaron algunas variantes lingüísticas. En el dialecto pro quechua de Nariño, que heredó tantas palabras incaicas, guacho significa ‘surco en la tierra’. Este surco, convertido por Guacho en surco de dolores, es paradójicamente el símbolo visible de un posible futuro mejor.  

Mientras la región costera, de la fronteriza subregión del Pacífico Sur de Nariño, donde opera Guacho, siga albergando el cáncer del narcoterrorismo, las dos naciones estarán amenazadas. No olvidemos que según un informe de la ONU, de 2013, Nariño es el mayor productor de hoja de coca en Colombia. Muy vinculada a este tipo de actividades delincuenciales está la minería mayoritariamente ilegal, que produce 1 millón 700 mil gramos de oro y 350 mil de plata, además de platino. Pero los intereses económicos de combatir los reductos narco-guerrilleros también pasan por reconocer que por Nariño cruza el oleoducto transandino que transporta el petróleo del Putumayo y Ecuador hasta Tumaco.

En medio de las riquezas potenciales, como siempre ocurre, la delincuencia ha generado una intolerable inseguridad fronteriza que hace más dura la pobreza de su población. En Tumaco, por ejemplo, que a estas horas sufre los apagones, por los atentados contra su infraestructura eléctrica, un 48,70% de la población tiene necesidades básicas insatisfechas. Esta tragedia social se puede entender mejor si se toma uno un tiempo de leer el informe Problemática humanitaria en la región pacífica colombiana, de la Defensoría del pueblo .

No tengo datos de la zona fronteriza binacional del lado ecuatoriano, pero presumo que tampoco sean muy halagadores. Lo cierto es que el área de fronteras mencionada es una verdadera tragedia ecológica, económica y social. Se empieza a volver crítico el acceso de la población raizal a los recursos disponibles. Se agotan, por ejemplo, las especies maderables finas, se escasea la pesca  y desaparece la fauna silvestre, que alimenta a las comunidades indígenas. Conclusión obvia: los dos países, con problemáticas semejantes, deben ponerse de pie en defensa de esta zona binacional.

El potencial de desarrollo de la región

La zona fronteriza colombo ecuatoriana tiene enormes riquezas que hasta aquí solo han aprovechado los delincuentes. Si Colombia y Ecuador establecieran una zona de integración económica y social efectiva, establecerían un imparable plan de desarrollo y seguridad binacional. Esto era impensable en los días del presidente Correa, pero hoy quizás sea posible con Moreno, si aprovechamos este momento de efervescencia.  

Y, cuando hablamos de potenciales riquezas, en una zona roja y marginal ya descrita en el aludido documento de la Defensoría del Pueblo en Colombia no estamos inventando nada. Solo partamos de la base de que la zona portuaria de Tumaco se considera la segunda más importante sobre las costas del Pacífico en Colombia después del puerto de Buenaventura. Pero, además, vale la pena revisar el siguiente ensayo: Sert y Wiener en Colombia. La Vivienda social en la aplicación del urbanismo moderno, de Patricia Schnitter Castellanos. .  

Este estudio, dedicado al análisis del tema de vivienda y urbanismo, da fe de la optimista visión de Tumaco proyectada en 1948 por expertos internacionales. Se trata de los arquitectos José Luis Sert y Paul Lester Wiener, socios de la firma Town Planning Associates con sede en Nueva York. Su relación con Colombia nació, según el documento citado, de la recomendación surgida en la visita del mundialmente reconocido arquitecto Le Corbusier a Bogotá en junio de 1947.

Según comentó el entonces Director del D.N.P., Simón Gaviria, en un congreso nacional de Fenalco hace un par de años, el Plan Piloto para una nueva ciudad en Tumaco, contribuyó al origen de la planeación urbanística en nuestro país. Tumaco, en la mente de Le Corbusier, era una promesa del desarrollo turístico en Colombia. Ojalá que la carretera fronteriza binacional, que hace parte del proyecto de vías 4G en Colombia, marque este surco redentor, que nacería irónicamente tras surgir ante la opinión pública tan tenebroso Guacho.  

Comentarios (3)

mariavictoriaw

21 de Abril

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Sólo para decir que me parece un interesante y solvente artículo, que deja muchas preguntas y algo de esperanza.

Sólo para decir que me parece un interesante y solvente artículo, que deja muchas preguntas y algo de esperanza.