¿Tendencia a la informalidad o pocas oportunidades de formalidad laboral?

Existen estereotipos y creencias que en ocasiones no permiten comprender situaciones y problemáticas sociales. Tal es el caso de la informalidad, que con justas razones se condena, pero que no siempre se comprende de forma integral. 

Nicolás Cárdenas Angel
Nicolás Cárdenas Angel
Gerente de comunicaciones | Cuso International | Empleos para construir futuro
29 Seguidores73 Siguiendo

0 Debates

5 Columnas

Columna

217

1

29 de Septiembre de 2017

Son comunes las historias y anécdotas de personas que aparentemente se resisten a trabajar en un empleo formal. Se resisten, escuchamos y se nos dice, porque esto les implica afiliarse a la seguridad social, con lo que aparentemente podrían perder los beneficios que les otorgan los regímenes subsidiados. Son también comunes las historias de trabajadoras del servicio doméstico que solicitan a sus empleadores que les paguen directamente los aportes a la seguridad social. Lo anterior se traduce en afirmaciones ligeras que refuerzan aquella premisa que dice que “la gente prefiere la informalidad para trabajar”.

¿Es la informalidad una característica “natural” del ADN colombiano? ¿O es consecuencia de la falta de oportunidades disponibles y de precarias condiciones del mercado laboral?

Cambiar el enfoque sobre esta relación y tensión entre lo formal y lo informal puede ser útil. Para gran parte de la población la informalidad es quizá la única alternativa para generar ingresos, que les resulta más rentable en término económicos y de garantías de cobertura a servicios de salud mediante el régimen subsidiado.  

En ese sentido, la informalidad surge como consecuencia de la falta de oportunidades y de la precariedad laboral en el país: mercado laboral limitado, bajos salarios, falta de cumplimiento en materia de derechos laborales y protección social, predominio de contratos por prestación de servicios, bajos niveles de sindicalización, entre otros. 

Algunos ejemplos ayudan a ilustrar esta precariedad.  El salario mínimo no brinda ingresos suficientes para que las personas cumplan con sus obligaciones y para que disfruten dignamente, como debe ser, de sus ratos de esparcimiento y entretenimiento. Desde ya, la Asociación Nacional de Instituciones Financieras () sugiere que el aumento para 2018 sea de 42.200 pesos (quedando en 779.900 pesos), aduciendo cuestiones macroeconómicas, de inflación y de generación de empleo. Lo anterior forma parte del pulso habitual de todos los años, con la negociación del salario mínimo entre trabajadores y empresarios, que suele ser decretado por el gobierno de turno.

Frente al tema de los contratos por prestación de servicios, señala que es un “dolor de cabeza sin diagnóstico”, que si bien no hay datos concretos, “deben ser más de 10 millones de colombianos contratados bajo esa figura”. En una sentencia, la advirtió que “el uso indiscriminado de contratos de prestación de servicios constituye una violación sistemática de la Constitución”. Bajo esta modalidad de contratación no hay estabilidad laboral, el salario se supedita a la entrega y aprobación de informes, se padecen meses sin ingresos mientras se protocoliza un nuevo contrato y en el caso del Estado, se fortalecen nóminas paralelas y clientelistas, que dependen de guiños de políticos de turno.

Por estas y otras realidades, no es casualidad que la informalidad sea una alternativa llamativa comparada con el mercado formal: ingresos superiores, autonomía en el manejo de tiempo, ingresos o jornales diarios, mayor balance vida trabajo, entre otros, Lo anterior, tanto para aquellos para quienes la informalidad laboral es una “salida” voluntaria o una estrategia para generar ingresos, como para aquellos, quienes debido a su “exclusión”, la informalidad es la única alternativa para rebuscarse su sustento (sobre los de “salida” y “exclusión” que utiliza el análisis teórico de la informalidad laboral, véase el análisis de Juan Carlos Guataquí en ).

Lo anterior, no desconoce que los empleos informales tienen serias para la economía, para el sistema de recaudo tributario, para el régimen pensional y de salud, y que no cumplen con garantías en materia de protección laboral y seguridad social. Todo esto representa un serio y persistente desafío social y económico para el Estado (sobre un análisis de las consecuencias de la informalidad laboral, véase el análisis de ).  

No es que las poblaciones sean proclives a la informalidad por naturaleza. Lo hacen como respuesta –voluntaria o involuntaria– ante la falta de oportunidades y como mecanismo de supervivencia ante las limitaciones y la precariedad del mercado laboral. La personas están ávidas de oportunidades, con la claridad que acceder a un empleo formal constituye un primer paso para superar su condición de vulnerabilidad o de pobreza extrema. Por ahora, para muchas, la informalidad es la única salida o la respuesta a su exclusión.

 

Respuestas al Debate (1)

Margareth Florez

02 de Octubre

25 Seguidores

Hoy tenemos el desafio de evitar la recaída de millones de hogares en pobreza. Según la CEPAL, en la región 220 millones de personas (dos de cada cinco) en América Latina, son vulnerables, es decir no son pobres, pero no logran acceder a la clase media. A través de las transferencias directas y de los programas sociales, cerca de 50 millones de personas salieron de la pobreza desde 2003. La mayoría de ellos fueron jóvenes y mujeres que no han logrado una inserción laboral estable y de calidad, y siguen siendo vulnerables.
El mercado laboral en América Latina en gran medida, es  informal y no ha logrado absorber la población en condiciones estables y de calidad. El 70% de más...+ ver más

Hoy tenemos el desafio de evitar la recaída de millones de hogares en pobreza. Según la CEPAL, en la región 220 millones de personas (dos de cada cinco) en América Latina, son vulnerables, es decir no son pobres, pero no logran acceder a la clase media. A través de las transferencias directas y de los programas sociales, cerca de 50 millones de personas salieron de la pobreza desde 2003. La mayoría de ellos fueron jóvenes y mujeres que no han logrado una inserción laboral estable y de calidad, y siguen siendo vulnerables.
El mercado laboral en América Latina en gran medida, es  informal y no ha logrado absorber la población en condiciones estables y de calidad. El 70% de más de 50 millones de empresas pequeñas y medianas, son informales. Más de la mitad de los 300 millones de trabajadores en la región, son asalariados vinculados a micro-empresas con menos de cinco puestos de trabajo, o autoempleados sin calificación, o no perciben ingresos. El cambio tecnológico está generando también un desempleo estructural y el bono demográfico presiona a la economía por la generación de empleos para sostener a una población joven creciente.
En contraste con esta situación, la CEPAL aduce que la superación estable de las condiciones de pobreza y la disminución de la desigualdad estructural en la región están ligadas precisamente al mercado laboral, es decir a la relativa mejora de los ingresos laborales de los sectores de menores ingresos.