¿Será que alguien puede pensar en la salud de los indígenas del Vaupés?

La desafurtunada y delicada situación de salud del Vaupés refleja la realidad del sistema de salud de las zonas rurales y dispersas en Colombia en donde habitan comunidades tradicionales vulnerables y de bajos recursos prácticamente abandonadas. La inacción del Estado está vulnerando el derecho fundamental a la salud de las poblaciones indígenas del país.

Johnattan García Ruiz
Johnattan García Ruiz
Coordinador de la Clínica de Medio Ambiente y Salud Pública -MASP- de la Facultad de Derecho de la Universidad de los Andes
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03 de Marzo de 2017

Si se realizaran unas olimpiadas que premiaran los peores indicadores de salud en Colombia, el departamento del Vaupés arrasaría en la tabla de preseas. De acuerdo con los del Ministerio de Salud y Protección Social, estas serían las categorías en donde el Vaupés lamentablemente se destaca (comparadas con Bogotá para que tengan una referencia):

Diploma olímpico (4to peor puesto):

  • Razón de mortalidad materna 2014: 233 / Bogota: 33.7

Medalla de bronce (3er peor puesto):

  • Tasa de Mortalidad por desnutrición en menores de 5 años 2013: 66.9 / Bogotá: 0.2
  • Pentavalente (DTP- HiB-HB) en menores de 1 año 2015 : 80% / Bogotá: 91%
  • Triple viral (Sarampión, Rubéola y Paperas (SRP)) niños de 1 año 2015 : 84% / Bogotá: 98%

Medalla de plata (2do peor puesto):

  • Tasa de mortalidad infantil ajustada 2014: 49 / Bogotá: 12
  • Proporción de bajo peso al nacer 2014: 10.6 / Bogotá: 12.2
  • Población cubierta por el sistema de salud 2017: 69% / Bogotá: 92%

Medalla de oro (1er peor puesto):

  • Tasa de mortalidad infantil 2014: 28 / Bogotá: 10
  • Tasa de mortalidad en menores de 5 años 2014: 37.3 / Bogotá: 11.8
  • Nacidos vivos con cuatro o más consultas de control prenatal 2014: 34% / Bogotá: 89%
  • Porcentaje de partos institucionales 2014: 50% / Bogotá: 100%
  • Prestadores - IPS (Sedes) por 100.000 habitantes: 9 / Bogotá: 38

La situación es verdaderamente alarmante. En muchos indicadores de salud encontramos que el Vaupés está peor que Chocó y La Guajira y lo triste es que a nadie parece importarle porque tampoco tienen mucha exposición mediática (aunque hace poco RCN hizo una serie de al respecto). Es más, son muy pocos los ciudadanos del común quienes pueden ubicarlo correctamente en el mapa o saben cuál es su capital. Reto el lector a que haga el ejercicio.

La falta de apropiación que tenemos los citadinos de este impresionante y diverso territorio se traduce en una clara falta de presencia del Estado. Para un departamento de 54.000 km2 únicamente hay 3 puntos de atención de salud, mientras que en Bogotá, con una extensión 33 veces menor, hay 1000 veces más oferta de IPS, literalmente. El único hospital del departamento que en teoría es de segundo nivel, el Hospital San Antonio de Mitú, no cuenta con especialistas permanentes en áreas como pediatría, gineco-obstetricia, cirugía o medicina interna, servicios básicos para la prestación de un servicio decente.

A lo anterior se le suma la ineptitud de las EPS para adaptarse al territorio. De acuerdo con los del MinSalud, el departamento del Vaupés es el que menos utiliza servicios del sistema de salud como. Pues claro ¿cómo no van a ser los que menos usan servicios si las citas únicamente se asignan por teléfono en un departamento donde prácticamente no hay telefonía fija ni móvil en las zonas rurales? Y eso si es que por lo menos contestaran.

¿Cómo no van a usar pocos servicios si simplemente no hay servicios? Los puestos de salud fueron abandonados, no cuentan con personal de ninguna índole y tampoco tienen ninguna clase de insumos. Por normas de habilitación, únicamente los médicos pueden administrar medicamentos como el suero antiofídico. Eso es símplemente absurdo cuando por un lado le niegan la posibilidad a las comunidades indígenas de administrar un medicamento que puede salvar una vida y por el otro lado tampoco les brindan médicos que lo administren. A las comunidades llegan grupos extramurales compuestos por auxiliares de enfermería o higienistas bucales y con suerte un par de veces al año.

Agreguemos ahora la dificultad geográfica del departamento. Desde Bogotá pueden salir más de 100 vuelos semanales hacia una ciudad como Cali. Hacia Mitú únicamente salen 2, uno los martes y el otro los domingos, ya que de las aerolíneas comerciales principales, a Mitú únicamente llega Satena. Unos tiquetes ida y vuelta pueden salir mínimo en unos $600.000 pesos. La comunicación dentro del departamento es aún peor. Entre los únicos 3 municipios, Mitú, Carurú y Taraira, únicamente se puede llegar en avioneta o en un avión de carga DC3 y un viaje ida y vuelta suele costar alrededor de $3 millones de pesos en una de estas avionetas para 4-5 ocupantes.

Uno pensaría que si volar es tan costoso, la solución está en los otros medios de transporte. Pues no. Según el INVIAS, y sería absurdo tratar de comunicar estas regiones de esta forma. La vía fluvial es la más utilizada, pero no por ello deja de guardar serios inconvenientes. Un galón de gasolina en Mitú cuesta el doble que en Bogotá. Esto hace que el transporte en lanchas de motor sea significativamente costoso, sobretodo para una población mayoritariamente rural, indígena y de escasos recursos. En la ruralidad del Vaupés no existen medios de transporte medicalizados, a pesar de los $5 mil millones de pesos que se aprobaron de regalías para inversión en la red hospitalaria y que de los cuales no se ha ejecutado un solo peso según el .

Como no hay especialistas en el departamento, muchos pacientes tienen que ser remitidos a ciudades cercanas como Villavicencio para lograr su adecuada atención, si es que algún día llegan a recibir la remisión. El otro lío es que son personas de bajos recursos a quienes los transportan sin apoyarlos en lo referente a alimentación o habitación. Muchos indígenas llegan a albergues en donde tienen que pasar por condiciones muy precarias que los ancla a vivir en ambientes lejanos a sus costumbres y tradiciones.

Los indígenas del Vaupés en teoría no solo cuentan con el Sistema General de Seguridad Social en Salud, sino también a un Sistema Indígena de Salud Propio e Intercultural, tal como lo señala el Decreto 1973 de 2013. Pues en la realidad no tienen ni el uno ni el otro. Así como hemos visto la completa falta de acceso material al sistema de salud, resulta que para apoyar a los indígenas en la construcción de un sistema de salud propio que se complemente con el sistema de salud general. A mi me parece una total falta de respeto que el sistema de salud colombiano no reconozca económicamente la importante labor de los médicos tradicionales que proveen de servicios de salud a los habitantes de la ruralidad del Vaupés o que no se abra a incorporar las prácticas tradicionales como lo es el parto vertical o en cuclillas.

El caso del Vaupés refleja la realidad del sistema de salud de las zonas rurales y dispersas en Colombia, en donde habitan comunidades tradicionales vulnerables y de bajos recursos. Es inconcebible que estas comunidades sean abandonadas y dejadas a su suerte como si fueran colombianos de segunda clase. La inacción del Estado, en sus diferentes sectores y niveles, hoy en día vulnera sistemáticamente el derecho fundamental a la salud de estas poblaciones que en teoría son constitucionalmente protegidas.

En estos momentos la Corte Constitucional se encuentra revisando una acción de tutela promovida por el Defensor del Pueblo Seccional Vaupés en contra de las instituciones responsables de la salud de las comunidades del departamento. Esperamos que su fallo constituya un llamado de alerta para que los gobiernos nacional, departamental y municipal, así como las demás instituciones públicas, trabajen de la mano para lograr llevar la justicia social en salud que estas comunidades piden y merecen.