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Ser líder social sin morir en el intento: III

En esta tercera entrega se muestra que no siempre los líderes sobreviven pero que es posible hacer acciones colectivas exitosas gracias a un riesgo distribuido, a una organización flexible y a una descentralización.

Fredy Cante
Fredy Cante
Profesor de la Facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario
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06 de Agosto de 2018

En la historieta infantil como en la realidad, millares de ratones (ciudadanos) lograrían paz y bienestar poniendo un cascabel al gato, es decir, derrocando a un dictador, desenmascarando a un político criminal, o desmontando el poderío económico de una enorme corporación. El dilema de la acción colectiva es que no todos los ratones se arriesgan a poner el cascabel al gato.  

Si muchos desean cambiar el mundo pero muy pocos trabajan para cambiarlo entonces la acción colectiva será fallida.

 

Sobre los imprescindibles en una acción colectiva

 

Sin esa mezcla de héroes y locos que son los líderes que inician una acción colectiva o fundan un movimiento social, posiblemente, no existirían avances hacia la democratización ni brizna alguna de derechos sociales, civiles y políticos.

Los first movers, o los que se movilizan primero y asumen riesgos antes que el resto de la masa, son los líderes imprescindibles en las diversas acciones colectivas. Estos líderes singulares son cooperadores incondicionales, es decir, siempre están dispuestos a trabajar por cualquier modalidad de bien común de una colectividad y esto sin importar la indiferencia o la cobardía del resto. Sin el heroísmo de Jesús y su docena de apóstoles, posiblemente, no habría emergido ni se habría difundido el cristianismo.

Elementales organismos de la naturaleza muestran cuán importante es el altruismo y la ofrenda de la propia vida para salvar a sociedades enteras de la extinción. Hallazgos científicos dan cuenta de la existencia de altruismo y de generación de acciones colectivas a largo plazo en microorganismos como las amebas. Ver link:

Los enemigos y saboteadores de la protesta, de la movilización y del cambio social en Colombia han entendido muy bien eso y, en consecuencia, a lo largo de la historia ha existido un sistemático exterminio de los grandes líderes y fundadores de transformaciones sociales. En las turbulentas décadas del siglo anterior fueron exterminados políticos renovadores como Jorge Eliécer Gaitán, Luis Carlos Galán, Carlos Pizarro, Jaime Pardo Leal y Álvaro Gómez Hurtado. Fueron eliminados exponentes de voces críticas como Guillermo Cano y Jaime Garzón. Y fueron aniquilados funcionarios ejemplares como Rodrigo Lara Bonilla. Al matar a esos grandes referentes y a otros cientos de líderes (miembros de la UP, periodistas y profesores críticos, etc.) los enemigos de la democracia han cercenado importantes procesos de cambio social y político. Hoy pretenden hacer lo mismo con la masiva exterminación de líderes sociales.

 

Los líderes como antorchas en medio de la oscuridad:

Los líderes fundadores o first movers son también guías de una acción colectiva pues marcan pautas (propuestas, sueños, guías de acción) para sus seguidores. Fernando Pessoa, el gran literato portugués, en su clásico cuento El banquero anarquista, plantea que uno ofrenda su vida por alguna causa si confía en que esta cambiará favorablemente algo del mundo. Si los líderes envían señales erradas entonces perderán la confianza de sus seguidores o generarán acciones colectivas erráticas.  

Algunas veces existen notables líderes que, debido a sus grandes errores, pierden la vida o por sus torpezas echan a perder un proceso político. Los dirigentes fundadores de la guerrilla del ELN y el propio cura Camilo Torres Restrepo son los grandes culpables históricos de la trágica y torpe muerte del líder.

En tiempos más recientes, la ambigüedad y algún coqueteo con el Uribismo por parte de Antanas Mockus generó una disipación de la energía social de la llamada ola verde. Hace unos meses, el cuestionado voto en blanco que hicieron líderes como Sergio Fajardo, facilitó una desbandada de los votantes por el verde y se perdió una oportunidad para lograr una oposición unificada.

 

Liderazgo conjunto y distribución de riesgos

Nuestra realidad económica, social, política y aún afectiva está expuesta a turbulencias, a extremados riesgos y a incertidumbres. La muerte o la gloria, la  ruina o la prosperidad,  son sorpresas que pueden estar a la vuelta de la esquina, en cualquier lugar del país y en cualquier instante.

Cuando algunos pocos líderes se tornan imprescindibles y osan hacer todas las tareas, entonces se transforman en jugadores individuales que, todo el tiempo, hora tras hora y día tras día, asumen todas las turbulencias y todos los riesgos extremos. Cuando siempre va un mismo ratón a poner el cascabel al Gato, tarde o temprano el pequeño héroe será devorado; cuando un mismo jugador va al casino de la fatalidad,  cada día,  entonces acabará cayendo en la ruina en cualquier momento.

Cuando hay una inteligente distribución de riesgos, entonces todas o la gran mayoría de las personas que participan en una causa social, correrán, cada quien en momento,  riesgos sucesivos: cuando cada día va un ratón distinto a poner el cascabel al gato, unos ratones sobrevivirán y otros perecerán en el intento, pero la colectividad ganará la causa pues han afrontado el riesgo conjuntamente.

La descentralización, la delegación de tareas, la propia iniciativa y la formación de activistas dispuestos a todo (como ocurre con la guardia indígena del Cauca), son claves para la distribución de riesgos.

En el texto de Kurt Schock, Insurrecciones no armadas hay varios ejemplos de distribución del riesgo y de ejecución de acciones colectivas masivas (con poco riesgo para los participantes). Cuando miles de personas hacen, cada cual, una tarea importante y no tan riesgosa, aumenta la posibilidad de éxito de una acción colectiva.

La inteligencia de la naturaleza muestra que los árboles no son individuos solitarios y aislados, y que más bien actúan colectivamente, con conexiones subrepticias y poderosas redes de comunicación. Ver el link:

 

Héroes cotidianos y liderazgos espontáneos

Científicos sociales como Stanley Milgran (autor del texto obediencia a la autoridad) y Philipe Zimbardo (autor del libro el efecto Lucifer) se preguntaron, básicamente, porqué los chicos buenos (o, en nuestro contexto,  los buenos muchachos) terminan haciendo cosas malas.

En sus controvertidos experimentos (simulando prácticas represivas en la educación y torturas carcelarias), encontraron, tristemente, que una mayoría de seres humanos normales (acaso inofensivos), son propensos a obedecer órdenes absurdas impartidas por alguna autoridad. La ciega obediencia a la autoridad conduce a que cualquier funcionario público o privado haga directa o indirectamente actos de maldad en contra de los más débiles e indefensos.

La propuesta de Zimbardo consiste en hallar héroes cotidianos y espontáneos que pueden, en sus quince minutos de actuación efectiva, poner su granito de arena para cambiar el curso de la historia. Ver link:

En nuestro medio son recordadas las historias de héroes que se han negado a obedecer órdenes absurdas y a seguir pautas de líderes corruptos. Hace algunos años un director del DANE se negó a publicar estadísticas maquilladas; hace pocos meses el Superintendente de Industria y Comercio se enfrentó al gremio de los azucareros, aún a pesar de las críticas de ciertos senadores neoliberales y de otros “progre”; el saliente Ministro de Salud se enfrentó al poder de algunos mercaderes de las medicinas;  y varias veces algunos heroicos policías han puesto infracciones a pedantes poderosos que se escudan en la manida fórmula de “usted no sabe quién soy yo”.

 

Para derogar la ley de hierro de la oligarquía

Un siglo atrás el sociólogo alemán Robert Michels, en su clásico texto Political Parties: A sociological Study of the Oligarquical Tendencies of Modern Democracy muestra que la organización política engendra nuevas tiranías.

Al interior de partidos políticos y diversas organizaciones (aunque estas sean sindicatos o partidos izquierdistas) se genera un dominio de los líderes sobre la masa. Los liderazgos se convierten en una simiente de nueva oligarquía política y en preservación de jerarquías y de la abominable división entre quienes mandan y quienes obedecen. No hay que olvidar que en América Latina algunos heroicos líderes sobrevivieron y luego se transformaron en tiranos, por ejemplo el dictador Ortega en Nicaragua.

 

Un antídoto contra ese enorme problema es la multiplicación de organizaciones locales que sean intensas en democracia directa y en control ciudadano sobre sus delegados.