Revocatoria de Peñalosa la mejor promoción política

El movimiento político, nada casual, que busca revocar a Peñalosa, es otra muestra de la democracia de la posverdad, que agobia al mundo de hoy. Pero las posverdades solo pueden aspirar a ganar batallas más no guerras. La revocatoria en sí es bastante incierta y puede proyectar a Peñalosa como un fuerte candidato presidencial para 2022. 

José Germán Zarama de la Espriella
José Germán Zarama de la Espriella
Consejero del SENA, periodista y ejecutivo gremial
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07 de Marzo de 2017

En este mundo de pos-verdades, tan patético hoy en la política mundial, las comunicaciones suelen tener un horizonte táctico pero no siempre estratégico. Esto parece estar ocurriendo con la campaña de consecución de firmas para revocar al Alcalde Enrique Peñalosa. Y, aunque ganen batallas, las victorias tácticas no siempre llevan a ganar la guerra (recordemos a Churchill: “de derrota en derrota hasta la victoria final”). 

Si uno estudia una por una las razones invocadas para firmar la solicitud de revocatoria, encuentra que hay poca racionalidad y muy poca concordancia fáctica. De Peñalosa se dicen muchas cosas ‘indignantes’. Abundan argumentos ‘posverdad’: deficiente ejecución presupuestal, recortes en salud, reducción de metas en cupos escolares, e insensibilidad con adultos mayores en uso de espacios públicos. Si examinamos las respuestas públicas y formales, se trata de justificaciones dirigidas a exaltar las emociones populares, que son desmentidas formalmente por la gente de Peñalosa ().

De otra parte, en otros temas importantes más no controvertidos por los revocadores, como la seguridad, los indicadores son muy positivos. Se supone que hay menos homicidios, menos robos de celulares y menos lesiones personales que hace un año. Pero, si creemos en las cifras oficiales, ¿por qué Bogotá no está contenta con Peñalosa?; ¿por qué según Gallup, 75 por ciento lo desaprueba?

Algunas respuestas académicas a estos dilemas sociales argumentan la comprensible impaciencia de la gente, ‘que quiere ver resultados ya’. Otras, dan explicaciones prácticas, como la inconformidad por golpear ilusiones sociales de proyectos como el metro subterráneo. Pero, si leemos y creemos las respuestas de la alcaldía, debería ser suficiente para no firmar la aparentemente exitosa convocatoria.

Surge una nueva pregunta: ¿falta divulgar más amplia y favorablemente la gestión de Peñalosa? Me atrevo a pensar que ese no es el punto, sino un factor de credibilidad en el sistema, que juega en contra del alcalde.

Muchos creen que esta posible falta de credibilidad se origina en el estilo de comunicación de Peñalosa. Estas explicaciones técnicas de proyectos como el metro o la urbanización de la reserva Van-der-Hammen, habrían generado una “confrontación con sectores ciudadanos que cuestionan dichos proyectos”.

En realidad, en el imaginario popular, probablemente Peñalosa representa desde su figura, su discurso y su manera de hablar a un sistema que el subconsciente colectivo popular rechaza. Esta es su manera de ser, como político tecnócrata nacido del sistema, y esto afecta su credibilidad inicial como gobernante en épocas de indignación política. Esta situación de origen, y el poder de comunicación de ‘posverdades’ de una poderosa maquinaria política, hoy viuda del poder, explicaría los resultados de las encuestas. 

Sin embargo, todo juega estratégicamente a favor de Peñalosa, incluso el liderazgo de Petro y su reconocida dialéctica de posverdades en la revocatoria. Es muy posible que Petro gane la batalla por las firmas. Pero es bastante dudoso que la revocatoria llegue a convocar a cerca de un millón cien mil votantes, quinientos cincuenta mil y uno de ellos a favor de la revocatoria, para sacar a Peñalosa de su cargo. Al fin de cuentas, Petro y su grupo político perdieron primero la credibilidad de la gente como opciones de gobierno para este periodo. La candidatura a derrotar era la de la izquierda y no la de Peñalosa. No importa que coyunturalmente Petro y demás promotores puedan conectarse con el pueblo, mediante emotivas posverdades, para recoger su firma.  

Para que Peñalosa empiece a ganar credibilidad necesita tres cosas: primero, enfrentar a muchísimos bogotanos al temor de un regreso de Petro, tan estigmatizado como incompetente; segundo, consolidar sus proyectos en temas como el transporte, la educación y la salud, vitales para los más jóvenes y los más pobres; tercero, evitar caer en juegos sucios o escándalos de corrupción.

Si se dan las tres condiciones, las posverdades de la oposición terminarán derrumbándose por sí mismas en menos de tres años. Peñalosa terminaría entonces arropado con una popularidad semejante a aquella que logró al terminar su primera alcaldía. El paradigma de la popularidad del 'producto' Peñalosa habría cambiado a favor. Y todo estaría apalancado en el punto de oposición de una revocatoria que muy probablemente fracasará. Quizás, gracias al fracasado esfuerzo revocatorio, Peñalosa sea impulsado como candidato presidencial con mucha opción en 2022.