¿Qué sabemos sobre el alcoholismo?

Comúnmente escuchamos que algunas personas hacen distinción o una marcada diferencia frente a los términos: alcoholismo y adicción, atribuyendo mayor gravedad  a una respecto a la otra,  sin embargo en el trabajo de campo se puede observar que no hay tal diferencia.

Martha Suescún
Martha Suescún
Fundadora y Directora de la Fundación Libérate
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25 de Octubre de 2016

En este sentido es importante detenernos en este punto, en 1952 la Organización Mundial de la Salud (OMS) afirmó lo siguiente: “Alcohólicos son aquellos bebedores excesivos cuya dependencia al alcohol ha alcanzado un grado tal que presentan notables trastornos mentales o interferencias con su salud mental o física, con sus relaciones interpersonales y su funcionamiento social y económico, o bien tienen signos claros de la tendencia a orientarse hacia tales síntomas. Es por eso, entonces, que tales personas requieren tratamiento” (Aragón y Miquel, 1995, citados por Landa y Fernández-Montalvo, 2004). De la misma manera dicha Organización definió la Adicción como: una “Enfermedad crónica, fatal, progresiva, en donde se presenta un estado de intoxicación crónica y periódica originada por el consumo repetido de una droga, natural o sintética”, sus características son: a) Una compulsión a continuar consumiendo por cualquier medio; b) Una tendencia al aumento de la dosis; c) Una dependencia psíquica y generalmente física de los efectos; y d) Consecuencias perjudiciales para el individuo y la sociedad.  

Siendo así entramos a cuestionarnos si el alcohol, ¿genera un estado de intoxicación originada por su consumo repetido y/o excesivo? ¿Mi ingesta de alcohol es frecuente o esporádica, pero cuando se presenta no puedo detenerme sin perder el conocimiento? ¿Cada vez siento deseos de tomar más para sentirme mejor? ¿Las situaciones de mi  vida se hacen más tolerables si las acompaño con “un trago”? ¿Mi consumo de alcohol ha afectado las relaciones familiares o afectivas? ¿He descuidado mis responsabilidades por consumir? Estos cuestionamientos permiten concluir que SÍ, el alcoholismo es una adicción más, no más grave, ni menos peor al resto de adicciones que conocemos, lleva a quien consume a un estado de compulsión e indefensión frente a la sustancia, las consecuencias fisiológicas y psicológicas percibidas en ausencia del consumo generan el deseo de volver a consumir. 

¿Por qué se presenta?

El alcoholismo involucra cambios físicos, biológicos y de conducta que se caracterizan por  la falta de control sobre el consumo de la sustancia, no se ha identificado una causa puntual y exacta sobre la etiología de la enfermedad, sin embargo se ha dado gran importancia al valor hereditario en las familias con un padre o madre alcohólica en comparación con un individuo que no tenga ascendencia de alcoholismo (Barrios de Tomasi, Juárez-Gonzáñez, 2007).

El alcohol tiene la propiedad de difundirse fácilmente por el torrente sanguíneo afectando todo tipo de células, menos del 10% de alcohol es excretado por la orina, el sudor y la respiración, y el 90% es metabolizado. El alcohol actúa sobre  el ácido-aminobutírico (GABA), dopamina, opioides, serotonina y glutamato, siendo el alcohol una sustancia depresora del sistema nervioso central. A nivel cerebral el alcohol tiene efecto sobre estructuras relacionadas con sensaciones de placer de esta manera adquiere su propiedad adictiva (Barrios de Tomasi, Juárez-Gonzáñez, 2007).

El aumento de dopamina después de consumir alcohol está mediado por el sistema opioide, una posible teoría explicativa para el alcoholismo plantea que  la deficiencia de opioides pueden llevar a los individuos a  consuman alcohol para compensar la deficiencia, por tanto quienes tienen menor cantidad de endorfinas pueden presentar una fuerte predisposición para el consumo crónico de alcohol (Barrios de Tomasi, Juárez-Gonzáñez, 2007).

Por otro lado, es importante tener presente que en América Latina y el Caribe las diferencias de género referentes al consumo de alcohol son claras, son los hombres quienes representan mayores problemas asociados con el consumo de alcohol, sin embargo la adicción no es problema únicamente de quien consume la sustancia  sino que también involucra a la familia, especialmente a las mujeres que conviven con una pareja alcohólica.  En estos casos siempre que uno de los miembros de la familia desarrolla una conducta adictiva el otro desarrolla la codependencia. En este sentido las situaciones relacionadas con el consumo de sustancias y específicamente del alcohol son violencia física, sexual y psicológica, que resultan de la relación entre el adicto y el codependiente, vulnerando los autoesquemas de los integrantes de la familia.  Los comportamientos de la pareja del alcohólico  son de víctima, de perseguidora y salvadora, considerando que sólo esta persona puede salvar a la pareja, descalificando centros de tratamiento y ayuda profesional, de esta manera la codependencia tiene mayor prevalencia en las mujeres y resulta como una patología generada por el consumo crónico de sustancias (Hernández y Villar, 2008).

En ocasiones, la familia constituye en ocasiones otro factor de riesgo para acelerar el consumo de sustancias, los estilos de crianza y de autoridad ejercida en los cuales el consumo  se presenta como una forma de evadir la vida familiar que resulta desastrosa. A nivel personal los factores  de riesgo como la baja autoestima, valores morales, la capacidad de decisión son más perjudiciales que otro tipo de factores antes mencionados (Espinosa y Anzures, 1999).

A partir de lo anterior, entender el alcoholismo como sinónimo de adicción permite ver más allá del consumo per se y adentrarse en la consecuencias del mismo para la vida de quien consume y de quienes lo rodean, la decisión más sencilla en medio de la complejidad es detener el consumo, la más radical es cambiar todo aquello que deseamos que el alcohol llene en nuestro interior.

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Referencias

Barrios de Tomasi, E. y Juárez-González, J. (2007). Antagonistas opioides y consumo de alcohol. Revista de Neurología, 45, pp. 155-162. Tomado de la fuente

Espinosa, M.A. y Anzures, L.B. (1999). Suicidio, homicidio y drogadicción en niños y adolescentes. Rev Med Hosp Gen Mex  (62) 3. Pp. 183-190. Tomado de la fuente

Hernández, M. y Villar, M. (2008). Relación afectiva de mujeres con un esposo alcohólico: un comportamiento social aprendido que repercute en su salud. Esc Anna Nery Rev Enferm. 12 (4), pp. 806-810. Tomado de la base de datos Redalyc.

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