Posestractivismo o neoestractivismo: la encrucijada

El país está enfrascado en una discusión sin salida: entre continuar explotando nuestros recursos naturales y dejar de lado estos proyectos para la protección del ambiente y las formas tradicionales de vida. Esta situación, ha hecho que no se tenga una visión clara de desarrollo que armonice intereses nacionales y locales. Es momento de un diálogo nacional para trazarnos un norte. 

Yessica Prieto Ramos
Yessica Prieto Ramos
Coordinadora de Investigaciones de Crudo Transparente
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26 de Abril de 2017

Mucho se ha hablado en el país sobre el fin de los precios altos del petróleo y el impacto que esto ha generado no solo a las finanzas nacionales, sino también para los entes territoriales. Así mismo de los daños ambientales y sociales que dejaron el boom del petróleo y la extracción de otros minerales para las regiones. Sin embargo, pese a que el ciclo de bonanza terminó ya hace rato, en el país aún no se ha planteado una agenda clara que dé respuesta a los nuevos desafíos que esta situación genera, nos encontramos entre el dilema del posestractivismo o el neoestractivismo.

El primero hace referencia a la búsqueda de otras fuentes de energía, modos de producción y de recursos económicos; el segundo, a la continuación de los proyectos de extracción de recursos naturales, que en América Latina han generado un aumento de proyectos en zonas sensibles ambientalmente y con pocos estándares.  

El gobierno se niega a renunciar a las rentas extractivas por el peso que tienen, o mejor, que tuvieron, para la financiación de programas sociales que lograron generar una disminución de la pobreza, pero sin resultados en materia de cierre de brechas. Se estimula la inversión del sector por medio de la disminución de los estándares ambientales, legales y económicos, se deslegitiman los procesos territoriales y se insiste en que nuestra única salida es continuar explotando nuestros recursos naturales.

Por su parte las comunidades cada vez más manifiestan su desacuerdo con el desarrollo de esta clase de proyectos y acuden con mayor frecuencia a medios legales y participativos para impedirlos, ejemplo de ello las recientes consultas populares en Cajamarca, Tolima y Cabrera, Cundinamarca. La defensa del medio ambiente, de las formas tradicionales de vida, marcan esta lucha.  

Esta diferencia en la visión de desarrollo, nos tiene en un callejón sin salida. El país está en deuda de promover un diálogo nacional donde nos sentemos a conversar sobre la apuesta de desarrollo que queremos como colectivo. Este diálogo tiene que ser multisectorial, multiactor y regional. Es hora que el gobierno escuche y reconozca lo que las comunidades desean para sus territorios, que genere capacidades locales para la toma de decisiones y que la descentralización se produzca de manera real.

En tanto, las comunidades están en el deber de comprender que el territorio no es el mismo de hace décadas, que ha sostenido cambios por diversos actores nuevos y dinámicas económicas y políticas; el consenso debe partir no de lo que fue, sino de lo que es. La diversificación económica es posible siempre y cuando haya un respeto por el medio ambiente y los derechos de quienes habitan allí.

El escenario de posacuerdo es el ideal para llevar a cabo este proceso, es un momento de profundización de la democracia, no de aplazamiento de la misma. La clave del éxito está en bajar el nivel del discurso y territorializar el desarrollo.