Por Mocoa…

De igual modo que asignamos culpas debemos estar abiertos a reconocer el trabajo que se ha hecho bien...

Ricardo Ocampo
Ricardo Ocampo
Fundador y Director de llenando espacios (www.llenandoespacios.com)
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19 de Abril de 2017

Bajábamos  de la vereda Villa Rosa  luego de haber estado trabajando con colores y plastilinas con los niños. Y delante de nosotros, hablando en su celular a un volumen imposible de ignorar,  caminaba esta mujer hacia Mocoa. Apenas había  alcanzado a salir de su casa con sus hijos, la noche en que se les vino el rio encima. Iba por el subsidio de arriendo, pero con la idea de limpiar el barro de una de las casa que todavía se levanta y acomodarla para quedarse allí.

 

Decía que esa si era una casa buena, no como las que el gobierno iba a dar. Y hablaba con voz recia de como el gobierno se estaba robando toda la plata que les habían donado, y como afortunadamente la ayuda internacional y la cruz roja si estaban llegando...  porqué la corrupción, porqué los funcionarios bandidos, porqué se estaban quedando las ayudas, porqué… etcétera… etcétera… etcétera…

 

Y esta es una conversación con la que me encontré repetidas veces. A todos los niveles. Víctimas en los albergues que perdieron  todo y lloran a sus muertos con una dignidad que no deja de abrumarme , vecinos preocupados por lo que se le viene a su ciudad que intenta recuperarse,  voluntarios realmente increíbles tratando de ayudar,  personas comunes donando con generosidad. Y todos con la más increíble dificultad para reconocer la labor del gobierno. Un gobierno que ha aprendido  de las lecciones pasadas y se ha hecho presente con rapidez y luchando por ser efectivo.  Que con todas las dificultades ha respondido.

 

Aún ahora, mientras escribo estas notas, veo llegar a los grupos de whatsup mensajes de queja. En muchos casos por carencias legítimas… lo que pasa en Mocoa es una tragedia monumental. Pero puedo  identificar cómo, en otros casos, se trata de una inercia que nos consume a todos y que nos lleva a un pesimismo destructivo, dónde lo fácil es criticar.

 

Y todos conocemos las muchas razones por las que es fácil criticar. Las vemos todos los días en los periódicos y aparecen con facilidad en las conversaciones que sostenemos a diario. Pero es innecesario ensañarse con lo que no ha pasado, especialmente cuando el trabajo en Mocoa muestra otra cosa. No podemos dejarnos llevar por la costumbre y el decir de los que hablan por intereses particulares, rencor o partidismo.  Eso queda bien como slogan de campaña política y podemos dejárselo a los partidos  que hablan de la corrupción en elecciones, como una generalidad, sin ocuparse de presentar soluciones concretas.

 

En lugar de caer en lo fácil, podríamos intentar hacer algo totalmente novedoso: suspender nuestras críticas hasta que tengamos  información que nos permita hablar con ecuanimidad. Y quiero enfatizar que  no estoy diciendo que no seamos  críticos. Debemos serlo. Demasiadas vidas dependen de ello. Debemos estar encima del uso de los recursos que se han dado y prometido a Mocoa. Debemos exigirle al gobierno una reacción pronta, eficiente y efectiva. Que no se quede en mojar la prensa del momento, sino que cumpla las promesas que se han hecho para el futuro de Mocoa. Pero no saltemos a condenarlo antes de tiempo y sin ver lo que está pasando.

 

Nosotros como voluntarios independientes podemos sumar esfuerzos y la generosidad que se ve en Mocoa es prueba de ello. Pero el esfuerzo de reconstrucción necesita del gobierno. Reconstruir el espacio público limpiando con retroexcavadoras el cauce de los tres ríos que se llevaron la ciudad, recuperar el acueducto y la electricidad en el tiempo prometido, llevar al ejercito para instaurar el orden y hacerse cargo de varios albergues con increíble eficiencia, abrir colegios… todo esto necesita del gobierno.

 

Incluso coordinar el caos de buenas intenciones que se vuelca sobre Mocoa. Mi experiencia con el generoso grupo con el que viajé a Mocoa, fue la de llegar a los albergues con las mejores intenciones de ayudar, para encontrarnos repetidas veces con otros grupos que también estaban haciendo lo mismo. Vi en cada albergue gente de Pasto, Cali, Medellín, Bogotá o de otras tantas ciudades, que llenó su camioneta de comida, agua o toallas higiénicas.  O letrinas químicas. O juguetes y juegos de mesa. Y llegaban preguntando dónde podían ayudar. Y corrían a las veredas más lejanas a llevar ayuda para encontrarse con otros que también habían llegado. Ese caos generoso necesita articulación. Sería más eficiente con algo de coordinación. 

 

Y también para eso necesitamos del gobierno…