Populismo, roles y estándares en el debate público

No es extraño que el líder carismático o el caudillo ataque a los medios de comunicación tanto para defenderse de cuestionamientos y evitar contestar preguntas incomodas como para posicionarse en el centro de la agenda pública. 

Andrés Ucrós M
Andrés Ucrós M
Abogado - politólogo
447 Seguidores43 Siguiendo

3 Debates

4 Columnas

Columna

3842

0

17 de Julio de 2017

El ataque del Senador Uribe al humorista político Daniel Samper Ospina se puede analizar, al menos, desde el ámbito de lo político y desde lo jurídico. 

Desde lo político uno podría caracterizar la situación como el uso de una clásica táctica populista en época pre electoral.Este tipo de tácticas se han utilizado tanto por caudillos de izquierda como de derecha en todo el mundo.

Ejemplos de recientes ataques directos a la prensa por parte de líderes carismáticos se pueden encontrar en Venezuela, Ecuador, Colombia, EEUU y Turquía sólo para mencionar algunos pocos casos.

No es extraño que el líder carismático o el caudillo ataque a los medios de comunicación tanto para defenderse de cuestionamientos y evitar contestar preguntas incomodas como para posicionarse en el centro de la agenda pública. Al atacar a la prensa, el caudillo desvía la atención de los temas relevantes y centra el debate donde le conviene, en su persona, su actitud, sus intereses.

Esta estrategia fue usada de forma exitosa por Donald Trump en la carrera para la presidencia de EEUU: definió a la prensa como uno de los enemigo de los intereses y de las buenas costumbres del pueblo americano y se posicionó como su garante. Así las cosas, lo que estamos observado es que Uribe y el Centro Democrático usarán estás herramientas para buscar el poder en el 2018.

Si se analiza la situación y el discurso, el senador Uribe atacó a Daniel Samper Ospina y luego justificó su ataque en defensa de la moral, de la familia, de los derechos de los niños y de la identidad “antioqueña”, temas todos que seguro estarán gravitando en la campaña a la presidencia de Colombia.

Desde el punto de vista jurídico, la discusión es sobre los roles que cumple cada uno de los sujetos y los estándares de corrección que deben aplicarse.  

Lo primero que uno debería diferenciar es el rol social que cumple un periodista, en este caso un humorista político y el rol que cumple un funcionario público, en este caso un senador. 

El rol social del humorista político es cuestionar el poder amparado por el derecho constitucional de la libertad de prensa y la libertad de expresión. 

Este rol implica que el estándar de corrección que se le aplica al humorista político es un estándar más flexible en términos de su creatividad, de su discurso, del uso del lenguaje y los distintos formatos para cuestionar el poder. 

Una democracia sana y un sistema constitucional robusto incentiva a que la ciudadanía cuestione el poder (aún con formas discursivas incomodas) pues reconoce el valor intrínseco que esto tiene con el fin de mantener el poder y a los poderosos bajo control.

Por otro lado, el rol del político, en este caso de un funcionario público elegido democráticamente, es principalmente proteger los derechos de la ciudadanía, incluido el derecho a la libertad de expresión y a la libertad de prensa. 

El político entonces tiene el deber y la obligación constitucional de proteger la libre expresión y el derecho de los humoristas políticos a cuestionar el poder, aun cuando los cuestionamientos sean ácidos e incómodos. 

En una democracia funcional, el político debe velar siempre porque exista esa libertad de expresión y porque el humorista pueda cuestionar el poder.

En este sentido, el estándar de corrección que se le aplica a un político es un estándar más alto y exigente porque es un funcionario público que debe proteger los derechos de todos, aún los de aquellos ciudadanos que lo cuestionan. 

Así las cosas, el rol y el estándar que se le aplica a Daniel Samper Ospina y al senador Uribe son muy diferentes. 

Es por esto que el Senador no puede igualarse al humorista y cuestionar sus formas. No hay justificación alguna para excusar el ataque de Uribe contra Daniel Samper.

Finalmente, vale la pena resaltar el hecho de que varios periodistas y medios de comunicación hayan salido en defensa de Daniel Samper. Estos entendieron que un ataque a un periodista es un ataque contra todo un sector que busca controlar y llamar a rendir cuentas a los poderosos.  

 Sin embargo, Uribe se anotó una victoria política ya que se apropió de nuevo de la agenda pública y logró otra vez dividir al país en torno a un tema eminentemente emocional. 

Estas discusiones generadas desde el populismo, nos quitan el foco sobre lo importante y contribuyen a una polarización innecesaria en una época de gran pesimismo ad portas de una carrera electoral.