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Petro pierde una batalla estratégica contra Peñalosa

La figura de la revocatoria, según la Corte Constitucional, constituye “una de las conquistas de mayor trascendencia en favor de la democracia participativa”. Poco ha servido, excepto para volverse como boomerang  contra sus promotores.
 

José Germán Zarama de la Espriella
José Germán Zarama de la Espriella
Consejero del SENA, periodista y ejecutivo gremial
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28 de Febrero de 2018

Ha pasado menos de un año desde cuando escribí la columna  Revocatoria de Peñalosa la mejor promoción política () y el tema vuelve a estar de actualidad. El fracaso de la revocatoria del actual alcalde de Bogotá era desde entonces previsible, por razones estadísticas. Esta afirmación se explica porque desde la Constitución de 1991 se han dado 165 intentos, todos fallidos, de revocatoria contra alcaldes, si mis cálculos no fallan. Pero, este último intento capitalino termina aún antes de convocar a urnas, por razones procedimentales. En efecto, el Consejo Nacional Electoral (CNE) ordenó la apertura de una investigación al comité Unidos Revocamos a Peñalosa, por presuntas irregularidades en sus informes financieros. Esto hunde en la práctica el malhadado intento.

El movimiento político afín a Gustavo Petro, que busca la revocatoria mencionada, se había fortalecido mucho con la actual candidatura presidencial del ex-alcalde. A su turno, la presente campaña petrista establecía sinergias con este ‘comité’ de intenciones revocatorias. Y, fracasada la batalla revocatoria, como en la práctica ocurre con la decisión del CNE, se dificulta el objetivo político de retomar el poder en Bogotá. Pero también hay una legítima pérdida de imagen del grupo, que golpea sus aspiraciones presidenciales.    

Crónica de un fracaso revocatorio anunciado  

No olvidemos que casi desde cuando empezó el gobierno de Peñalosa, se anunció la intención de revocarlo. Desde 2016, en las redes sociales y en medios masivos de comunicación se adelantó propaganda revocatoria mucho antes de cumplirse el plazo mínimo. Un año de compás de espera era el requisito señalado por la ley reglamentaria (131 de 1994). A más de la proclividad original del proyecto, recordemos que las razones invocadas por el ‘comité’ para la revocatoria, parecían carentes de objetividad. Probablemente calificables de ‘fake news’, según me pareció entonces al opinar del tema. Hoy no he cambiado de opinión.

El intento de revocatoria, que mantuvo viva la opción política petrista, derrotada por Peñalosa en las urnas, vuelve a poner en entredicho su credibilidad como candidato presidencial. Y sí..., Clara López, la candidata de Petro en esa ocasión, fue afectada por la falta de credibilidad de la democracia en su antiguo copartidario. Ahora la fracasada estrategia revocatoria, por caminos jurídicos presumiblemente debatibles, revive de nuevo la crisis de confianza en las propuestas petristas.

Recordemos que en la democracia, como hoy constata el tirano venezolano Nicolás Maduro, no basta con favorecer a la base del pueblo. Para efectos de democracia, el pueblo somos todos, no solo la base, y hay que lograr que la mayoría de ese pueblo resulte beneficiado. Maduro, quien mató la verdadera democracia cuando le dio la espalda, la debió suplantar por ello por su concubina constituyente. Ciertamente, cuando las políticas son populistas, como en la Venezuela chavista o como se sindica al “bogotano” candidato Petro basados en su alcaldía, se arriesga la credibilidad. Y sin credibilidad no hay opciones democráticas, aunque subsista la opción perversa de las tiranías.

Lo cierto es que el populismo se puede seguir beneficiando de una base incondicional, así sea minoritaria, para jugar en las ligas democráticas. Esa es la misma base electoral que contra toda evidencia de responsabilidad social en su gestión acompañó a Petro en su alcaldía. La misma base sigue, según encuestas, acompañándolo en su movimiento político que ahora aspira a presidir Colombia. Por coyunturas electorales sus seguidores, que probablemente no superen nunca el 30%, podrían incluso catapultarlo a competir en una segunda vuelta.

Qué hacer con la revocatoria como mecanismo de participación ciudadana

Queda por analizar jurídicamente el tema de la figura de la revocatoria, que ha fracasado desde sus intenciones con los dos últimos alcaldes de Bogotá. Recordemos el proyecto de revocar a Petro liderado por Miguel Gómez Martínez y el del petrismo contra Peñalosa, que ahora tocamos. La revocatoria, en todo caso, es este mecanismo de control ciudadano que tiene defectos y problemas serios en el mundo y en Colombia. Problemas sí, ahora tan visibles en el caso del alcalde mayor de Bogotá. Cabe entonces reflexionar sobre su utilidad y pertinencia  social.

Para empezar, consideran los eruditos, los mandatarios no deberían ser expuestos durante su periodo a destitución por cumplir su misión de tomar decisiones impopulares en aras prospectivas del bien común por masas manipulables. Sin revocatorias que desgasten los erarios públicos o políticos y la credibilidad en la democracia, el control ciudadano se expresaría en la siguiente elección. Así ha venido ocurriendo en efecto. Así ocurrió a finales de 2016, ante la fracasada propuesta revocatoria de Petro, los votantes castigaron a partidos políticos petristas gobernantes de entonces y su propuesta de gobierno.

Cabe reconocer que la Corte Constitucional consideró en su momento que la revocatoria del mandato de los gobernantes constituye “una de las conquistas de mayor trascendencia en favor de la democracia participativa”. Y este análisis considera y revalúa los artículos 40 y 103 de la CP.  Pero aun reconociendo la importancia de la alternativa democrática inquietan al menos tres dilemas:

El dilema político-ético del mandatario cuestionado. Puesto que la revocatoria exige un mínimo de votantes del 55 por ciento del censo electoral y una mayoritaria votación por el  ‘sí’ en la votación, los mandatarios enfrentan un dilema. Por una parte podrían invitar a la abstención para que no se llegue al mínimo porcentaje de votantes. Por otra, podrían pedir a sus simpatizantes que voten por el ‘no’, con el peligro de que esto asegure la votación del 55% del censo electoral. .

El dilema de trabajar para plazos largos o privilegiar proyectos sociales de beneficios inmediatos pero insostenibles económicamente en el tiempo. La actual normatividad de las revocatorias lleva a que jurídicamente estas acciones democráticas solo puedan ser impulsadas después del primer  año de gobierno. Esto en realidad es un tiempo muy corto para que los mandatarios avancen lo suficiente en su gestión para empezar a mostrar resultados a la comunidad.

Dilema final, entre la información precisa y la propaganda política. La revocatoria, dicen los estudiosos del tema, “se ha vinculado con dos causales: la insatisfacción ciudadana generalizada o el incumplimiento del programa de gobierno, ambos bastante subjetivos”. El dilema propuesto se agudiza hoy, ante un pueblo más manipulable que nunca por las propagandísticas ‘fake news’, que apelan primordialmente a la emoción.  

 

Comentarios (1)

MANUEL19

28 de Febrero

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A este artículo le faltó un pedazo. Tu opinas que Petro es un populista por ...+ ver más

A este artículo le faltó un pedazo. Tu opinas que Petro es un populista por las propuestas que hace, me temo que no tienes argumentos fehacientes para refutarcelas. Sólo lo dices porque es de izquierda. Como te parecen las propuestas de los otros candidatos arropados en el el centro, en la tercera vía, en la godarria, en la extrema derecha, a los cuales tú no les críticas sus propuestas. Faltas a la verdad como periodista que te haces llamar. Toda la vida los candidatos tradicionales han ofrecido el oro y el moro y de aquello nada, se han comido el país de cabo a rabo y eso a ti no te inmuta, opinas muy bajito.