ONU aceleraría una solución en Venezuela

Venezuela tiene dos posibles destinos: consolidar un modelo castrista, que ha atenazado a tres generaciones disidentes cubanas, o el derrumbamiento de la dictadura chavista. Derrotar a uno de los ejércitos mejor armados y cebados por la corrupción, en contubernio con los ideólogos social-bolivarianos, puede requerir demasiada paciencia. La ONU sería determinante.  

José Germán Zarama de la Espriella
José Germán Zarama de la Espriella
Consejero del SENA, periodista y ejecutivo gremial
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17 de Mayo de 2017

Todos los colombianos, militantes de izquierda, de derecha o de centro, hemos sido testigos privilegiados de la gesta histórica de la crisis de Venezuela. La mayoría de nosotros, según las encuestas de opinión, nos solidarizamos con la lucha del pueblo vecino, para librarse de las garras de la dictadura. Pero, de acuerdo con su posición ideológica, no faltan los izquierdistas doctrinarios que todavía se sintonizan con las medidas represivas del establecimiento socialista bolivariano.

Ante el brutal ‘enroque’ cívico militar del chavismo, que desoye el clamor popular, unos y otros, sin embargo, coincidimos en un punto. La suerte de los rebeldes o la permanencia de la dictadura depende, en adelante, de la intervención internacional.    

Este desenlace ha sido previsto por el chavismo, casi desde sus inicios, amparados por la triste experiencia histórica de los regímenes totalitarios. Y la hoja de ruta que Chávez tenía en su mente, desde hace 18 años, llevaba a un progresivo totalitarismo de su revolución. Eso explica la paranoia, real o propagandística, que alertaba desde sus inicios sobre posibles magnicidios o intervenciones extranjeras para derrotar al ‘social-bolivarianismo’. Y claro, Cuba era el maestro, con agridulce experiencia, para enfrentar esta amenaza.  

Lo que no contaba el régimen, que nació con tanta indignación como popularidad, era con el total y tan temprano fracaso de sus políticas económicas. Al fin y al cabo, la Venezuela chavista era quizás el país más rico en la historia que hasta ahora hubiera abrazado una ‘revolución’ socialista. Pero casi dos décadas de gobierno de líderes incompetentes y corruptos, de ceder progresivamente el poder a militares proclives, han hecho posible lo inimaginable. Hasta los antiguos pobres de Venezuela están expuestos a la inanición y exponen sus vidas para derrocar al social-bolivarianismo.

Y en el caso de Venezuela, el fracaso no se explica con embargos económicos de los EE.UU. (su mayor cliente comercial todo este tiempo). Tampoco por conspiraciones de la ultra-derecha uribista colombiana, para atentar contra sus caudillos. Queda claro que el enemigo imaginario, que tanto ha servido para  su propaganda, no gobierna Colombia ni ha impedido siquiera la paz con las Farc.        

Podría ocurrir que la oposición venezolana logre obtener resultados por el desgaste sistemático del régimen que genera la hambruna. Pero esta fórmula no ha funcionado para tres generaciones de cubanos. Es muy difícil que un pueblo armado solo con ‘bombas de mierda’, escudos artesanales y mucho coraje, derrote a un ejército bien armado. Menos aun cuando dicho ejército es cómplice de delitos de lesa humanidad y está cebado por la corrupción que compra tantas conciencias. Solo hay dos salidas entonces: fracturar pacientemente al régimen dictatorial o recurrir a fuerzas externas. Esto último parece ser más expedito y es la tendencia creciente que hoy parece fortalecerse con las últimas noticias desde la ONU.     

En efecto, por fin este miércoles, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha tomado cartas en el asunto. Los EE.UU., que algo han aprendido de su larga lucha contra el comunismo cubano, han considerado que la situación es ahora propicia para intervenir internacionalmente.

"We're starting to see serious instability in Venezuela," –empezamos a ver seria inestabilidad en Venezuela- dijo la embajadora de ese país en la ONU, tras la reunión a puerta cerrada del Consejo. "La comunidad internacional debe decir ‘respeten los derechos humanos de su pueblo’ o esto va a irse en la dirección que hemos visto a tantos irse”. "Ya hemos recorrido este camino con Siria, Nor-Corea, Sudán, Burundi y Burna” –afirmó Nikki Haley.

¡Más claro no canta un gallo! (y quizás solo bastaría con que los ‘gringos’ dejen de comprar el petróleo al régimen). Seguramente este canto volverá a oírse en la inminente reunión, este jueves, entre los presidentes de EE.UU. y Colombia. Nuestro país, al fin de cuentas, es el aliado estratégico de EE.UU. en la región. Y Colombia puede influir mucho para que se restablezca la democracia. Solo se requiere retornar a la democracia: el modelo económico a elegir, cuando haya una democracia con garantías, es cuestión de los venezolanos.