No es momento de abandonar los diálogos de paz con el ELN

Los ataques a la infraestructura petrolera de los últimos días perpetrados por el ELN, han motivado a varios sectores de la sociedad colombiana a exigir el fin de los dialogos de paz entre el gobierno y el grupo armado. Sin embargo, no es momento de abandonar la mesa, sino de fortalecerla y exigir un nuevo cese al fuego que permita reducir los niveles de intesidad del conflicto. 

Yessica Prieto Ramos
Yessica Prieto Ramos
Coordinadora de Investigaciones de Crudo Transparente
135 Seguidores0 Siguiendo

0 Debates

11 Columnas

Columna

80

0

19 de Enero de 2018

El cese al fuego bilateral entre el Gobierno y el ELN culminó el 9 de enero a la media noche. Pocas horas después, el grupo armado ralizó una escalada de hostigamientos y ataques contra la infraestructura petrolera del país y la fuerza pública. En total, van 5 atentados a los oleoductos Caño Limón Coveñas, Transandino, a una línea de transmisión de 8 pozos en Aguazul, Casanare, sumado a hostigamientos a integrantes de la Armada Nacionaly el secuestro de un contratista de Ecopetrol en Arauca.

Antes de exigirle al gobierno acabar con los diálogos e iniciar una ofensiva militar, es imperioso entender que en el interior del ELN existen dos grupos: uno que apoya el proceso de paz y busca una salida negociada al conflicto, el cual está encabezado por Nicolás Gabino y Pablo Beltrán; y otro, que no cree en los diálogos y busca mantener la lucha armada, comandado principalmente por Pablito, Antonio García y alias Fabián. Mantener la cohesión al interior del grupo ha sido todo un reto; varios analistas coinciden en que los ataques de la última semana tienen que ver con la falta de consenso interno alrededor de la paz y la necesidad de garantizar la unidad. 

El  regreso de la delegación de paz del Gobierno al país y la postura del ELN de evaluar un futuro cese al fuego solo si se promueve un debate público sobre la política petrolera, tiene en aprietos el proceso. La petición del grupo armado, aunque válida, es apresurada, requiere de tiempo y de un consenso nacional que todavía está en etapa incipiente.   

Pese a la situación de violencia de las últimas semanas, que merece todo el reproche de la sociedad colombiana y solidaridad con las comunidades que conviven con los impactos directos que estas actuaciones generan, como la contaminación de fuentes hídricas que abastecen de agua a miles de familias; no es momento de acabar con los diálogos, sino de fortalecerlos y exigir un nuevo cese al fuego bilateral y de hostigamientos entre ambas partes.

Esta petición no es una concesión hacia las partes en conflicto, sino una hacia las comunidades que desde hace décadas soportan los embates de la guerra desde los diferentes frentes. Los habitantes de Arauca, Casanare, Chocó, Nariño, Norte de Santander, y demás departamentos afectados por las acciones del ELN, merecen que los colombianos dejemos de ver la paz como un enemigo y podamos por fin tramitar nuestras diferencias por medio del diálogo y el consenso. Nuestra atención debe concentrarse en cerrar el ciclo de violencia y evitar futuras víctimas. 

Para mayor información sobre el sector extractivo en Colombia, visite