Necesitamos menos abogados como Zabaleta

El escándalo de Hernando Zabaleta y su trato descarado ante la agente de tránsito tiene que hacernos reflexionar a los abogados sobre esa forma de querer diferenciarnos de la sociedad. Propongo empezar por quitarnos ese título innecesario de doctores.

Johnattan García Ruiz
Johnattan García Ruiz
Candidato a MPH, Harvard University
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01 de Abril de 2018

Aunque escribo sobre temas de salud, como abogado no puedo quedarme callado frente al vergonzoso caso del señor Hernando Zabaleta Echeverry. El señor Zabaleta representa a muchos de esos abogados con ínfulas de superioridad que usan la profesión para pasarle por encima a los demás ciudadanos. Esa actitud arribista no puede continuar y somos los abogados los que tenemos la obligación de decirlo. Una de las razones que más me molesta de esta profesión y que para mí, alimenta esa actitud de los abogados con "el resto de los mortales", es ese título innecesario de la palabra doctor.

El doctorismo y el arribismo del lenguaje del abogado

Cuando empecé mi práctica en el consultorio jurídico, la estudiante que me cedía sus casos me hizo una pequeña introducción al mundo del abogado litigante, comenzando con un tour guiado a los juzgados laborales del edificio Nemqueteba, en la Carrera 7a con Calle 14. Una vez allí, me dijo algo que se me quedó grabado de una: "si a usted quiere que le pongan atención en los despachos, tiene que referirse a todo el mundo como doctor. No importa quién sea, si tiene corbata o vestido entonces son doctor o doctora. Si no, ahí se va a quedar parado horas a que lo atiendan. Pilas." Hagame el favor, yo no lo podía creer. El primer día que fui a "patinar" (término que se usa en la profesión para referirse al ir a revisar el estado de los procesos en los despachos), tal cual. Desde la portería hasta la ventanilla sentí un trato bastante displicente. Ah, pero cosa muy distinta es cuando uno va con traje y le dice doctor hasta a las materas. ¿Por qué tiene que ser así?

Miren, yo soy un tipo bastante promedio: bajito, gordito (según la ENSIN 2015, 52,7% de los hombres tenemos exceso de peso, así que ahora ese es el promedio. Vamos mal) y ando de tenis, jean y camisetas porque me gusta y es cómodo. Una persona común y silvestre. Tampoco tengo "cara de doctor" como si la tienen algunos. Lo sé porque un día fui a visitar a una amiga y el señor vigilante le dijo que había llegado el del domicilio porque llevaba en la mano una bolsita de drogería. Es decir, claramente si me ven no pensarán que estudié derecho así de una. Eso me ha permitido ver cómo todo es diferente cuando por alguna razón menciono o descubren que soy abogado. La actitud de la gente cambia y en algunos casos, radicalmente. El doctor ingresa inmediatamente a las frases para adornarlas, el tono es más amable tendiendo a lo servicial pero con un toque preventivo. Ocurre sobre todo con aquellas personas que no han tenido la oportunidad de ir a una universidad o que se encuentran en condiciones económicas más vulnerables. También creo que es algo cultural.

Eso no tiene por qué ser así. Basta de tener que rendirle pleitesía o tenerle miedo a cierta gente solo porque estudiaron derecho. No. Tal vez hace décadas era una profesión a la que solo podía acceder la gente de clase alta, pero ahora un abogado puede ser cualquier persona, ahí tienen a Zabaleta. No hay ninguna razón para que sintamos que los abogados (ni los de "clase alta") merecen más respeto que los demás. La profesión legal está para servirle a la gente, para ayudarla a acceder a la justicia y para defender sus derechos. Me da mucha rabia como algunos abogados no solo se alegran de esa especie de brecha social, sino que buscan incrementarla más y más. Ese es el señor Zabaleta, una persona que se siente superior a los demás solo por haber pasado por una facultad de derecho. 

La forma para cambiar esa distancia social tan pendeja tiene que empezar por nosotros los abogados y para ello le propongo a todos los abogados de este país dejar de exigirle a las personas que nos digan doctores, así se mueran por sentirse como Harvey Specter o Jessica Pearson de Suits, o en el peor de los casos como los de La Ley del Corazón. Un don, doña, señor o señora es suficientemente respetuoso y así entramos en un plano de igualdad entre abogados, clientes y sociedad en general. Nos podemos referir entre nosotros en igualdad de condiciones, de la misma forma como nos referimos a todos a nuestro alrededor. Eso no es difícil.

Todo empieza en casa, o más bien en la facultad

Ese doctor de entrada nos pone en un plano de superioridad completamente innecesario y ahí está el problema, porque nos creemos especiales o superiores. Es algo que muchos abogados aprenden desde el primer día de la universidad. No es secreto que en muchas escuelas de derecho la regla es referirse a los profesores de doctores. No profe, no señora, no don, es doctor o doctora. Muchos profesores, aún cuando no se lo propongan, se ponen en ese pedestal inútil que ha hecho parte de la tradición jurídica de nuestro país y de latinoamérica por años.

Lo vi y lo sentí tanto cuando visité otras universidades así como cuando he dado clase en otras que no son Los Andes, en donde estudié y trabajé. La diferencia se siente y lo digo porque mi educación fue distinta en ese sentido. Hay un aspecto particular de la Facultad de Derecho de Los Andes y es que a ningún profesor o profesora se le llama doctor. En todos los años que estuve en esa facultad, jamás me sentí en la necesitad de decirles doctores, aún cuando hayan hecho su doctorado en las mejores universidades del mundo o cuando son o han sido magistrados en altas cortes. Es más, ellos mismos son los primeros en hacérselo saber a los estudiantes desde el primer día. Nos llamamos por nuestros nombres y ya. Esto no nos hace mejores, ni más faltaba, pero demuestra con claridad que ese doctorismo no solo es irrelevante sino ridículo en pleno siglo XXI.

Ya no más esa excusa que existe el doctor porque antes el título era Doctor en Jurisprudencia o Doctor en Leyes. No, eso no es excusa. En Estados Unidos el derecho es un título doctoral porque es Juris Doctor, y aún así en las mejores escuelas de derecho de ese país a los profesores se les llama por el nombre. No hay ninguna excusa para mantener esa tradición cuyo único propósito es ponernos por encima de los demás, lo cual es más indignante trabajando en uno de los países más desiguales del mundo.

No somos intocables 

La actitud del señor Zabaleta no necesariamente es exclusiva de esos abogados mediocres, algunos funcionarios públicos o empresarios se creen que son ciudadanos de primera clase a quienes se les debe dar trato preferencial. Pero el hecho que este personaje haya querido usar su profesión como herramienta para intimidar a la patrullera tiene que ser un llamado de atención para que los abogados que no lo han hecho, entiendan que esta profesión tiene un elemento social que se basa en el respeto, la igualdad, la justicia y la dignidad. Tenemos el deber moral de rechazar el uso de nuestra profesión de esa manera tan ruin como lo hizo Hernando Zabaleta y para ello podemos empezar bajándonos del pedestal que nosotros mismos creamos y que no queremos reconocer.

Comentarios (3)

Angélica Cuéllar

01 de Abril

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Es vergonzoso que haya por ahí tantos colegas con ese absurdo problema de la ...+ ver más

Es vergonzoso que haya por ahí tantos colegas con ese absurdo problema de la doctoritis, todo el tiempo necesitan de adulaciones para funcionar alimentando su absurdo ego, peor aún es que haya gente dispuesta a defender esas actitudes.

Andres Felipe Garcia Rovira

01 de Abril

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Creo que a diferencia de otros paises donde el derecho lo crearon las personas...+ ver más

Creo que a diferencia de otros paises donde el derecho lo crearon las personas comunes, aqui aùn cargamos el esquema imperial español, donde hay dos leyes, las de los españoles o criollos y la de los indios, por eso el abogado es el traductor con el imperio. Eso implica que el abogado en ese rol deja de ser uno de los mortales y pasa al panteon de los prohombres.

En otros paises las leyes son parte de la decoraciòn y si uno no hace locuras ni se entera. Aqui el estado social de derecho asfixia a nosotros los indios y a los criminales que son el verdadero establecimiento los protege, de senadores a paras o guerrilleros, ellos son los verdaderos dueños del pais y los abogados quienes como oraculo o moises nos leen los designios de los criminales para que los demas la cumplamos.