Migración venezolana: una oportunidad más que una amenaza

Nuestra recepción será el barómetro de nuestra humanidad en un momento donde la paz ha sido el lema de estos años y eso incluye a nuestros vecinos.

Francesca Ramos Pistamaro
Francesca Ramos Pistamaro
Profesora y directora del Observatorio de Venezuela en Universidad del Rosario
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24 de Enero de 2018

Frases como “los venezolanos vienen a quitarnos oportunidades de trabajo”, “nos están invadiendo”, ¡Fuera venezolanos!, la ciudad se está “llenando” de “limosneros” y “desocupados”, aumenta la inseguridad, creencias como “nos quitan el sisben para dárselo a los venezolanos”, o actos lamentables como el lanzamiento de bombas molotov a un grupo de inmigrantes como ocurrió recientemente en Cúcuta demuestran la falta de solidaridad, el desconocimiento y los prejuicios sobre los efectos de la migración que muchos podemos tener. A la migración se le ve más como una amenaza que como una oportunidad.

Los colombianos son los primeros que deberían ponerse en el lugar de los venezolanos que están llegando a nuestro país.

Fuimos, a inicio de siglo, el país de la región con el mayor número de emigrantes, y nuestro principal destino de acogida fue precisamente Venezuela, seguida de los Estados Unidos. Llegamos a totalizar más de 3 millones de colombianos residiendo en otros países (hoy son 5 millones), mientras el nuestro apenas albergaba para entonces algo más de 100.000 extranjeros.

Por experiencia, tanto los migrantes colombianos como sus familias saben bien lo que implica migrar, las incertidumbres que genera, el esfuerzo de adaptación, las rupturas familiares, el ser estigmatizado e incluso maltratado por los sentimientos xenófobos marcados por la indiferencia y la injusticia en el trato humano hacia el otro.

En el contexto actual, y si bien la inmigración no ha sido aún tema de las campañas electorales, es probable que no falten las voces de quienes levanten las banderas del nacionalismo, y al igual que otros “líderes” del planeta le achacan a los migrantes la causa de sus males presentes o futuros solo para conseguir unos votos. No faltarán las voces de quienes incluso propongan que la mejor manera de enfrentar y resolver los efectos no deseados de la migración es cerrando o construyendo muros en la frontera. Para ellos un mensaje: la migración no la para nada, y menos en una frontera porosa y extensa como la colombo-venezolana. Por el contrario, cualquier cierre estimularía aún más la inmigración irregular y la xenofobia.

Colombia por su experiencia no debería ser escenario de ello.

Los colombianos como sociedad debemos oponernos a los discursos falaces, a que ser migrante sea objeto de discriminación y de marginación. Tenemos como sociedad que hacer un llamado para que no se estigmatice a los venezolanos y se hagan generalizaciones injustas y ofensivas.

Y por otro lado para que se entienda que como fenómeno complejo que puede generar dificultades superables, la migración organizada, regulada y gestionada por buenas políticas públicas es sobre todo sinónimo de oportunidades.

Distintos estudios han demostrado que los países que reciben migrantes tanto de baja como de alta cualificación se benefician. Con su mano de obra y emprendimiento contribuyen al desarrollo creando oportunidades de dinamismo económico, estimulando la competencia y generando empleo.

De manera contraria a las creencias populares y de algunos gremios que por temor a la competencia están creando barreras de entrada, la migración no necesariamente quita empleos. Los migrantes educados vienen con capacidades que enriquecen y hacen más competitivas los gremios profesionales, lo que se refleja por ejemplo en el sector educativo donde muchos de los Doctores de las universidades vienen de otros países, o en el sector petrolero y minero donde los venezolanos han aportado un conocimiento que no se encontraba.

En el libro “La Voz de la diáspora venezolana” de Tomás Páez, el primer estudio global realizado de la migración venezolana, que hoy se calcula en unos 4 millones en el mundo, y de ellos unos 550.000 se encuentran en Colombia, se le caracteriza por ser de emprendedores, empleados y estudiantes. Un capital humano y social poseedor de una gran experiencia de trabajo en sus respectivos campos, y con un perfil académico sobresaliente. Por eso esta inmigración es una oportunidad para Colombia.

Sectores industriales colombianos desde hace un tiempo han advertido de la necesidad de contar con profesionales que provengan de otros sectores distintos a los tradicionales del país como son los médicos generalistas, abogados y administradores de empresas y que contribuyan al desarrollo de sus actividades. Esta escasez de mano de obra calificada en otros campos, podría ser suplida por talento venezolano. 

En otros casos los inmigrantes son los que están dispuestos a llenar los trabajos que ahora, por el aumento del ingreso de los colombianos y su desplazamiento a las ciudades no están dispuestos a hacer. Desde hace unos años, los sectores agrícolas del país han alertado sobre la escasez de trabajadores en todas las actividades, y en casi todas las regiones. Quienes están llegando a las zonas de frontera, y en particular al departamento de Norte de Santander y a ciudades como Cúcuta con altos niveles de desempleo, se les debería regularizar y orientarlos en la búsqueda de trabajo en estos sectores.

Ello ya viene ocurriendo, es el caso de la recolección de café como lo documentaba la revista Semana en noviembre 2017, sector que en varias oportunidades ha denunciado la escasez de miles de recolectores, por ejemplo 60.000 en 2016, para sus cosechas.

Así mismo, la migración enriquece al país no sólo en el campo económico, sino en el cultural, el gastronómico, el social, el académico. Si se encuentra regular el migrante trabaja, paga impuestos y contribuye al sistema de seguridad social.

Además, en el caso de Colombia y Venezuela, el retorno de colombianos (algunas asociaciones civiles calculan un millón) y la llegada de venezolanos es un factor importantísimo en materia de integración.

Los venezolanos llegan con su cultura y tradiciones, cercanas a las de varias regiones de nuestro país y su gente– la caribeña, la andina y la llanera- trayendo consigo mismos una nueva energía y un mayor dinamismo.   Sus efectos, que aparentemente no se ven en el inmediato, son a futuro, el elemento central en la reconstrucción y renovación de la integración binacional entre Colombia y Venezuela.

Todo lo anterior no excluye claro que vengan pillos como los hay en todos los grupos humanos. Pero por el hecho que se puedan encontrar un grupo de ladrones que sea venezolano no hay que caer en la simplificación de los títulos de prensa que terminan macartizando a todo un grupo humano por la culpa de una minoría. 

La migración venezolana ha sido la más importante del país, que ha tenido sus puertas cerradas, cuando otros como la misma Venezuela, México, Argentina o Chile la tuvieron abiertas. Muchos de los profesionales que llegaron a esos países antes y después de la guerra mundial sirvieron para la construcción de las mejores universidades y trajeron consigo las capacidades que en muchos casos no existían en esos países.

Nuestra recepción será el barómetro de nuestra humanidad en un momento donde la paz ha sido el lema de estos años y eso incluye a nuestros vecinos, del mismo modo el futuro de Venezuela estará atado a lo que hagamos con sus nacionales ahora, que en muchos casos son realmente hijos de colombianos que nunca han vivido en Colombia. El reto es ahora, y es sobre todo para el próximo gobierno.

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