Las redes sociales, la democracia y los idiotas

Las redes sociales se han convertido en blanco de los medios de comunicación tradicionales. ¿Qué tienen que ver las redes sociales, la democracia y el interés de un editor de un gran grupo de medios de comunicación tradicional por los idiotas? Aquí algunas ideas sobre el debate de las noticias falsas.

Diego Silva Ardila
Diego Silva Ardila
Profesor e Investigador
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21 de Noviembre de 2017

Durante los últimos días he leído múltiples textos sobre las llamadas “noticias falsas” (algunos prefieren llamarlas “fake news”). Sin embargo, el que mayor inquietud me generó fue el publicado en la revista inglesa The Economist bajo el título . El artículo plantea que las redes sociales significan una amenaza para la democracia de continuar siendo utilizadas de la manera que viene sucediendo y que la ilusión que hace unos años generaron está en riesgo.

Sin embargo no me siento completamente satisfecho con los argumentos presentados sobre la relación entre el uso y abuso de las redes sociales y su amenaza a la democracia. Sobre eso quiero escribir. 

Nací en 1980, según algunos el año que separa a la llamada generación X de la generación de los millenials. Por lo tanto, tengo un pie en cada lado.

La primera pantalla de computador que vi era un gran océano negro con una pequeña línea verde que parpadeaba en la parte superior izquierda, y mientras crecí vi como los computadores nos cambiaron la vida para bien y para mal.

Pasé noches enteras desarmando computadores, instalando diversos programas y me ilusionaba con la oportunidad de acceso a un mar infinito de conocimiento cuando una sucesión de pitidos advertía una conexión a Internet. Pero siempre tuve miedo de que ese mundo que estaba en construcción por miles de personas como yo, algún día llegaría a ser absorbido por los intereses de las grandes empresas y los gobiernos.

Hace diez años sentí que el temor que tuve en los noventa se hacía realidad y decidí abandonar mi cuenta de Facebook (no alcancé a tener cuenta en Twitter), fundamentalmente porque creía que la cantidad de información que recibía era en gran medida irrelevante. Ya tenía identificadas muchas cosas en las que quería gastar mi tiempo y poco me interesaba el plato que se iba a comer un viejo amigo de infancia o el destino de vacaciones de la compañera de universidad, y porque sentía que la información que recibía empezaba a estar modulada por la plataforma y los contenidos modificados por las grandes empresas e individuos que saben cómo hacernos pensar lo que ellos quieren que pensemos.

Esto no quiere decir que haya abandonado el uso de la tecnología o que me haya ido a vivir a una cueva, simplemente cambié mi forma de consumir información mientras observaba atentamente como las personas hacían uso de las redes sociales.

Ahora resulta que, a raíz de la elección de Donald Trump en Estados Unidos, de una victoria pírrica de los que no querían que el Reino Unido siguiera haciendo parte de la Unión Europea y de la derrota en las urnas del acuerdo de paz que alcanzó el gobierno de Santos con las FARC, la gran mayoría de los medios y muchas personas comenzaron a hablar de las “falsas noticias” y de la “posverdad”.

Hace unas semanas una amiga me invitó a un foro organizado por los medios de comunicación tradicionales sobre las “Fake News” con invitados de gran calado. Otra amiga hace parte de una iniciativa para aproximarse con mayor seriedad a la información que han llamado . Sin embargo, tengo que decir que no me queda tan fácil comerme el cuento de no comer cuento.

Como historiador de profesión, fui entrenado para cuestionar siempre a la fuente, hacerme preguntas como ¿por qué me dice eso? ¿quién y cuándo lo está diciendo? ¿qué interés puede tener al decir eso? y muchas preguntas más que permiten comprender la complejidad inherente a la comunicación humana y a los medios que utilizamos para hacerla. Es por eso que me pregunto en estos días ¿por qué son precisamente los medios de comunicación tradicionales los que están promocionando con tanta fuerza este tipo de iniciativas?

Creo que es evidente que las redes sociales están amenazando el status quo y eso inmediatamente requiere que se enciendan alarmas y se busquen tratamientos. Evidentemente las redes sociales sirven para que circule información de todo tipo.

Creo que circula más información irrelevante y superficial que falsa (reitero en las fotos de platos de comida, gatos o vacaciones, y ni hablar de los regalos que todo el mundo empieza a ofrecer en esta temporada). También ha servido para que circule información que puede ser catalogada como verdadera (la verdad es un tema muy grueso y pocos han hablado sobre eso en estos días de malestar hacia la mentira). Pero lo más importante es que ha servido para que se formulen preguntas.

Sí, las preguntas son el mejor de los productos que se derivan de ese mar de confusión que reina en las redes sociales. Preguntas tales como ¿cuáles son las relaciones del señor fiscal con el anterior vicepresidente? ¿por qué si queremos ser los más educados y proteger nuestro ambiente llevamos la plata de la ciencia a vías terciarias o empeñamos los páramos en visitas a desiertos? ¿por qué los medios tradicionales están de un momento a otro preocupados por enseñarnos a leer y entender las noticias?

Ante esta última pregunta, me acuerdo de lo que me dijo hace unos años un editor de uno de los grupos de medios de comunicación más grandes del país: “No se le olvide que lo que nosotros publicamos en nuestro períodico, lo escribimos para que lo lean idiotas”.

Prefiero pensar que las redes sociales son al siglo XXI lo que la imprenta fue al siglo XVIII: una posibilidad de intercambiar ideas con la esperanza de que, sin la mediación de monopolios, las preguntas que nos formulemos nos permitan construir mejores democracias, o tal vez peores (como se representa en una película de mala factura pero con un mensaje interesante llamada ).

Las posibilidades son múltiples e inciertas. Sin embargo estoy seguro que en un mundo donde solo tengamos monopolios de información controlados por grandes grupos económicos no hay espacio para la democracia, pues según me dijo aquel editor, las fuerzas irían más hacia el funesto destino que la mencionada película nos presenta.

Respuestas al Debate (5)

José Germán Zarama de la Espriella

22 de Noviembre

270 Seguidores

Profesor Silva, coincido totalmente con su planteamiento final: ''Las posibilidades son múltiples e inciertas. Sin embargo estoy seguro que en un mundo donde solo tengamos monopolios de información controlados por grandes grupos económicos no hay espacio para la democracia, pues según me dijo aquel editor, las fuerzas irían más hacia el funesto destino que la mencionada película nos presenta''. El dilema y la paradoja de las noticias falsas, no puede solucionarse escogiendo la vía de limitarlas. Este sería el típico 'remedio peor que la enfermedad'. En general, me gustó su análisis. 

Profesor Silva, coincido totalmente con su planteamiento final: ''Las posibilidades son múltiples e inciertas. Sin embargo estoy seguro que en un mundo donde solo tengamos monopolios de información controlados por grandes grupos económicos no hay espacio para la democracia, pues según me dijo aquel editor, las fuerzas irían más hacia el funesto destino que la mencionada película nos presenta''. El dilema y la paradoja de las noticias falsas, no puede solucionarse escogiendo la vía de limitarlas. Este sería el típico 'remedio peor que la enfermedad'. En general, me gustó su análisis. 

José Germán Zarama de la Espriella

22 de Noviembre

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De limitar las redes sociales.
 

De limitar las redes sociales.
 

Cesar Mantilla

26 de Noviembre

14 Seguidores

Diego, estoy de acuerdo que en la era de las redes sociales circula más información, tanto verdadera como falsa, y por lo tanto el panorama no es tan negativo como para decir "nos invadió la posverdad y es imposible informar." Sin embargo, tampoco veo un panorama tan positivo como para pensar que la exposición a mayor volumen de información de todas las calidades nos esté llevando a "destilar" muy buenas preguntas como las que usted menciona (e.g., ¿cuáles son las relaciones del señor fiscal con el anterior vicepresidente?).
Me atrevo a decir que esas preguntas no habrían adquirido la relevancia que tienen si fueran tratadas únicamente por las redes sociales. A mi parecer, se require que medios de mayor alcance le un empujón inicial. Luego, la labor de las redes sociales es replicar y continuar el debate, y allí es donde medios masivos y redes sociales comienzan a "destilar" juntos esas preguntas.

Diego, estoy de acuerdo que en la era de las redes sociales circula más información, tanto verdadera como falsa, y por lo tanto el panorama no es tan negativo como para decir "nos invadió la posverdad y es imposible informar." Sin embargo, tampoco veo un panorama tan positivo como para pensar que la exposición a mayor volumen de información de todas las calidades nos esté llevando a "destilar" muy buenas preguntas como las que usted menciona (e.g., ¿cuáles son las relaciones del señor fiscal con el anterior vicepresidente?).
Me atrevo a decir que esas preguntas no habrían adquirido la relevancia que tienen si fueran tratadas únicamente por las redes sociales. A mi parecer, se require que medios de mayor alcance le un empujón inicial. Luego, la labor de las redes sociales es replicar y continuar el debate, y allí es donde medios masivos y redes sociales comienzan a "destilar" juntos esas preguntas.

Diego Silva Ardila

26 de Noviembre

111 Seguidores

Estimado Cesar, estoy completamente de acuerdo. Sería muy interesante tener unos medios de comuniación serios que modularan con responsabilidad el tratamiento de la información. El tema es que muchos han caído en la trampa de responder a los intereses de sus dueños (que es normal que sea asi, pero es muy nocivo) y por lo tanto no se puede considerar que un medio de comunicación que le pertenezca al Grupo Santodomingo o a la Familia Ardila Lullle sean los que sean moduladores del buen tratamiento de la información. En mi relación personal con esos medios yo no me preocupo mucho por lo QUE me dicen, sino por POR QUÉ me lo dicen. Hace unas semanas la silla presento un gran informe que todos debemos tener presente: http://lasillavacia.com/hagame-el-cruce/los-410-duenos-de-los-principale... a la hora de saber quien es nuestro interlocutor. 

Estimado Cesar, estoy completamente de acuerdo. Sería muy interesante tener unos medios de comuniación serios que modularan con responsabilidad el tratamiento de la información. El tema es que muchos han caído en la trampa de responder a los intereses de sus dueños (que es normal que sea asi, pero es muy nocivo) y por lo tanto no se puede considerar que un medio de comunicación que le pertenezca al Grupo Santodomingo o a la Familia Ardila Lullle sean los que sean moduladores del buen tratamiento de la información. En mi relación personal con esos medios yo no me preocupo mucho por lo QUE me dicen, sino por POR QUÉ me lo dicen. Hace unas semanas la silla presento un gran informe que todos debemos tener presente: http://lasillavacia.com/hagame-el-cruce/los-410-duenos-de-los-principale... a la hora de saber quien es nuestro interlocutor. 

Diego Silva Ardila

26 de Noviembre

111 Seguidores

Cuando hablé con una de las amigas que menciono en la columna, me replicó diciendo ¿pero entonces cual es la solución que propones? lo primero que se me ocurre es TRANSPARENCIA. Medios de comunicación que digan cuales son sus financiadores y así nosotros sabemos los sesgos (por ejemplo cuanto pauta Avianca en los medios nacionales vs. cuanto pautan los pilotos nos da claramente la respuesta al manejo tan poco serio que se hizo de los sucedido), también creo que Consejos Editoriales diversos, un poco más abiertos y transparentes sería un buen mecanismo. El rol de recursos públicos también podría ser interesante, por ejemplo que el Estado asignara un presupuesto a los medios pero que a cambio se recibiera uno o dos miembros en las juntas directivas o en los comites de edición (esto se me ocurre de pensar en lo que hacen en Europa donde existen medios 100% financiados por el Estado, que en realidad eso quiere decir 100% financiado por los ciudadanos, ellos tienen impuestos por televisores por ejemplo que se destinan a los medios públicos). Esas son cosas que se me ocurren, mientras tanto, el único canal que se tiene es la "imprenta del siglo XXI" (las redes sociales) y claro... La Silla Vacia. 

Cuando hablé con una de las amigas que menciono en la columna, me replicó diciendo ¿pero entonces cual es la solución que propones? lo primero que se me ocurre es TRANSPARENCIA. Medios de comunicación que digan cuales son sus financiadores y así nosotros sabemos los sesgos (por ejemplo cuanto pauta Avianca en los medios nacionales vs. cuanto pautan los pilotos nos da claramente la respuesta al manejo tan poco serio que se hizo de los sucedido), también creo que Consejos Editoriales diversos, un poco más abiertos y transparentes sería un buen mecanismo. El rol de recursos públicos también podría ser interesante, por ejemplo que el Estado asignara un presupuesto a los medios pero que a cambio se recibiera uno o dos miembros en las juntas directivas o en los comites de edición (esto se me ocurre de pensar en lo que hacen en Europa donde existen medios 100% financiados por el Estado, que en realidad eso quiere decir 100% financiado por los ciudadanos, ellos tienen impuestos por televisores por ejemplo que se destinan a los medios públicos). Esas son cosas que se me ocurren, mientras tanto, el único canal que se tiene es la "imprenta del siglo XXI" (las redes sociales) y claro... La Silla Vacia.