Lara se abstiene de volver al congreso

¿Cuántos caminos debe una persona caminar
antes de que hombre lo puedas llamar?...
¿Cuántas veces puede un hombre su cabeza voltear
fingiendo simplemente que no ha de mirar?
(Bob Dylan: 'Blowin' In The Wind')

José Germán Zarama de la Espriella
José Germán Zarama de la Espriella
Consejero del SENA, periodista y ejecutivo gremial
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01 de Marzo de 2017

La declaración de Rodrigo Lara Restrepo, de que no regresará al Congreso al terminar su periodo en 2018, me parece crónicamente estremecedora. Los murmullos que permanecen en el viento de la historia me recuerdan la muerte de Lara Bonilla, padre de Lara Restrepo, en abril de 1984. Un hombre joven, que no cumplía los 38 años, había pagado con su vida la osadía de denunciar el contubernio del narcotráfico y la política. Dejaba en la incertidumbre la vida de cuatro huérfanos, entre ellos Rodrigo Lara Restrepo, que no cumplía aún nueve años.

Irónicamente, a Lara Bonilla lo mató un sistema corrupto, que sin embargo logró involucrar a su hijo, con la promesa de que la política cambiaría. Y quizás este deseo, unido a las esperanzas  sociales sobre los hijos de los mártires del Nuevo Liberalismo (Lara y Galán), impulsaron su carrera política. Pero, treinta y tres años después de la muerte de Lara Bonilla, ni el sistema ha cambiado, ni su hijo representa ya el cambio.    

Uno podría decir, con evidente optimismo, que tantos años después del sacrificio de su padre, Colombia ya no es un estado narcoterrorista como entonces. Pero la realidad es que la política colombiana sigue alimentando una corrupción sistémica, esa misma que implícitamente denuncia ahora Lara Restrepo. Y atrapados en ese sistema permanecerían políticos decentes como Carlos Fernando Galán (absurdamente enfrentado a Lara por el tema de responsabilidades de los avales guajiros).   

La encrucijada política obliga hoy (eltiempo.com) a Lara Restrepo a defender a Cambio Radical ante los cuestionamientos de los escándalos de los avales. Por esto se entiende que afirme: “así no los haya cometido yo (los errores) debemos pedir perdón”. Y concluye, conciliatoriamente: “es cierto que con la dirigencia caribe llegaron los avales guajiros, pero ese error no puede opacar grandes logros de dirigentes del partido”.

El ‘sistema’ siempre ha buscado a personas con buena imagen, como los Lara o los Galán. Por ello, hace diez años, Rodrigo Lara Restrepo, ocupaba el cargo de zar anticorrupción del Gobierno de Álvaro Uribe Vélez. Se dice que su conciencia ante las dudas sobre la limpieza del sistema que representaba llevaron a Lara a renunciar. La renuncia a sus posibilidades parlamentarias de hoy es también coherente con esa decisión. Parece que Lara Restrepo finalmente se ha convencido de que no puede renovar la política desde un sistema corruptor que habría vencido irremediablemente a Cambio Radical.    

Uno no sabe si dar la despedida final a las esperanzas que llegó a generar Lara Restrepo.  Nadie tiene el derecho de pedirle tampoco que arriesgue su vida por frenar la corrupción, como sí lo hizo su padre. Tendría todo el derecho entonces a reorientar su vida por fuera de la carrera parlamentaria. Pero, si aceptara representar de nuevo la esperanza política de los colombianos, debería luchar por un cambio del sistema político. En ese caso podría retomar simplemente tres iniciativas, ya propuestas (no importa por quien), al pueblo colombiano, el constituyente primario:     

  1. “Reducción del Congreso: se propone a los colombianos modificar el artículo 171 de la Constitución, que quedaría así: “El Congreso de la República consta de una sola cámara. Sus miembros se elegirán en circunscripciones territoriales, circunscripción nacional y en circunscripciones especiales”. Dos congresistas se elegirán por cada circunscripción territorial y uno más por cada 1,4 por ciento de la población nacional que resida en ella”.
  1. “Los legisladores de todo orden, podrán ser reelegidos por una sola vez, para evitar que se atornillen en el poder y asfixien la vida democrática y administrativa de nuestro país, convirtiéndose en serios problemas democráticos para sus departamentos y municipios”.   
  1. “Las Asambleas Departamentales deberían ser suprimidas, fortaleciendo los Concejos Municipales”.   

Sí, "dejar la reforma política en manos de los congresistas es pecar de ingenuos". Ellos la acomodarían a sus intereses, con el fin de perpetuarse en el poder. Necesitamos cambiar el sistema, con unas medidas que podrían tomarse por revolucionarias. Pero, revisando las lecciones de la historia, no esperemos nada de revoluciones de indignados. Pidamos lo imposible, que en algunos países y en épocas tan oscuras como las nuestras ‘fue posible’.

Con el liderazgo de figuras intachables y heroicas, como efectivamente fueron Galán Sarmiento y Lara Bonilla, reeditemos en Colombia la ‘Revolución de Terciopelo’, de Vaclav Havel. Cómo en la República Checa nos convendría renovar el congreso y luego el sistema parlamentario, con la ayuda de intelectuales revolucionarios sí, pero revolucionarios pacifistas, de ‘manos limpias’. Tal vez en otro universo paralelo no sea tan descabellado que un renacido Rodrigo Lara Restrepo haga parte de esto. 

 

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