La sicología social de las tendencias políticas colombianas

La política, en todas partes, es un interesante ejercicio sicológico entre sembrar dudas y vender esperanzas. Trump y May son una clase de experimento en curso sobre el tema. Estos posibles casos de estudio y las investigaciones de la sicóloga PhD Robin Kowalsky servirían para entender el efecto de proselistimos de negativismo en la política colombiana.   

José Germán Zarama de la Espriella
José Germán Zarama de la Espriella
Consejero del SENA, periodista y ejecutivo gremial
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22 de Junio de 2017

Si examinamos los resultados de recientes encuestas de  posibles candidaturas presidenciales, ninguna fuerza política presenta la favorabilidad suficiente, para ganar en primera vuelta  .

De otra parte, parece bastante difícil asegurar coaliciones ideológicamente compatibles que permitan llegar siquiera a sumar el 30% del electorado encuestado. Esto es aún más evidente si se considera que los dos candidatos líderes en la encuesta citada son quienes más rechazo generan.

Se pregunta uno entonces, con esta multipolaridad en liderazgos electorales, sí Colombia está políticamente dividida en dos grandes mitades, según dedujimos del plebiscito de octubre. Si agrupamos a los candidatos que representaron claramente al ‘SÍ’ (Humberto de la Calle, Clara López, Claudia López, Sergio Fajardo, Piedad Córdoba, Jorge Enrique Robledo, Gustavo Petro), obtenemos más del 50% de los votos encuestados.  Sumados todos los candidatos del ‘No’ (Ramos, Ramírez, y Ordóñez) no llegan al 20% del total de encuestados.

El grupo del ‘No’, aparentemente minoritario frente al ‘Sí’, es mucho más dogmático. Suponiendo que logren mantener unidos a todos sus electores, este grupo sería firme candidato para pasar a segunda vuelta. Esto parecería también demostrado por un modelo matemático del Director de Anif, Sergio Clavijo. Queda la duda de las posibilidades finales de ganar del único candidato ‘NiNi’ (ni ‘Sí’ ni ‘No’) que pasaría a segunda vuelta. Al respecto, Vargas Lleras presenta un alto rechazo estadístico, así como el grupo del ‘No’ combina su sólido electorado dogmático con un rechazo también alto de opinión.    

Quien de ellos sea capaz de ganarse la confianza del grupo del ‘Sí’, cuyas posibilidades por ahora son limitadas por la atomización, será el ganador. Los candidatos, por supuesto, conocen esto perfectamente y ello explica en parte la feroz campaña mediática contra el gobierno, por parte de unos. Pero también la ambigua solidaridad de los ‘Ni-Ni’, que no son ni gobierno ni oposición.

Esta campaña inusual se ha centrado hasta ahora en exacerbar las dudas entre los colombianos. Y exacerbar las dudas genera un costo sicológico para quienes hacen parte de esta estrategia proselitista. Robin Kowalski, Ph.D. en sicología social de la Universidad de Carolina del Norte se ha dedicado a estudiar precisamente estos fenómenos. Sus investigaciones se han enfocado en conductas disociadoras, como el ‘bulling’. Una aproximación de estas conductas del comportamiento es su obra The Social Psychology of Emotional and Behavioral Problems (2000).

Kowalsky explica en dicha obra como las quejas y lamentaciones, que se han vuelto una constante estrategia política contra el gobierno, afecta sicológicamente a sus protagonistas. Los efectos, al parecer, son de ansiedad y depresión. Y la ansiedad y la depresión están haciendo mella directamente en la democracia colombiana.  

Volviendo a Kowalsky, los gringos citan como arquetipo del negativismo a  Debby Downer, un personaje que se volvió famoso por quejarse de todo, por ver siempre ‘el vaso medio vacío’, en la obra Saturdat Night Live. Kowalski dice que hay tres tipos de quejumbrosos: Los ‘venteros’ (venters), personas que solo quieren llamar la atención, pero rechazan sistemáticamente las propuestas para resolver sus problemas. Los buscadores de aprobación (sympathy seekers), quienes siempre buscan la compasión de los demás. Y, por último, los ‘quejosos crónicos’  (Chronic Complainers).

Siguiendo esta teoría, la tendencia de quienes, por razones políticas, se enfocan en los problemas y no en las soluciones, es a afectar su cerebro, y volverse quejosos crónicos. Esta tendencia, en grupos de liderazgo social, lleva a que se genere una hormona llamada cortisol en la población. El cortisol es tan nocivo que puede afectar el hipocampo del cerebro, generando estrés.  

De esta manera, con las explicaciones de Kowalsky, me atrevo a relacionar el efecto pernicioso de la política que llena de emociones negativas al electorado. Pero, como todo lo que tiende a llenarnos de estrés y angustia llega a un punto de saturación, es posible que los colombianos estén llegando a este punto.  

Las encuestas, como conocemos bien, son una especie de fotografía del momento emocional que atraviesa la opinión pública. Cómo va a evolucionar dicha psiquis colectiva en los próximos diez meses, definirá el tipo de modelo democrático que elijamos en segunda vuelta (como las encuestas reflejan solo la imagen de este momento, tampoco podemos descartar sorpresas aún en la primera).

En todo caso, consideremos la secuencia lógica del colapso de imágenes pesimistas, derrotadas por opciones de esperanza. Enfoquémonos en investigar la evolución del proceso colectivo de deterioro sicológico de los colombianos más pesimistas y cada vez más irracionales, y su consecuente deterioro de credibilidad. Ahí podría estar la clave de quién ganará finalmente en las elecciones de 2018.