La Ideología de Ordóñez, un verdadero problema de salud pública.

El destituido exprocurador Ordóñez critica al Ministro de Salud, Alejandro Gaviria, porque no dirige una cartera que atente contra la libertad de las personas a decidir sobre su cuerpo. La verdad es que es la ideología de Ordóñez la que resulta contraria a la Constitución, a la salud y la vida.

Johnattan García Ruiz
Johnattan García Ruiz
Estudiante de Maestría de la Escuela de Salud Pública de Harvard
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20 de Abril de 2017

Ante la al ministro Alejandro Gaviria en Noticias Caracol, el exprocurador Alejandro Ordóñez Maldonado respondió a lo dicho por el ministro por medio de una serie de trinos, dentro de los que se incluyen afirmaciones tan absurdas como esta:

Se molestó porque el ministro Gaviria habló sobre la cruzada que lideró el señor Ordóñez en contra de los funcionarios públicos que trabajaron en asuntos relacionados con la interrupción del embarazo o la eutanasia, respaldadas hoy por la Corte Constitucional.

Es imposible negar que existe una relación muy estrecha entre religión y salud pública, . El problema que veo en las declaraciones del señor Ordóñez, lamentables en una sociedad diversa, es que defiende la existencia de una única verdad que debe dictar el camino de las políticas públicas de salud, así algunos no compartan tal verdad y así toque adoptarla a las malas.

No se pueden construir políticas públicas dirigidas a imponer visiones o principios religiosos. Los Testigos de Jehová, por ejemplo, , así como tampoco donarla. Esa es una interpretación que debe ser respetada, por supuesto, pero no por que su religión les dicte ese mandato significa que éste deba ser impuesto a todos los demás.

¿Estaría bien si tuviéramos un ministro de salud que, motivado por sus convicciones religiosas, abandonara o incluso redujera las políticas públicas de promoción de donación de sangre, algo esencial para la salud pública del país? Por supuesto que no estaría bien. No se le puede prohibir a una familia de católicos que le donen sangre a un ser querido, solo porque otro grupo de personas tienen otra interpretación de cómo debe llevarse la vida conforme a su iglesia. Los Testigos de Jehová son libres de rechazar las transfusiones, pero no pueden prohibírselas a los demás, por más de que crean que su interpretación de las escrituras es única o verdadera.

Lo mismo ocurre con la donación de órganos. Para los musulmanes, la interpretación de la ley y doctrina islámica respecto de la donación y transplante de órganos resultaba confusa hace unas décadas, lo cual fue asunto de amplio estudio por la importancia que tienen estos procedimientos para la salud pública. Solo para dar un ejemplo, en 1973 el Consejo Religioso Islámico de Singapur , considerando que el cuerpo no es propiedad de la persona sino de Alá, así que nadie tiene derecho a donar este órgano. También se prohibía la donación de córneas, en el entendido que como los riñones, son órganos mayores que no puede regenerarse, a diferencia de la sangre que sí puede donarse.

Esta era una posición común en el mundo árabe hasta que en la década de los 80, la postura fue revisada en los diferentes consejos interpretando que podía ser admisible donar un riñón en vida si es para salvar otra vida. Ante eso cabe preguntarse si el señor Ordóñez estaría de acuerdo con un procurador musulmán que se opusiera a la donación de riñones en Colombia. ¿Será que no le parecería indignante? ¿Qué sentiría si tuviera un familiar que necesitara un transplante de riñón y que le digan que no se lo van a permitir, así tengan un donante listo, porque el Procurador General de la Nación interpuso acciones judiciales para impedir este tipo de transplantes porque cree que el único dueño del cuerpo es Dios y por lo tanto nadie más tiene derecho a decidir? 

Así como sería inadmisible que una familia decida terminar con la vida de un ser querido que desea esperar el llamado de su dios, también lo es el impedirle a una persona que decida sobre el fin de su vida solo porque a otros no les parece que tenga ese derecho. Es igual de inadmisible que se obligue a una mujer a abortar cuando no desea hacerlo, a que se obligue a una mujer a llevar un embarazo producto de una violación, cuando atenta contra su vida o su salud o cuando se considera que la vida del feto es inviable.

Los colombianos tenemos el mismo derecho a terminar con nuestras propias vidas o a abortar, así no le guste a los católicos y cristianos, como lo tienen estos últimos a recibir una transfusión de sangre o un riñón de un ser querido, así no le guste a los Testigos de Jehová o a los musulmanes. Sencillo.

El problema no es que tengamos interpretaciones distintas de cómo vivir la vida, sino que debamos someternos a las interpretaciones de los demás. Yo nunca he visto un grupo de Testigos de Jehová o de Musulmanes marchando en contra de las transfusiones de sangre o de órganos, tampoco rezando a las afueras de los bancos de sangre y tejidos buscando el arrepentimiento de los pecadores que donan sangre. Alguien diría que lo anterior no ocurre porque estas corrientes religiosas son minoría. Pero así fueran mayoría, la imposición de su doctrina sería igualmente inaceptable.

Los cristianos y católicos bien pueden adoptar las interpretaciones de su iglesia y adoptarlas para sí mismos, pero no pueden imponerlas a otros que no comparten su filosofía de vida, de la misma manera que otros no pueden entrometerse en la forma como ellos profesan su fe. Ese principio es el que debe guiar las políticas públicas, incluyendo aquellas políticas de salud que buscan evitar muertes que hoy pueden ser evitables si se respeta la autonomía de las personas. No solo es cuestión de salud pública, es sencillamente el respetarnos nuestras diferentes creencias. El amor y respeto a nuestros semejantes es un pilar común para todas las religiones.

Predican pero no aplican. Seguirán muriendo muchos a causa de esa incapacidad de respetar las diferencias.