La decisión de la Corte Constitucional con respecto a la vacuna contra el Papiloma Humano

Además de mencionar los raros eventos adversos de la vacuna contra el Papiloma, el consentimiento informado que advierte la Corte Constitucional debe tambíen describir los múltiples beneficios de la misma. Entre ellos, la reducción en 70% en el cáncer de cuello uterino y la garantía de una vida más productiva y sana para las mujeres colombianas.

Andrés Vecino
Andrés Vecino
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12 de Septiembre de 2017

En las últimas semanas, el debate sobre la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH) se agudizó como consecuencia del acerca del caso de una menor de 15 años intoxicada con metales pesados en Cali. Por lo que se puede entender de la sentencia de la corte, la menor fue inicialmente diagnosticada con una intoxicación con múltiples metales pesados (aluminio, plomo, cadmio, aluminio y plata). Un examen posterior confirmó una intoxicación con plomo. La sentencia describe que un médico de la Universidad del Valle mencionó a la familia que la vacuna contra el VPH contiene aluminio, lo que llevó a la familia a creer que la causante de tal intoxicación era la vacuna. La inadecuada atención por parte de la aseguradora llevó a la familia a instaurar una acción de tutela contra la EPS. Lo especial de este caso es que dentro de la argumentación se incluyó la mención del médico sobre la presencia de aluminio en la vacuna contra el VPH.

 

El fallo de la Corte Constitucional

Primero lo primero, el caso de la menor afectada. Es matemáticamente imposible intoxicarse con el aluminio que contiene la vacuna contra VPH. La cantidad de aluminio que tiene el cuerpo de un ser humano sano oscila entre . Cada vacuna de VPH tiene entre , aproximadamente un 1% del aluminio corporal total. Además, con una intoxicación que involucra otros metales es improbable que la causante sea la vacuna, pues esta sólo contiene aluminio, ninguno de los otros metales pesados.

Lo anterior no es para desvirtuar de ninguna manera el problema de salud de la menor afectada. Los metales pesados son un problema de salud pública en todo el mundo. El incremento de la minería, el uso de metales pesados como insumos en la producción de pinturas y la contaminación ambiental han llevado a la presencia cada vez mayor de metales pesados en el agua, en la cadena alimenticia e incluso los hogares, llevando a que consumamos cada vez más metales que son muy difíciles de eliminar. La intoxicación es un problema real. El problema está en sugerir que la vacuna contra el VPH es la fuente de dichos metales pesados y es ahí donde quienes se oponen a estas vacunas se equivocan.

El fallo de la corte ratifica que no existe evidencia que sugiera que la vacuna contra el VPH es la fuente de la intoxicación. Además de tomar algunas medidas para el caso particular de esta menor, la corte advierte al Ministerio de Salud acerca de la necesidad de realizar un consentimiento informado “como condición previa para administrar la vacuna, indicándose los efectos adversos en la salud humana”.

 

Las vacunas y la salud pública

Con el agua potable, las vacunas son el logro más importante de la salud pública. Miles de millones de personas en el mundo hemos sido vacunados y es posible que a eso le debamos nuestra vida. Gracias a las vacunas, ya no tenemos viruela en el mundo, sólo tres países tienen aún casos endémicos de polio y muchas enfermedades que generan muerte, discapacidad y problemas en el nacimiento se encuentran hoy bajo control gracias a las vacunas.

Sin embargo, el auge de las noticias falsas con respecto a la vacunación fueron lamentablemente impulsadas por un estudio plagado de errores, malas interpretaciones y conflictos de interés publicado en 1998 por Andrew Wakefield, quien afirmó que la vacuna popularmente conocida como MMR (la triple viral) estaba relacionada con el autismo. El caso de Wakefield es el más emblemático de fabricación de resultados en la ciencia moderna. En el mundo de la post-verdad, con la fácil transmisión de mentiras a través de las redes sociales y por el accionar de uno que otro en busca de réditos electorales, los mitos de las complicaciones de la vacunación se han expandido por todo el mundo. Es tal la magnitud de escepticismo irracional que hay países en los que casi la mitad de la población cree que las vacunas son inseguras (ver mapa abajo). ¡Imagínense el horror!

 

Porcentaje de la población que demuestra desacuerdo con la afirmación “Las vacunas son seguras”

 

 

Mapa obtenido de

 

Dicho escepticismo irracional se ha expandido también al caso de la vacuna contra en VPH. En Colombia, el problema comenzó en 2014 con una serie de casos de síntomas no claramente clasificables por la medicina actual en un grupo de jóvenes de un colegio en Carmen de Bolívar. Todas las autoridades de salud del país, las sociedades científicas, los delegados de la Organización Panamericana de la Salud y otros expertos que después de haber evaluado dichos casos, estos no están relacionados a la vacuna contra el VPH. Esta afirmación es soportada por el , comité que revisa los reportes de efectos secundarios causados por las vacunas en todo el mundo. Pero más allá de los argumentos de autoridad, dichas instituciones tienen el respaldo de la evidencia científica. Múltiples estudios han demostrado que la vacuna contra el VPH es efectiva y segura y que quienes la reciben, no sufren más efectos secundarios serios que quienes no la reciben (ver y , sólo dos ejemplos).

Además del miedo irracional a las vacunas, existe un problema de acción colectiva en la vacunación por el cual los individuos tienden a no vacunarse cuando la presencia de las enfermedades prevenibles con la vacunación son infrecuentes . Ambos, el problema de acción colectiva y el miedo irracional a las vacunas han sido causantes del resurgimiento de enfermedades antes controladas como el sarampión en y .

 

¿Por qué es importante la vacuna contra el VPH?

Entonces, tenemos amplio soporte científico acerca de la seguridad y efectividad de la vacuna contra el VPH y sabemos ahora que los argumentos que se hacen contra esta no son fundamentados en la evidencia científica existente. Ahora, vale la pena recordar por qué esta vacuna es tan importante. El VPH produce múltiples problemas de salud en hombres y mujeres, pero ninguno es tan dramático como el cáncer de cuello uterino, el cual se desarrolla muchos años después de haber sido adquirido. En Colombia, siete mil mujeres son diagnosticadas con este cáncer cada año y dos mil mueren en el mismo periodo de tiempo. Juntas, las muertes y la discapacidad generada por el cáncer suman 58,000 años de vida saludable perdidos cada año. Imagínense lo que esto implica en pérdidas para la sociedad colombiana.

Pero también es un problema de equidad. El cáncer de cuello uterino es un cáncer que ocurre con desproporcionada frecuencia en mujeres de bajos ingresos, que tiene un gran impacto no sólo en ellas sino en sus familias. Las mujeres de bajos ingresos suelen ser diagnosticadas más tarde, en estadios más avanzados de la enfermedad y tienen una tasa de mortalidad superior que quienes padecen esta enfermedad pero poseen mayores ingresos.

Una inversión como la que hizo el Ministerio de Salud para vacunar a todas las mujeres jóvenes es una acción ejemplar para asegurar que las jóvenes de hoy, especialmente las de menos recursos, tengan una vida productiva libre de esta enfermedad en las décadas que vienen. La vacuna contra el VPH es la única esperanza que tenemos de acabar con esta enfermedad en las próximas generaciones.

 

En conclusión

Permítanme reiterar, ninguna de las afirmaciones que se han hecho en cuanto a serias complicaciones atribuibles a la vacuna contra el VPH tiene soporte científico. Más bien, sí le están haciendo un gran daño a la salud pública del país. Las afirmaciones falsas que desinforman a padres de familia y mujeres jóvenes ponen a estas últimas en riesgo de no vacunarse y por tanto en riesgo de adquirir la enfermedad, especialmente aquellas más vulnerables y de menores ingresos.

La jerga científica mesurada, cauta y matizada desafortunadamente no compite en el ámbito de la opinión con los argumentos cortos, superficiales, deterministas y generadores de clicks que utilizan algunos desprevenidamente u otros con agendas particulares. Quienes trabajamos en áreas de la ciencia no comunicamos nuestros hallazgos y hemos cedido ese trabajo a aquellos que en una cadena de WhatsApp pueden acabar con un programa de vacunación, un impuesto saludable o con el mismo planeta. La salud pública es un bien de todos y quienes trabajamos en ella salubristas, organizaciones de pacientes, de médicos, de padres, de colegios, universidades, gobierno y muchos otros somos responsables de que el público reciba información correcta y basada en la evidencia.

Sorprende además que los hombres también hemos acaparado la discusión sobre este tema. Hacen falta más mujeres que lideren la lucha contra las noticias falsas acerca de la vacunación, en particular la vacunación contra el virus del Papiloma.

Finalmente, es bienvenida la decisión de la Corte Constitucional que hace prevalecer la libertad individual destacando que “el individuo es titular de un derecho exclusivo sobre el propio cuerpo”. Asegurarse de que los padres de las adolescentes que deben recibir la vacuna posean toda la información sobre la misma es fundamental y por tanto dicho consentimiento informado debería sólo estar basado en la evidencia científica. Pero este debería mencionar no sólo los eventos adversos (sólo los comprobados por la evidencia científica), como dice el fallo de la corte, sino también los beneficios comprobados de la vacuna. Eso es, en el mismo documento debe informarse a los padres de quienes reciben la vacuna acerca de las reacciones de la piel, la fiebre transitoria, el mareo y el dolor de cabeza que ocurren en el 0.00054% de los casos. Así mismo debe sopesarse ese pequeño riesgo con sus grandes beneficios, entre ellos la reducción en un 70% a 80% en el desarrollo de cáncer de cuello uterino y la garantía de una vida más productiva y sana para las mujeres de esta nueva generación.

 

 

Esta entrada es escrita a nombre personal y no representa la posición de ninguna institución. Así mismo, no tengo conflictos de interés por declarar