Hagámonos cargo del NO

La paz no puede convertirse en herramienta de confrontación entre coaliciones, argumentos reduccionistas o discusiones ideológicas. Si la paz tiene nombre o rostro, sería el de sus víctimas y de todo el pueblo colombiano, no de legisladores o mandatarios.

Daniela Carvajalino Tobon
Daniela Carvajalino Tobon
Directora Social TECHO Colombia
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04 de Octubre de 2016

Los resultados del plebiscito realizado el pasado domingo para refrendar o no los acuerdos de paz con las FARC - EP, nos plantean, como organización de la sociedad civil que trabaja en los asentamientos informales y que promueve la participación ciudadana, serias inquietudes y desafíos que consideremos que los colombianos debemos asumir. 

En primer lugar, queremos reconocer la importancia de respetar el ejercicio de participación ciudadana que tuvieron más de trece millones de colombianos, así como a la institucionalidad y la  validez de los resultados. El respeto por ellas constituye la piedra angular de una democracia creíble.

·   En momentos de incertidumbre como el que deja el 2 de octubre, es fundamental que prime el respeto, el diálogo y, sobre todo, la voluntad para alcanzar acuerdos que permitan vislumbrar un futuro de paz. Si como nación no propiciamos un ambiente de conciliación, difícilmente podremos edificar un proyecto que termine, lo antes posible, con el conflicto armado y que nos permita avanzar hacia la construcción de una paz sostenible en el tiempo.

 ·    De 34.899.945 de personas habilitadas para votar, 13.066.047 asistieron a las urnas. Es decir, del padrón electoral participó apenas un 37,43%. En TECHO creemos que el voto es un derecho adquirido que, para ser efectivo, requiere de ciudadanos que atiendan la relevancia de éste y, a su vez, asuman la responsabilidad que recae sobre ellos. El sufragio es uno de los mecanismo que la democracia ofrece para que todos, sin distinción, seamos protagonistas de los cambios. Las cifras mencionadas son preocupantes y deben ser leídas desde una mirada crítica. Los índices de abstención pueden ser indicadores que demuestran indolencia, indiferencia, desconfianza, evidenciando la crisis de los mecanismos de participación en nuestro país. Más allá del calificativo asignado, no cabe duda que abordar esta problemática es urgente y  necesaria.

·  Durante diez años de presencia en Colombia, TECHO ha trabajado con cerca de 100 comunidades que habitan en asentamientos informales. Esta década de experiencia en el trabajo conjunto con los pobladores nos han demostrado que somos capaces de reconciliarnos. A pesar de la precariedad e injusticia, en las comunidades conviven desplazados, desmovilizados y otros tantos cuya historia de vida ha estado marcado por la guerra, siendo capaces de trascender las diferencias, reunirse, dialogar y construir lazos para el bienestar colectivo.  

·    La polarización social y política no deben cegarnos. La tolerancia y apertura son valores que, hoy más que nunca, deben prevalecer. Para hacerlo posible, la clase política tiene la enorme responsabilidad de actuar como los servidores públicos que son, sin miramientos ni distinciones por la opción individual frente al conflicto. La paz no puede convertirse en herramienta de confrontación entre coaliciones, argumentos reduccionistas o discusiones ideológicas. Si la paz tiene nombre o rostro, sería el de sus víctimas y de todo el pueblo colombiano, no de legisladores o mandatarios.

Desde TECHO creemos que la paz es el camino. Desde aquella premisa –que no resiste discusión alguna– continuamos comprometidos con hacernos parte del proceso desde nuestro trabajo, y extendemos la invitación a todos los colombianos que queremos la paz, a que trabajemos por causas justas y necesarias para transformar la violencia en reconciliación, reconociendo que podemos ser agentes de cambio y, sobretodo, manteniendo intacta la esperanza de que la paz, tarde o temprano llegará si, con o sin plebiscitos, somos capaces de trabajar por ella.

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