Gustavo Petro y las estrategias de nicho político

La mayoría de la opinión pública colombiana, que rechaza a Maduro, ha recibido con desconcierto los trinos de Petro, que denotan simpatía por el dictador vecino. Pero los trinos no son tan políticamente suicidas, como se pensaría de un precandidato presidencial que lidera las encuestas. Petro actúa consecuente con su talante y estrategias políticas ya probadas.   

José Germán Zarama de la Espriella
José Germán Zarama de la Espriella
Consejero del SENA, periodista y ejecutivo gremial
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04 de Agosto de 2017

La mayoría de colombianos seguramente hemos sentido ira, desconcierto y desdén, por los recientes trinos de Petro, relacionados con las noticias de la ‘constituyente venezolana’. Y es que la tragedia de los vecinos, reflejada en muerte, hambre e inseguridad, despierta compasión y también preocupación por sus posibles consecuencias en Colombia. Que alguien no involucrado con las mafias ni el militarismo venezolano apoye dicha constituyente aberrante, genera indignación.

¿Cómo es posible que una persona cuya juventud hubiera sido marcada por luchar supuestamente por el pueblo, defienda ya maduro un régimen corrupto y dictatorial? ¿O es que mientras dicho régimen haya mostrado afinidades con las guerrillas no importa, a la hora de seguir apoyándolo, su evidente degradación moral?

Pero es que Petro, está claro, no busca congraciarse con la opinión mayoritaria de los colombianos, que desprecian a Maduro y su gobierno. Esto parecería irónico, para alguien interesado en conquistar el poder democrático, potestad que corresponde a la mayoría legítima de la correspondiente población. Pero quizás haya explicaciones más pragmáticas. Petro, a lo largo de su vida, nunca ha demostrado liderar consensos.

Los problemas del marginamiento, la lucha de clases y la inequidad, que afectan a toda la sociedad, han justificado para él soluciones guerreristas. Por ello asumió a edad temprana la lucha armada. Una vez desaparecida la guerrilla en la cual militaba decidió seguir luchando en la arena política. Y ahí demostró que su talante beligerante poco había cambiado. Por ello ha tenido tantas confrontaciones internas cuantos grupos políticos ha militado. Y por ello en la ‘Bogotá humana’, su administración fue tan visceral como irracional.

Cuando Petro parece decidido a acompañar hasta la tumba al mórbido régimen social-bolivariano, es consecuente con su trayectoria fundamentalista. Y fundamentalistas son sus seguidores, tan fundamentalistas como aquellos venezolanos quienes ‘creen honestamente’ que encontrarán algún día un mejor nivel de vida con gobiernos chavistas. Honestos, quizá ingenuos, pero no corruptos.  

El nicho de mercado de seguidores de Petro es un segmento de extremos, que por tanto coinciden con el fundamentalismo de su líder. A este respetable número de colombianos, que en las recientes encuestas representa la mayor de las minorías políticas, no le disgustarán los trinos ‘maduristas’ de su caudillo.

Petro lo sabe y juega para su grupo.  Lo importante, como muchos estrategas políticos saben, es mantener un nicho sólido, manipulable y obsecuente. Desde esta base, que no requiere más de un 30% de la democracia, se pueden propiciar coyunturas sociales apropiadas para tomarse el poder. Así se probó en Bogotá. No se necesitan entonces competencias para lograr consensos, para sintonizarse con las opiniones mayoritarias. Tampoco priman las soluciones pacientes y pacíficas, de respeto a los procesos electorales de verdadera estirpe democrática, para resolver las problemáticas sociales.