Uso de cookies

La Silla Vacía usa Cookies para mejorar la experiencia de nuestros usuarios. Al continuar navegando acepta nuestra política.

listo

El poder del voto

La situación de polarización de estas elecciones recuerda los grandes retos que enfrenta la democracia para mantenerse vigente en un contexto de escepticismo y desencanto de la ciudadanía.

Daniel Uribe Parra
Daniel Uribe Parra
Subdirector Técnico de Fundación Corona
89 Seguidores0 Siguiendo

0 Debates

1 Columnas

Columna

237

0

13 de Junio de 2018

Por Esteban Peláez y Daniel Uribe

 

La situación de polarización de estas elecciones en Colombia, y las consecuencias para los sistemas políticos liberales de los procesos electorales recientes en diferentes países del mundo, recuerdan los grandes retos que enfrenta la democracia para mantenerse vigente en un contexto de escepticismo y desencanto de la ciudadanía.

Este tipo de coyunturas, en donde las campañas promueven discursos y modelos de Estado completamente diferentes, favorecen el posicionamiento de agendas que no corresponden a los valores de la democracia liberal, tales como el equilibrio entre los poderes del Estado, la protección a los derechos civiles y políticos, la buena gobernanza que incluye el gobierno del consenso y no de la mayoría, y la protección al desarrollo del capitalismo y de la propiedad privada dentro de los límites liberales.

Las posiciones extremas que genera una coyuntura de polarización afectan a la derecha y a la izquierda, y en ambos casos pueden generar retrocesos en el pensamiento económico, social y en la misma concepción de la democracia. Por esta razón, es importante reflexionar sobre los principios básicos que se plantean a continuación para proteger los procesos democráticos en este tipo de coyunturas.

Los aprendizajes del país, y de otros en la región, deben tenerse en cuenta para entender la responsabilidad de los ciudadanos a través del voto. Es un deber ciudadano asumir una posición crítica frente a las diferentes propuestas y buscar fuentes de información verificables que le permitan tomar una decisión basada en evidencia, evitando que las emociones y la propaganda política opaquen su criterio. En este sentido, es preocupante que 6 de cada 10 personas en Colombia manifiesten estar muy insatisfechos con la forma como funciona la democracia y además la mayoría considera que es muy difícil organizarse con otros ciudadanos y trabajar por una causa común (DANE 2017), la apatía de la ciudadanía con los asuntos públicos sólo agudiza los problemas de confianza, transparencia y legitimidad del Estado.

El voto es indispensable en una democracia, y tiene un gran poder, pero viene también con un importante deber como ciudadanos; la ciudadanía co-responsable es aquella que asume su responsabilidad como veedora individual o en colectivo de la gestión pública; exige y participa en espacios de transparencia y rendición de cuentas enviando un mensaje al gobierno de su responsabilidad ante los ciudadanos.

Una agenda importante para vigilar en estas elecciones y en especial como ciudadanos activos durante el próximo gobierno es la de gobierno abierto, una estrategia de innovación pública que tiene el potencial de relegitimar los principios de la democracia de cara a la ciudadanía. Un gobierno abierto, considerado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) como un elemento fundamental para el desarrollo de la democracia, promueve un esquema de gobernanza basado en principios de transparencia, información abierta, participación y co-construcción de política pública, dirigidos a involucrar a la ciudadanía en todos los niveles del Estado (OCDE, 2018).

Esta agenda tuvo avances importantes durante el gobierno actual, y es promovida desde Fundación Corona en conjunto con otras organizaciones de la sociedad civil como un mecanismo ideal para recuperar la confianza y la legitimidad que la ciudadanía demanda del sistema político, facilitando su involucramiento en los procesos de toma de decisiones públicas.

Sin embargo, hay que reconocer que el éxito de una política de gobierno abierto depende, en primera medida, del compromiso del próximo presidente de Colombia con este gran proyecto, aunque está en los ciudadanos y no en el próximo gobernante decidir si la expresión de la participación ciudadana continuará siendo un acto simbólico cada cuatro años, o si el sentido de corresponsabilidad con los valores democráticos los impulsa a involucrarse de forma más directa y recurrente en los asuntos públicos de manera permanente.